lunes, 31 de octubre de 2011

Sermón del Día de la Reforma.

“Reformando nuestras creencias”


TEXTOS BIBLICOS DEL DÍA 31-10-2011

Apocalipsis 14:6-7

Romanos 3:19-28

Juan 8:31-36

El pasaje de Romanos describe brevemente la forma en que los luteranos enfocamos la Ley de Dios. La Ley de Dios es buena, santa y justa y exige que se la siga, si queremos ser santos como Dios. El problema, por supuesto, es que para nosotros es imposible ser completamente buenos, santos y justos. De hecho, somos pecadores y no podemos cumplir ninguno de sus mandamientos. Debemos ser absolutamente claros en esto: no podemos cumplir la ley de Dios como se nos requiere.

Pablo escribe que “ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado”. El propósito de La Ley es mostrar cuán pecadores somos, eso es lo que dice Romanos 3. Si tenemos una mala comprensión de la Ley, el Evangelio también será mal comprendido. El propósito de la Ley es mostrar cuán pecadores somos y que no somos justificado ante Dios por las obras. Ese es el propósito de la Ley y eso no solo lo dice la Iglesia Luterana, sobre todo lo dice la Biblia. En este Domingo de la Reforma, recordamos el papel que la Biblia tiene en la Iglesia Luterana. En el tiempo que Martin Lutero fue ordenado sacerdote, la Iglesia Católica Romana se había alejado de esta enseñanza. De hecho, la doctrina romanista oficialmente enseña que las personas se salvan haciendo buenas obras, las necesarias para compensar sus pecados. Martin Lutero se tomó esto en serio y no le importó lo mucho que se esforzó por cumplir los mandamientos de Dios, vio que sus pecados eran muchos. No había manera de compensar sus pecados y conocer la Ley de Dios sólo lo hizo más consciente de su maldad. Pero esta ley llevó a Lutero al Evangelio, también escuchamos en Romanos: “Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los profetas, la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él”. Lutero no se pudo salvar a sí mismo haciendo obras, pero creyó que la salvación era de él, porque Jesús le había salvado por medio de Sus obras y su Sacrificio.

Aunque mucho ha cambiado el mundo desde Lutero, la diferencia de cómo una persona obtiene el perdón de Dios sigue siendo palpable viendo las doctrinas de muchas iglesias. Damos gracias por los muchos cristianos que hay alrededor del mundo, pero tenemos que expresar nuestro desacuerdo con las enseñanzas que distorsionan que la salvación es Solo por medio de Cristo.

Nuestro texto de Romanos 3 claramente dice que “ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado”.

Así que tenemos que confesar que no somos salvos por nuestras obras, al intentar cumplir la ley.

También, y esto es muy importante, confesamos que la Ley no fortalece nuestra fe. Hoy en día muchos cristianos evangélicos parecen sostener esta idea. Dando a entender de que, una vez que somos salvos, el cristianismo se convierte en un sistema que dice cómo debes vivir correctamente tu vida. Todo se basa en las obras que hacemos. Se piensa que el Evangelio es bueno para la conversión, pero que se crece en la fe cumpliendo los mandamientos. Así, en muchas iglesias cristianas hoy en día, se oyen sermones sobre la manera en que se debe cumplir la ley de Dios para ser un buen cristiano. Sin embargo, la Biblia dice que la Ley no fortalece tu fe. La ley solo muestra cuan pecador eres. Hacer buenas obras no fortalece tu fe, solo el Evangelio lo hace. Centrarse en la vida cristiana intentando mantener la ley de Dios es como decir que vamos a ir a trabajar sin tener comer o respirar. Los alimentos y el aire te mantienen vivo para que puedas hacer el trabajo. Del mismo modo, el perdón, la vida que el Evangelio ofrece, hace que tu obra sea posible y agradable a Dios. Damos gracias por los muchos cristianos a quienes la Ley les muestra su necesidad de perdón, por lo cual siempre necesitamos el Evangelio predicado y dado en la Santa Cena en cada oportunidad.

Esta comprensión y distinción de la Ley y el Evangelio es una de las cosas que aporta el luteranismo a la vida de fe. A pesar de que debemos hacer todo lo posible para seguir la ley de Dios, reconocemos que no tiene nada que ver con nuestra salvación, ni contribuye en nada a nuestra fe. La Ley nos muestra nuestra necesidad de un Salvador y que Jesús es el único que nos salva con el perdón que ha ganado en la cruz. Es por eso que volvemos siempre al Evangelio. Esa es la razón por la que continuamente anunciamos la Buena Noticia de que Jesús ha muerto en nuestro lugar, para quitar nuestros pecados. Es por eso que continuamente recibimos del Señor su gracia en la Palabra y los Sacramentos, es porque solo Su gracia nos salva y fortalece nuestra fe.

La ley muestra el pecado pero el Evangelio ofrece el perdón. Dentro de nosotros vive el Viejo Adán, nuestra carne pecaminosa. El Viejo Adán tiende siempre al pecado, detesta reconocerlo y sufre la debilidad de admitirlos. El Viejo Adán detesta reconocer a Jesús, su obra, su vida y la salvación. Por lo tanto, estate atento, porque seguramente te verás buscando justificarte a tí mismo por tus obras, incluso antes de saber lo que está pasando.

Al viejo Adán le gusta contaminar la oración tentándote a pensar en tus obras. Al tener algún problema puede que pienses que debes ser muy cuidadoso sobre tu conducta, porque quieres que Dios responda tus oraciones. La otra cara de la moneda es la duda de si Dios no responderá a tus oraciones, porque no has sido mejor cristiano. Otra tentación que tendrás será de establecer trueques con Dios, diciéndole: “Señor, si haces esto, entonces yo haré esto otro”. Un pensamiento común es el estar seguros de que Dios está escuchando las oraciones, porque has estado mejorado tu forma de ser. Cada una de estos pensamientos enseña que Dios escucha las oraciones a causa de nuestras obras. Pero es una falacia creer que si te comportas bien, entonces es más probable que Dios te responda y si has cometido grandes errores, que a menudo nos mueven a orar, entonces no debes contar con la ayuda de Dios.

A pesar de que constantemente afirmamos que debemos seguir los mandamientos de Dios, debemos preguntarnos esto: ¿Realmente Dios responde las oraciones en base a lo bien que has estado actuando? ¡No! Él responde a las oraciones a causa de Jesús, porque Jesús te ha cubierto con su sangre en el bautismo y allí te hizo hijo de Dios. Esta es una noticia extraordinaria, cuando se trata de la oración: no es necesario preguntarse si Dios va a responder de la mejor manera. Al contrario, puedes estar seguro de que Él responderá porque así lo prometió.

Otro ejemplo común tiene que ver con las malas situaciones en nuestra vida. Cuando las cosas van mal, es muy fácil pensar qué has hecho para que Dios te castigue así… También puede ser fácil a asumir que cuando te va bien en la vida, es porque estas haciendo las cosas correctas a los ojos de Dios y por eso te recompensa de esta manera. Solemos creer que el favor de Dios cambia a diario, en base a nuestro comportamiento. En otras palabras, erróneamente sostenemos que el amor de Dios depende de nuestras obras. Pero ¡esto no es así! El amor de Dios depende de Jesús, no de ti ni de mi. Aún si la vida es oscura podemos decir con confianza: “Yo sé a ciencia cierta que Dios me ama, porque soy perdonado. Me ama a causa de Jesús y no tiene en cuentas mis pecados ni mis malas obras”.

Al Viejo Adán también le gusta corromper nuestro arrepentimiento. Un ejemplo claro es cuando antes de pedir al Señor que perdón, creemos que es mejor demostrarle que podemos cambiar y ser mejores. Esto es como decir: “Voy a demostrar a Dios que me merezco su perdón por haberlo hecho mejor”. El texto de hoy pone en claro que en no merecemos el perdón y que no lo podemos ganar por ser mejores personas. Dios nos perdona solo por amor a Jesús, no por lo que hemos hecho o pensamos hacer. Sin embargo, el Viejo Adán trata de hacernos creer que antes de ser perdonado, tenemos que sentir un profundo pesar por el pecado. Es verdad que la contrición es parte del arrepentimiento. Sin embargo, Dios no te perdona por estar triste o por llorar porque has pecado. Él te perdona porque Jesús murió en la cruz por ti. Habrá momentos cuando al cometer algún pecado pensaras que no te sientes particularmente dolido por ello. Pero no esperes a sentir lástima o pesar antes de confesar estos pecados. Más bien tienes que decir: “Por fe, sé que es pecado ante Dios y así lo confieso y pido perdón por haberlos cometido”.

Algunos opinan que antes de que Dios otorgue el perdón, tenemos que perdonarnos a nosotros mismos. Eso suena bien, pero teológicamente es incorrecto. Es una vez más nuestro Viejo Adán interponiéndose ante la verdad de Dios. ¿Realmente tienes que perdonarte a ti mismo antes de que Dios te perdone? No. Dios te perdona solo por Jesús y solo la gracia de Dios es necesaria para tener el perdón. Podríamos seguir, pero estos ejemplos son suficientes por hoy. Nuestro Viejo Adán está al acecho, que quiere llevarnos a creer que las buenas obras son necesarias para llegar al amor de Dios, o para conseguir que Dios nos ame más.

Bíblicamente enseñamos que vamos a hacer buenas obras, porque Jesús nos ha liberado para hacerlas. Además, reconocemos que las buenas obras nos traen beneficios temporales. Por ejemplo en el ámbito familiar ayuda a establecer una buena relación entre padres e hijos. Con nuestras amistades podemos ayudarnos mutuamente en los momentos de debilidad, también en el ámbito laboral creamos confianza al ser personas integras. Pero sobre todo sostenemos que
Dios no puede amarnos más de lo que lo ha. ¿Por qué?

No puede amarnos más porque ya nos ama plenamente. Muestra de eso es que dio a su Hijo para morir en la cruz por cada uno de nosotros. ¿Cómo podría amarte más? Ya estamos justificado a causa de Jesús, somos perdonando de todos nuestros pecados ¿Cómo puede perdonarnos aún más todos nuestros pecados? Nos declara que hace todas las cosas para nuestro bien, ¿Cómo puede obrar más a nuestro favor? No solo te promete sino que nos otorga la vida eterna en el cielo ¿Cómo darnos más tiempo que la vida eterna? Dios ya nos ama, no por nuestras obras, sino por Jesús, porque él vivió por nosotros, murió y resucitó por cada uno de nosotros. También ascendió a los cielos, está a la diestra de Dios y aun así viene a darnos el perdón en Su Palabra y en los Sacramentos.

Es un gran consuelo saber que el amor de Dios depende de la obra de Jesús. Si dependiera de nuestras obras nunca podíamos estar seguros de que hemos hecho lo suficiente. El amor de Dios hacia nosotros depende de Jesús y de que Jesús ha hecho todo lo necesario. Es por esto que podemos estar seguros. Por lo tanto, nos alegra confesar que “ningún ser humano es justificado delante de él, por la Ley es el conocimiento del pecado”. Pero más nos regocijamos en anunciar el Evangelio que nos dice que somos justificados gratuitamente por la gracia de Dios mediante la redención que es en Cristo Jesús. En otras palabras, solo por el amor de Jesús es que nos han sido perdonados todos nuestros pecados. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Amén

Atte. Pastor Gustavo Lavia