lunes, 20 de julio de 2009

7º Domingo de Pentecostés.

Escudriñad las Escrituras... ellas son las que dan testimonio de mí Juan 5:39a La fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios Ro. 10:17


“Jesús es nuestro pan de Vida”

Textos del Día:

Primera lección: Jeremías 23:1-6

La Epístola: Efesios 2:11-22

El Evangelio: Marcos 6:30-44

Sermón

SAN JUAN 6:30-35

“Pan” podría ser el título para el texto de hoy, en el cual Jesús se manifiesta a sí mismo como el pan de la vida.

En pan para el cuerpo piensan los oyentes de Jesús cuando dicen: “Nuestros padres comieron el maná en el desierto”. Con estas palabras se refieren al milagro conocido por todos; el milagro que Dios obró en el desierto. Después de haber cruzado el mar Rojo, el pueblo de Israel quedó libre de la esclavitud y la servidumbre a que había estado sujeto en Egipto. Los israelitas tenían tras sí el mar Rojo y por delante de sí Canaán, la tierra de promisión y reposo. Mas entre el mar Rojo y Canaán se extendía el desierto que tenían que cruzar. Por su dureza de corazón, que sólo veía siempre con pesimismo todo lo que Dios hacia, la peregrinación por el desierto se prolongó 40 años, y el pueblo tuvo que padecer muchas privaciones. Levantaron quejas y acusaciones contra Moisés y Aarón, diciendo: “¿De dónde sacamos pan aquí en el desierto para que comamos?” Esta queja fue seguida de la siguiente acusación: “Nos habéis sacado a este desierto para matar de hambre a toda esta asamblea.” Pero Dios no trató con ellos según los méritos de ellos, sino conforme a la misericordia de É1. Les dijo: “A la caída de la tarde comeréis carne y por la mañana os saciaréis de pan”. Y a la caída de la tarde subieron codornices que cubrieron el campamento y por la mañana hubo una capa de rocío alrededor del campamento. Al ver esto, los hijos de Israel se decían los unos a los otros: “¿Qué es esto?” Entonces les dijo Moisés: “Esto es el pan que Dios os da de comer.”

La vida del creyente con razón se compara con una jornada por un desierto. Mediante el bautismo, el cual San Pablo compara con el paso de Israel por el mar Rojo, Dios nos ha sacado de la esclavitud y librado del diablo y de todas sus obras y de toda su pompa y nos ha hecho promesa de salvación, diciendo: “El que creyere y fuere bautizado será salvo”. Pero así como muchos de aquellos que cruzaron el mar Rojo no lograron llegar a la tierra prometida, sino que murieron en el desierto a causa de su incredulidad (1 Cor. 10:1-5), asimismo hoy en día no todos los que son bautizados serán salvos; algunos serán condenados a causa de su incredulidad, porque sin Jesús, esta vida es un desierto sin pan. Por eso Jesús en el texto trata de elevar el deseo de sus oyentes del pan terrenal hacia el pan celestial. Tampoco nosotros debemos quedar satisfechos con sólo tener el pan terrenal, sino que debemos buscar el pan celestial para el alma, para tener vida en abundancia. Que Dios bendiga su palabra en tanto que consideramos el siguiente tema:

Jesús Es el Pan de la Vida

También el pan terrenal baja del cielo

“Pan del cielo les dio de comer”. Con estas palabras se confiesa que Dios maravillosamente allá en el desierto cuidó de las necesidades materiales de sus hijos. Esto demuestra que Dios no es un fantasma, suspendido en el aire, que no se preocupa por sus criaturas. Dios es el Dios vivo que alimenta las aves del cielo y viste las flores del campo, y que promete a cada uno de sus hijos: “No te dejaré ni te desampararé” (Heb. 13:5).

Muchos no creen eso y dicen: Sí, en la Biblia está escrito que el Señor dio el maná en el desierto y que Jesús multiplicó maravillosamente el pan, alimentando con cinco panes de cebada a una gran muchedumbre. Pero hoy en día el pan no cae del cielo, sino al contrario, si quiero progresar en las cosas de este mundo, no debo preocuparme mucho por la religión, porque de eso de ir a la iglesia uno no tiene provecho, y con mucho orar, uno no sacia el hambre. Pero al que cree que es puro cuento el que el pan venga del cielo, se le debe recordar que Dios todos los días obra los mismos milagros que nos relata la Biblia. Jesús en las bodas de Cana de Galilea transformó el agua en vino y sus discípulos fortalecieron su fe en Él. Dios todos los días transforma el agua en vino: cae la lluvia, entra la humedad en la vid y pasa de allí a las uvas y de éstas se hace el vino. Jesús multiplicó el pan. Todos los días Dios multiplica los granos que sembramos para que haya pan, aun para aquellos que no siembran. Es pueril decir: “Yo compro el pan”. Es cierto que compramos el pan, pero pagamos el pan. Realmente pagamos algo por el trabajo del panadero, algo por el del molinero que transforma el grano en harina, algo por el del agricultor que siembra y cosecha, pero el trigo, ¿quién lo paga? El agricultor con camión vacío va al campo y vuelve cargado con trigo. ¿Dónde lo compró? No lo compró; es un don de Dios, un don que bajó del cielo, conforme a la promesa divina: “Mientras dure la tierra, siembra y siega, frío y calor, verano e invierno, y día y noche, nunca cesarán” (Gen. 8:22). Por eso Jesús en la Cuarta Petición del Padrenuestro nos enseña a pedir así el pan: “El pan nuestro de cada día dánoslo hoy”. Lutero explica esta petición así: “Dios, en verdad, da el pan de cada día, aun sin nuestra oración, también a todos los impíos”. Para Dios es cosa tan sencilla concedernos dones terrenales que hasta los da a los que no los piden, porque hace salir su sol sobre malos y buenos, llover sobre justos e injustos. Ya que Jesús nos manda pedir el pan, debemos reconocer el pan como don de Dios y recibirlo con acciones de gracias.

El hombre necesita más que pan

Cuidar solamente del bienestar corporal significa rebajar al hombre al nivel del animal. En el animal se cuida solamente el cuerpo. Pero acerca del hombre dice Jesús “¿Qué aprovechará el hombre si ganare todo el mundo, mas perdiere su alma?” (Mat. 16:26). Aunque el hombre tiene pan de sobra, no puede añadir un codo a la estatura de su cuerpo. Por lo tanto el hombre necesita tesoros que no puedan ser consumidos por las polillas ni robados por ladrones, ni que estén sujetos a la pérdida, sino que puedan llevar más allá del sufrimiento, más allá de la muerte, a la eternidad. Por eso Jesús trata de alejar la mente de sus oyentes para que la fijen en el pan de la vida (v. 32). No niega Jesús el milagro de Moisés, sino que lo explica y lo aplica a sus oyentes. No fue Moisés el que dio el maná, sino Dios por medio de Moisés. El maná no fue el verdadero pan, sino un símbolo del pan verdadero que bajó del cielo, que es Jesús. Comparado con Éste, el pan para el cuerpo, como lo era el maná y lo son todas las cosas de este mundo, son pérdida y basura.

Sobre esto nos dice San Pablo: “Más aún, todas las cosas las ten­go por pérdida, a causa de la sobresaliente excelencia del cono­cimiento de Cristo Jesús, Señor mío, por causa de quien lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para que yo gane a Cristo” (Filip. 3:8).

Interés material en la religión (v. 30)

Si buscamos una prueba de lo que es el pecado, aquí la tenemos. Es la ceguedad del hombre natural que, sabiendo que es mortal, no se afana por el más allá, sino que busca un interés material hasta en la religión. Para poder creer en Jesús piden de Él un milagro mayor que el que Moisés obró en el desierto. Si Moisés dio el maná en el desierto, entonces Jesús, puesto que es el Mesías, por lo menos debería darles una despensa repleta, dándoles milagros todos los días, un pan mejor que el maná y que los panes de cebada con los cuales los había alimentado. Olvidan los milagros que Dios ha obrado y piden nuevas señales para creer.

He aquí también un cuadro del hombre enceguecido y corrompido de la actualidad. Muchos son los que acuden al pastor para pedirle ayuda material, buena escuela, consejo para progresar en el trabajo, pero pocos son los que, afligidos por sus pecados, acuden a él para consultarle sobre el camino de la salvación. Entonces suena como ironía cuando el pastor tiene que decirles que la Iglesia no es un instituto de beneficencia, sino que el tesoro de la Iglesia es el Evangelio de Cristo para la salvación de los pecadores y el único camino que lleva a la vida eterna. Jesús es el Salvador del pecado, al cual no quieren dejar; Jesús quiere librarlos del poder del diablo, en cuya existencia no creen; Jesús quiere librarlos de la muerte eterna, a la cual no temen; y por lo tanto, Jesús para ellos no cuenta, y así como en nuestro texto los judíos citaron falsamente un hecho bíblico para esconder su incredulidad, asimismo hoy en día, con vanas excusas tratan los incrédulos de disimular su incredulidad. A pesar de que Dios al crearlos, ya se ha manifestado en ellos mismos, dándoles ojos, oídos, la razón, y todos los miembros, ellos olvidan este milagro y piden otros. Si hay un Dios, dicen ellos, no debería permitir guerras, miseria, sufrimiento, sino conceder talud y gozo continuo.

Pero Jesús no cede a las exigencias carnales de sus oyentes. Si no puede predicarles lo que les agrada, por lo menos quiere predicarles lo que les conviene. Aunque el hombre viviera ochenta años y todos los días se las pasara en banquetes y se vistiera de púrpura y lino fino, de nada le serviría todo eso, porque polvo es y al polvo volverá. No es por lo tanto la desgracia más grande que seamos pobres, que estemos enfermos o que suframos cualquiera otra desgracia; la desgracia más grande sería morir para ser condenados como aquel hombre rico de que nos habla Jesús en la historia del hombre rico y Lázaro. Para que esto no suceda, Jesús se presenta a sí mismo como el pan de la vida, que da vida al mundo. De esto trataremos en segundo lugar.
Cristo en otra ocasión, al hablar de su obra redentora, se comparó a si mismo con un grano de trigo. Sería inútil guardar el trigo sin sembrarlo. Un Mesías como el que ellos esperaban para nada nos serviría. El grano de trigo para dar fruto tiene que ser sembrado en la tierra. La aparente muerte del grano es fuente de nueva vida. Así Jesús, al morir por los hombres, los redimió de la muerte, del pecado y del poder del diablo.

Para continuar con este cuadro, se puede presentar la obra de Jesús bajo el símbolo del pan. Para preparar pan el grano tiene que ser molido, triturado, cocido en el calor del horno y puesto a refrescar para ser ofrecido como alimento para saciar el hambre. También Jesús fue triturado por los azotes, golpes, espinos y clavos durante su inocente Pasión. Fue “cocido” en el horno de los sufrimientos, en cuerpo y alma, fue puesto en el sepulcro frío y después de su resurrección, mediante la predicación del Evangelio, ofrecido como pan de vida a los que tienen hambre y sed de justicia, la justicia que vale ante Dios.

Como el que tiene hambre recibe el pan, así los pecadores que están afligidos por sus pecados y temen el juicio final, gustosamente aceptan a Cristo y por medio de Él quedan saciados.

Durante su vida aquí en la tierra están contentos con su suerte. Si Dios les da bienes, no son orgullosos, porque saben que los bienes son dones de Dios y los usan para la gloria de Dios y para el bienestar del prójimo. Si son pobres y tienen que soportar sufrimientos, no se desesperan, porque saben que este corto tiempo, que es la vida, comparado con la eternidad, pronto pasará, y por los méritos de Cristo llegarán al lugar donde hay hartura de alegría y delicias eternas y donde no tendrán más sed; ni los herirá el sol, ni calor alguno: porque el Cordero que está en medio, delante del trono, los pastoreará, y los guia­rá a fuentes de agua de vida; y limpiará Dios de los ojos de ellos toda lágrima. (Apoc. 7:16-17.)

Dónde encontrar el pan de la vida

Los que oían a Jesús en aquella ocasión se burlaban de Él cuando le pidieron aquel pan, porque seguían en su pensamiento carnal, cayendo así en el juicio del endurecimiento de corazón profetizado ya por Isaías sobre aquel pueblo. (Isa. 16.) Nosotros empero con corazón sincero queremos clamar: “Señor, danos siempre este pan.” “Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio y renueva un espíritu recto dentro de mí; no me eches de tu presencia, y no me quites tu santo Espíritu. Restitúyeme el gozo de tu salvación, y el Espíritu de gracia me sustente”. Y así, cuando llegue nuestra última hora y convencidos de que el pan de este mundo no nos pueda saciar, podamos decir: “Señor, ahora despides a tu siervo en paz.”

Con este fin, aprovechemos los medios de gracia instituidos por Cristo. Escuchemos atentamente su Palabra, mediante la cual Jesús se manifiesta a nosotros como el pan de la vida. Leamos la Biblia también en nuestro hogar, porque en ella tenemos la vida eterna, según la propia declaración de Jesús. Y el Señor mismo sacie nuestra alma para que con el mayor valor pasemos por el desierto de esta vida hasta llegar al reposo eterno del Canaán celestial, por Jesucristo
nuestro Señor. Amén.

Jacobo Felahuer. Pulpito Cristiano

En Cristo. Pastor Gustavo Lavia.

miércoles, 15 de julio de 2009

6º Domingo después de Pentecostés.

Escudriñad las Escrituras... ellas son las que dan testimonio de mí Juan 5:39a La fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios Ro. 10:17


“Confiemos en el poder de Cristo”

Textos del Día:

Primera lección: Lamentaciones 3:22-33

La Epístola: 2ª Corintios 8: 1-9, 13-14

El Evangelio: Mateo 9:18-26 (Marcos 5:21-43

EVANGELIO DEL DIA

Mateo 9:18-26

18 Mientras él les decía estas cosas, vino un hombre principal y se postró ante él, diciendo: Mi hija acaba de morir; mas ven y pon tu mano sobre ella, y vivirá. 19 Y se levantó Jesús, y le siguió con sus discípulos. 20 Y he aquí una mujer enferma de flujo de sangre desde hacía doce años, se le acercó por detrás y tocó el borde de su manto; 21 porque decía dentro de sí: Si tocare solamente su manto, seré salva. 22 Pero Jesús, volviéndose y mirándola, dijo: Ten ánimo, hija; tu fe te ha salvado. Y la mujer fue salva desde aquella hora. 23 Al entrar Jesús en la casa del principal, viendo a los que tocaban flautas, y la gente que hacía alboroto, 24 les dijo: Apartaos, porque la niña no está muerta, sino duerme. Y se burlaban de él. 25 Pero cuando la gente había sido echada fuera, entró, y tomó de la mano a la niña, y ella se levantó. 26 Y se difundió la fama de esto por toda aquella tierra.

LEER la misma narración ampliada en Marcos 5:21-43

21 Pasando otra vez Jesús en una barca a la otra orilla, se reunió alrededor de él una gran multitud; y él estaba junto al mar. 22 Y vino uno de los principales de la sinagoga, llamado Jairo; y luego que le vio, se postró a sus pies, 23 y le rogaba mucho, diciendo: Mi hija está agonizando; ven y pon las manos sobre ella para que sea salva, y vivirá.
24 Fue, pues, con él; y le seguía una gran multitud, y le apretaban. 25 Pero una mujer que desde hacía doce años padecía de flujo de sangre, 26 y había sufrido mucho de muchos médicos, y gastado todo lo que tenía, y nada había aprovechado, antes le iba peor, 27 cuando oyó hablar de Jesús, vino por detrás entre la multitud, y tocó su manto. 28 Porque decía: Si tocare tan solamente su manto, seré salva. 29 Y en seguida la fuente de su sangre se secó; y sintió en el cuerpo que estaba sana de aquel azote. 30 Luego Jesús, conociendo en sí mismo el poder que había salido de él, volviéndose a la multitud, dijo: ¿Quién ha tocado mis vestidos? 31 Sus discípulos le dijeron: Ves que la multitud te aprieta, y dices: ¿Quién me ha tocado? 32 Pero él miraba alrededor para ver quién había hecho esto. 33 Entonces la mujer, temiendo y temblando, sabiendo lo que en ella había sido hecho, vino y se postró delante de él, y le dijo toda la verdad. 34 Y él le dijo: Hija, tu fe te ha hecho salva; vé en paz, y queda sana de tu azote.
35 Mientras él aún hablaba, vinieron de casa del principal de la sinagoga, diciendo: Tu hija ha muerto; ¿para qué molestas más al Maestro? 36 Pero Jesús, luego que oyó lo que se decía, dijo al principal de la sinagoga: No temas, cree solamente. 37 Y no permitió que le siguiese nadie sino Pedro, Jacobo, y Juan hermano de Jacobo. 38 Y vino a casa del principal de la sinagoga, y vio el alboroto y a los que lloraban y lamentaban mucho. 39 Y entrando, les dijo: ¿Por qué alborotáis y lloráis? La niña no está muerta, sino duerme. 40 Y se burlaban de él. Mas él, echando fuera a todos, tomó al padre y a la madre de la niña, y a los que estaban con él, y entró donde estaba la niña. 41 Y tomando la mano de la niña, le dijo: Talita cumi; que traducido es: Niña, a ti te digo, levántate. 42 Y luego la niña se levantó y andaba, pues tenía doce años. Y se espantaron grandemente. 43 Pero él les mandó mucho que nadie lo supiese, y dijo que se le diese de comer.

Sermón

La flor, hermosa en la mañana, Marchita por la tarde está; El hombre de apariencia sana, Su fin muy pronto encontrará. Mi Dios: de Cristo por la cruz Dame al morir tu eterna luz.

Nuestro Salvador, pensando en Galilea, y en Capernaum en particular, dijo una vez: "No hay profeta deshonrado sino en su tierra, y entre sus parientes, y en su casa" (Mr 6:4). A raíz de esta observación de parte de Jesús, se cree generalmente que un pastor no debería servir en una congregación donde él se crió, donde todos lo conocen y donde abundan sus parientes. En tal caso se citan por lo regular las palabras del Salvador: ''El profeta en su tierra no tiene honra" (Jn 4:44). Debido al poco honor y la mucha oposición que encontraba Jesús en “su tierra", observa San Mateo en su Evangelio: “No hizo (Jesús) allí muchas maravillas, a causa de la credulidad de ellos" (Mt. 13:58).

Pero no obstante la actitud hostil e indiferente de tantos en Galilea, halló Jesús fe ahí. En este mismo capítulo vio Jesús la fe de los cuatro, quienes desde el techo bajaron al paralítico, quien, creyendo, recibió el perdón de sus pecados y su salud (Mt. 9:1-8). Poco después el Salvador se ve sentado a la mesa de Mateo, y rodeado de muchos publícanos y pecadores (Mt. 9:10). Y llegados ahora a nuestro texto, conocemos en Galilea a dos creyentes más. ¡En nuestro entorno cercano también Dios obra fe! Que el Espíritu Santo nos ilumine mientras que contemplamos cómo:

JESUS SANA A UNA MUJER Y RESUCITA A UNA NIÑA.

Principia nuestro texto con estas palabras: ''Mientras él (Jesús) les decía estas cosas, vino un hombre principal y se postró ante él, diciendo: Mi hija acaba de morir” Los evangelistas San Marcos y Lucas nos cuentan que este "principal" era "uno de los principales de la sinagoga" y que se llamaba Jairo (Mr 5: 22). Estos jefes religiosos de Israel por lo regular no estaban dispuestos a trabar amistades con Jesús. Raras veces se ve uno de ellos al lado de Jesús, y mucho menos postrándose humildemente a los pies del Salvador. Pero este señor desde hace más de un año habrá oído y visto lo que Jesús decía y hacía ahí en Capernaum, y al igual que Nicodemo en Jerusalén, habrá llegado a la fe en Jesús, y habrá instruido también a su hija, de la cual dijo el Salvador después, que "duerme”. ¡La Palabra de Cristo obra fe, y esta fe se manifiesta incluso en quienes no imaginamos!

Ahora Jairo tiene un problema, y es un problema muy grave. Su hija, "su hija única, como de doce años" (Lc 8:42), está enferma. Y Jairo hace lo que todo cristiano debe hacer: lleva su problema Jesús. Según San Marcos dijo Jairo a Jesús: 'Mi hija está agonizando" (Mr 5:23), o sea, ya esta apunto de morirse. Según San Lucas informa Jairo que su hija "se estaba muriendo" (Lc 8:42), o que ya estaba en las últimas horas. Según nuestro texto Jairo resume o combina los informes y dice: "Mi hija acaba de morir" Cierto intérprete, tratando de reconciliar los distintos informes de Jairo, explica las cosas en la siguiente forma: Jairo en nuestro texto quiere decir: "Señor, mi hija estaba tan enferma, que para estos momentos ya estará muerta."

Habiendo llevado su problema al Salvador, Jairo presenta su petición: "Mas ven y pon tu mano sobre ella, y vivirá. " En Capernaum residía también el centurión, otro con fe en Cristo. Tanta fe tenía éste, que no creía necesario que Jesús viniera a su casa para sanar a su mozo. Oró sencillamente: "No soy digno de que entres debajo de mi techado; mas solamente, di la palabra y mi criado sanará" (Mt 8:8). Jesús en todo Israel no había hallado 'tanta fe" (Mt 8: 10). Al criterio, pues, del Salvador, Jairo tenía menos fe, y Jesús, rumbo a la casa de Jairo, tenía que animarlo, diciéndole: "No temas, cree solamente” (Mr 5:36). Jairo habrá residido cerca de donde se encontraba Jesús, y habrá visto cómo Jesús ponía las manos sobre los enfermos para sanarlos. O es posible que sencillamente no se le haya ocurrido pedir que Jesús a la distancia pueda restaurar a su hija, y por tanto lo invito a su casa. De todos modos la fe débil también es fe. Hasta una chispa de fe, "el Pabilo que humeare'', es fe (Is 42:3). Y con esa fe volvió Jairo a casa, "y se levantó Jesús, y le siguió, y sus discípulos. "

Ahora nos olvidamos un rato de Jairo, pues ha entrado súbitamente en la escena otra persona que nos llama la atención. Nos relata el texto: "y he aquí una mujer enferma de flujo de sangre desde hacia doce años había." Esta mujer se encontraba en medio de la multitud que se apretaba contra Jesús y Jairo. Mientras que todos pensaban en el problema de Jairo, la mujer tuvo su propio problema en qué pensar. Sufría de un "flujo de sangre ", un trastorno sumamente agobiante y humillante. Los que sabían de su estado preferían evitarla, pues la consideraban inmunda o sucia, porque levíticamente lo era. Y no sufría la mujer todo esto por conformista.

Había tratado de hallar alivio, gastando con los médicos todo lo que poseía. Pero fue en vano: no obstante sus gastos, su estado de salud iba de mal en peor, y ahora, para colmo, ya no tenía de qué vivir.

Viendo tan cerca a Jesús, la enferma elaboró un plan; dijo dentro de sí: "Si tocare solamente su manto, seré salva”. Lutero se asombra de la fe que se muestra aquel día en Capernaum: Jairo cree que Jesús, con sólo poner las manos sobre su hija, la ayudará. La mujer cree que ella, con sólo tocar la ropa del Salvador, recibirá de El la ayuda apetecida. Y tú: ¿Crees realmente que Jesús puede ayudarte en tus necesidades? ¿Confías en él y a él tu situación? Recuerda que en Cristo tienes al poderoso Salvador.

La mujer, teniendo en cuenta su condición humillante en medio de la gente más digna, que se había amontonado alrededor del santo Hijo de Dios, no se atrevió a detener a Jesús, ni a ponerse delante de El. Se abrió paso por la multitud y, "llegándose por detrás" logró tocar su manto.

Y los Evangelios nos relatan lo que sucedió. "Luego la fuente de su sangre se secó; y sintió en el cuerpo que estaba sana de aquel azote” (Mr 5:29). Y en ese instante Jesús, “conociendo en si mismo el poder que había salido de él”, se detuvo, se volteo y preguntó: "¿Quién me ha tocado?" (Marcos 5:30.31). Tal parece que por unos momentos nadie respondía. La mujer, tal vez por vergüenza al verse expuesta, o creyendo que Jesús juzgaría indiscreción lo que ella había hecho y que por tanto la regañaría, tenía miedo y temblaba. Pero en un arrebato de coraje salió y presentándose abiertamente, se postró delante de Jesús “Y le dijo toda la verdad" (Mr 5:33).

¡Qué historia más conmovedora! El Salvador no estaba enojado con la mujer, no la regaño. Al contrario elogió la fe de ella y la consuela, diciendo: "Hija tu fe te ha hecho salva: ve en paz, y queda sana de tu azote" (Marcos 5:34). Y afirma nuestro texto: "y la mujer fue salva desde aquella hora”. Las palabras del Salvador, "Queda sana: de tu azote," nos revelan que Jesús, sin que nadie se lo dijera, sabía del azote que durante doce largos años había afligido a esa mujer.

Una vez mas nos manifiesta Jesús su omnisciencia divina, nos demuestra que El es verdadero Dios, que sabe todas las cosas. ¡Podemos confiar y estar seguros en nuestro Salvador! Además, cuando se nos dice que un "poder", una potencia, había salido de Jesús, es de notarse que esa virtud no salió meramente de DIOS Padre. Esa virtud salió de Jesucristo. Él hizo ese milagro. Y como la curación del paralítico al principio de este capítulo demostraba que Jesús tiene poder de perdonar pecados, así la curación de la mujer en el camino a la casa de Jairo, demuestra que Jesús es Dios, verdadero DIOS.

La lucha inútil de esta mujer contra su horrible enfermedad es un cuadro de nuestra lucha contra el mal más horrible de todos, o sea, el pecado. Ningún hombre, ni con su dinero, ni con sus obras, puede limpiarse del pecado. Dice la Escritura: "¿Quién hará limpio de inmundo? Nadie" (Job 14:4). A la mujer que durante doce años había luchado contra su enfermedad, dijo Jesús: "Tu fe te ha salvado”. A nosotros que en toda la vida luchamos contra el pecado, nos dice el mismo Salvador mediante su Palabra: "El hombre no es justificad por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo" (Gálatas 2: 16). ¿Cómo, pues, somos salvos? Los dos presos en la cárcel de Filipos nos contestan: "Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo" (Hechos 16:31).

II

Después de esta interrupción de parte de la mujer, podemos volver a Jairo, quien ciertamente estaba esperando con ansias a que Jesús volviera y continuara con él el camino a su casa.

Al llegar los dos a la casa del principal, les saluda un espectáculo que a muchos en la actualidad parecerá extraño, pero que en aquel entonces estaba de moda: Vio Jesús "a los que tocaban las flautas, y la gente que hacía bullicio". Los flautistas hacían su aguda música. Las mujeres gemían y sollozaban mucho. Toda la gente lloraba y gritaba en alta voz. Las familias ricas incluso solían en semejantes ocasione contratar a grupos de personas que lloraran y lamentaran e hicieran ese alboroto. Además Jairo, siendo hombre de influencia, habrá contado también con sus propios familiares y amistades para agregar a ese llanto.

Jesús, no viendo motivo alguno para este espectáculo, preguntó, a esa gente: "¿Por qué alborotáis y lloráis?" Y agregó: "La muchacha no es muerta, mas duerme”. ¡Nosotros no vemos las cosas como las ve Dios! Al oír esta aserción, todos, a pesar del ambiente tan solemne y triste, se rieron abiertamente. Dice el texto: "Y se burlaban de él”. ¡Es duro oír que las palabras, promesas y hermosas afirmaciones de Cristo pueden ser causa de burla por parte de los seres humanos! ¡Pide a nuestro Salvador que sostenga y aumente tu fe para creer y confiar siempre en su Palabra!

La fe de Jairo sí que fue puesta a prueba en ese día. Antes de que el Salvador pudiera llegar a la casa de Jairo, la hija amada tuvo que morir. Cuando Jesús todavía hablaba a la mujer, vinieron a Jairo mensajeros de su casa con las malas noticias: "Tu hija es muerta; ¿para qué fatigas más al Maestro?" y ahora en la mismísima casa de Jairo, sus amigos se ríen de Jesús. Así como Jairo puso su confianza en Cristo y quedó expuesto a la burla de muchos, también nosotros estamos expuestos a que nuestra plena confianza en las promesas de Cristo sean objeto de burla. Pero recuerda que Cristo es fiel a sus promesas. ¡Que la burla o la indiferencia de otros no te hagan retroceder! Pide y confía en Cristo en todas tus necesidades.

Nos cuenta el texto que "como la gente fue echada fuera, entró (Jesús)." y añade San Lucas: "Y entrado en casa, no dejó entrar a nadie consigo, sino a Pedro, y a Jacobo, y a Juan, y al padre y a la madre de la moza" (Lucas 8:51), cinco personas en total. Estos cinco serían testigos de lo que Jesús estaba a punto de hacer. Pero en cuanto a los demás en esa casa, tenían que aprender que los milagros no eran espectáculos del teatro. Jesús no los hacía con el fin de divertir a la gente, ni para gratificar la curiosidad de las masas. No buscaba fama de milagrero. Él es el Salvador.

El Salvador no puso las manos sobre la niña, como el padre había pensado, sino que la tomó de la mano y clamó, en la lengua aramea que hablaba Jesús: "Talitha cumi" (Marcos 5:40), lo cual significa en español: "Muchacha, levántate." Y, pronunciadas estas palabras, "su espíritu volvió" (Lc 8:55). Volvió el alma al cuerpo de la niña. La niña vivía nuevamente. No leemos que abrió los ojos, ni tampoco que se incorporo, sino que se levantó luego" (Lc 8:55). La niña que antes yacía muerta e inmóvil en la cama, se pone en pie, anda y come. ¿Quién hubiera creído posible esto? Los padres no obstante la carcajada desdeñosa de sus amigos y familiares, no habían perdido la confianza en Jesús, y resultó, como siempre, que su confianza valía la pena.

Ahora los padres de la niña están atónitos; "se espantaron de grande espanto" (Marcos 5:42).
Como esa difunta niña sólo dormía, así la muerte de todo creyente en Cristo es un sueño, un incesante dormir hasta el día del juicio. Esto nos lo enseña el último libro de la Biblia, que dice: "Bienaventurados los muertos que de aquí adelante mueren en el Señor. Sí, dice el Espíritu, que descansarán de sus trabajos; porque sus obras con ellos siguen" (Ap 14:13). Así nos enseña también el apóstol cuando nos habla de "los que durmieron en Jesús" (1 Ts 4: 14). "Los que durmieron en Jesús" son los que murieron creyendo en Cristo Salvador. Según esto los apóstoles ya han dormido algún tiempo. Adán y Eva han dormido mucho tiempo más.
Además, como Jesús resucitó a la hija de Jairo, así resucitará Jesús el cuerpo de todo creyente. Esto nos lo enseña Jesús mismo, al decir: "Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí no morirá eternamente" (Jn 11:25.26). Esto nos lo enseña el apóstol repetidas veces: ''Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos, primicias de los que durmieron es hecho" (1 Co 15:20). "Tampoco, hermanos, queremos que ignoréis acerca de los que duermen, que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con él a los que durmieron en Jesús" (1 Tes 4: 13.14). Marta sabía que todo esto se llevaría a cabo "en la resurrección en el día postrero" (Jn 11:24).

Y como el espíritu volvió al cuerpo de la niña, y el espíritu que Jesús había dado en la cruz volvió a su cuerpo glorificado aquel día de Pascua florida, así, en el último día, volverá nuestra alma de la gloria para ligarse nuevamente a nuestro cuerpo; y esta vez será un cuerpo glorificado, pues "(Cristo) transformará el cuerpo de nuestra bajeza, para ser semejante al cuerpo de su gloria" (Filipenses 3:21).

Y, finalmente, si aquellos padres se espantaron al presenciar la resurrección de su hija, ¿quién se imaginará jamás el grande espanto que experimentarán en el aire todos los redimidos de toda generación, cuando a la final trompeta "los muertos serán levantados sin corrupción, y nosotros seremos transformados" (1 Co 15:52)?
Con razón, pues, cantamos: ¡Dormir en Cristo, dulce bien Del que en solaz está con El! ¡Dulce reposo que jamás Postrera muerte turbará! ¡Dormir en Cristo! Mi Señor Con su poder transformador Mi vil bajeza cambiará, Mi cuerpo glorificará. Amén.

Sermón basado en el escrito del Pastor V. H. Winter y adaptado por el Pastor Walter Daniel Ralli

ORACIÓN: Señor Jesucristo, quédate con nosotros, para que, frente a la muerte, no nos entristezcamos como quienes no tienen esperanza. Ayúdanos a confiar fielmente en Ti hasta el fin, pues nosotros también anhelamos resucitar con el cuerpo glorificado y reunido ya con el alma, para vivir contigo eternamente, por los méritos de tu inocente muerte y gloriosa resurrección.

Amén.

lunes, 6 de julio de 2009

Escudriñad las Escrituras... ellas son las que dan testimonio de mí Juan 5:39a La fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios Ro. 10:17

¡Dios otorga su Excepcional Gracia y
Misericordia en Todos los sitios!

Este Sermón ha sido preparado para predicar en el Oficio Divino del día siguiente al concierto dado por University A Capella Choir en Barcelona.

Textos del Día:

Antiguo Testamento: Ezequiel 2:1-5

Epístola: 2 Corintios 12:1-10

Santo Evangelio: Marcos 6:1-6

“Salió Jesús de allí y vino a su tierra, y le seguían sus discípulos. 2 Y llegado el día de reposo, comenzó a enseñar en la sinagoga; y muchos, oyéndole, se admiraban, y decían: ¿De dónde tiene éste estas cosas? ¿Y qué sabiduría es ésta que le es dada, y estos milagros que por sus manos son hechos? 3 ¿No es éste el carpintero, hijo de María, hermano de Jacobo, de José, de Judas y de Simón? ¿No están también aquí con nosotros sus hermanas? Y se escandalizaban de él. 4 Mas Jesús les decía: No hay profeta sin honra sino en su propia tierra, y entre sus parientes, y en su casa. 5 Y no pudo hacer allí ningún milagro, salvo que sanó a unos pocos enfermos, poniendo sobre ellos las manos. 6 Y estaba asombrado de la incredulidad de ellos. Y recorría las aldeas de alrededor, enseñando. Marcos 6:1-6.

Sermón

Barcelona, España

Marcos 6:1-13

¡Dios otorga su Excepcional Gracia y Misericordia en Todos los sitios!

¡Gracia, misericordia y Paz para ti de Dios nuestro Padre y el Señor y Salvador Jesucristo!

En los relatos que componen nuestra lección del Evangelio de esta mañana, Jesús estaba ejerciendo un papel (por ejemplo, ¡Jesús experimenta la respuesta asombrosa a su mensaje!) En Marcos capítulo 4, Él se sentó en la orilla del mar en un bote ante un gran número de personas, enseñando acerca del Sembrador que sembró abundantemente su semilla y produjo una cosecha asombrosa algo así como la Palabra trae muchos frutos cuando es sembrada entre las personas.

En Marcos 4 Él calmó la tormenta cuando cruzaron el mar diciendo: “¡Calla, enmudece!” Jesús expulsa un ejército de espíritus impuros de un hombre diciendo: “¡Sal de este hombre, espíritu inmundo!” (Marcos 5:8). Luego, mirando al hombre Él dijo: “Vete a tu casa, a los tuyos, y cuéntales cuán grandes cosas el Señor ha hecho contigo, y cómo ha tenido misericordia de ti...” Y eso es exactamente lo que hizo el hombre.

Jesús continuó trabajando y clamando diciendo: “No tengas miedo, sólo cree.” Una mujer lo tocó y fue curada. La hija de Jairo, el gobernante de la sinagoga, resucitó de entre los muertos y después de todo esto, las Sagradas Escrituras dicen que: “le seguía una gran multitud, y le apretaban.” (Marcos 5:24).

Me pregunto si le aplaudieron .Si le dieron gran ovación. ¿Cómo debe ser tener una multitud arremolinada alrededor? El texto no lo dice exactamente. Pero parece que muchos de Galilea dieron a Jesús una gran recepción...

Subidos a esta ola de entusiasmo, energía, exorcismos, resurrección y gran reacción, él se dirigió hacia su ciudad natal. Se dirigió hacia su casa, sus parientes en Nazareth. Aquí es donde nuestras Buenas Noticias del capítulo 6 de Marcos para el día de hoy comienzan.

De entre todos los lugares y de entre todas otras personas, Jesús había recibido honor y las personas creyeron en su Palabra y obras. Pero aquí, aquí en este pequeño lugar, no hubo honor, sino poca esperanza en él, sinó más bien corazones duros de descreimiento.

Estimados asistentes: ¿Cuáles han sido sus experiencias cuando comparte su fe? ¿Cómo proclama a Cristo en su área de influencia? ¿En su casa? ¿Entre sus parientes? ¿En su círculo más íntimo de amigos? ¿Entre la gran cantidad de personas a su alrededor, en su trabajo, en su comunidad, en el Facebook del campus de su Universidad?

Siempre ha estado en un papel de receptividad, o ha experimentado lo que experimentó Jesús cuando una cierta cantidad de sus oidores respondieron con descreimiento?

Por supuesto, ésta no es una comparación perfecta para este texto porque no somos Jesús. Él es sin pecado. Nosotros pecamos. Algunas veces tenemos problemas comunicando cosas en nuestro propio idioma, mucho más en otros. Él claramente comunica su propósito, su salvación la que ganó gratuitamente para el mundo, para usted y para mí, cuando Él murió en la cruz para pagar por todos los pecados, del pasado, del presente y del futuro. Él fue el predicador y profeta perfecto. Nosotros con frecuencia proclamamos con parcialidad y por estos errores es que nos arrepentimos y pedimos perdón.

Si bien no somos Jesús, nos sentimos llamados a compartir nuestra fe y así es que yo pregunto, ¿Algunos de sus oidores han respondido con descreimiento?

Para los misioneros el Pastor Lavia y el Pastor Ralli y aquéllos de vosotros en el tour del coro, esto puede parecer una pregunta extraña. Después de todo, repasando las noticias de la semana pasada y lo experimentado en la última noche, con la estupenda proclamación de Jesús como Señor a través de la música, ha habido un recibimiento abrumador hacia esta misión en todos los lugares visitados. La experiencia de repetir una y otra vez, de querer oír más sobre Jesús, todavía hace eco en nuestros oídos.

Está bien hacernos estas preguntas mientas estamos en este papel de receptividad. Deberíamos disfrutar del eco una y otra vez en nuestros oídos, pero no debemos ignorar y dejar de pensar en los corazones y mentes de aquellos que aún están viviendo en la incredulidad– especialmente en aquellos que usted tiene presente repetidas veces.

La primera parte del Evangelio de este mañana y el resto de historia apuntada en el Nuevo Testamento nos exhortan a tener esperanza aun con los más duros… a descubrir las abundantes acciones de Dios y el flujo del curso de la gracia y la misericordia aun en los lugares más duros para proclamar el Evangelio.

¡Vea, justo cuando parece que el mal tiene un puñado de personas de corazones duros en sus manos, nuestro Dios, en su misericordia, crea excepciones!

El escritor Marcos nos sacude diciéndonos que Jesús: “…no pudo hacer allí ningún milagro”… pero entonces él añade: “salvo que sanó a unos pocos enfermos, poniendo sobre ellos las manos”. Los enfermos se convirtieron en la excepción y fueron curados. Él dio su abundante misericordia y gracia aun en el lugar más duro.

En este momento, esta escena, en la historia del Evangelio señala que los propios hermanos de Jesús no creyeron en Él. Pero más tarde en el Nuevo Testamento conocemos el resto de la historia, donde su hermano Santiago se convirtió en la excepción… él se convirtió en un creyente … fue hecho apóstol … un enviado a contarle a otros sobre Jesús (Gálatas 1:19). La tradición dice que él se convirtió en un mártir por su fe y fue decapitado, y que su cuerpo fue transportado desde Jerusalén a Santiago de Compostela, España.

Satanás intenta acaparar todo para su reino. Pero Jesús responde con excepciones tras excepciones. La mujer en el pozo… el centurión… los 11 discípulos… los 70… los 3.000 en Pentecostés… y la lista sigue y sigue sin parar por siglos directamente hasta usted y directamente hasta mí. Usted estaba muerto en sus pecados y su duro corazón, cuándo por la gracia, como un regalo, usted ha vuelto a vivir en Cristo y a convertirse en la excepción. Mientras Satanás intenta reclamar todo para sí mismo, Jesucristo triunfó por medio de su muerte y su resurrección y continúa vaciando el reino del mal dando vida a las personas con la fe, por toda la eternidad.

Estimados presentes, Dios tiene apremio por este trabajo pero también es paciente en él. Cuando el rechazo parece ser total, esté alerta para ver las excepciones en la Sagrada Escritura y en la vida.

Éste no es el único texto donde el Espíritu, a través de los escritores de Sagrada Escritura, nos conmociona con excepciones. En griego es eiv mh. En español, esto usualmente se traduce como “sinó ”.

Tomemos un momento para recordar algunos otros pasajes excepcionales que usan esta misma expresión:

En la Trasfiguración… “Cuando ellos alzaron los ojos, no vieron a nadie, sinó a Jesús solo." (Mateo 17:8)


“Jesús les dijo: -- Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre sinó por mí.” (Juan 14:6)


Pablo dice, “ pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sinó a Jesucristo, y a éste crucificado.” (1 Corintios 2:2)

“Por tanto, os hago saber que nadie que hable por el Espíritu de Dios dice de Jesús: "¡Sea anatema!", como tampoco nadie puede exclamar: "¡Jesús es el Señor!", sinó por el Espíritu Santo.”. (1 Corintios, 12:3)

Otra vez Pablo escribe, “Pero lejos esté de mí gloriarme, sinó en la cruz de nuestro Señor Jesucristo,…..” (Gálatas 6:14)

Es la Cruz de Jesús que convierte el descreimiento en fe, el rechazo en recepción, la muerte en vida.

Puedo ser atrevido en decir esto:

Jesús fue tan consternado por el descreimiento en el Gobierno soviético que él derribó el muro, así que, por medio de personas como el Obispo Sabutis, más personas son convertidas en la excepción. A fin de que el cristianismo cambie de ser la minoría para llegar a ser la mayoría y más naciones sean arrebatadas del mal para ir al reino del Hijo de Dios.

Jesús fue tan consternado con la secularización en Europa que él devuelve los misioneros a lugares como España.

Ya sea que la respuesta sea multitudinaria, con gritos para que esto se repita o la respuesta nos desafíe a todos nosotros a estar atentos a las excepciones, reconocemos que nuestra respuesta debe imitar la respuesta de Jesús, pues Jesús siguió adelante:

“Y recorría las aldeas de alrededor, enseñando. Después llamó a los doce, y comenzó a enviarlos de dos en dos; y les dio autoridad sobre los espíritus inmundos. Y saliendo, predicaban que los hombres se arrepintiesen…”. (Marcos 6:6b y 12).

Como Jesús ha enviado a su iglesia de dos en dos con autoridad hasta el fin del mundo, Dios a través de su Palabra le envía hoy desde este lugar a proclamar su Salvación entre todas las naciones.

¡Disfrute de la emoción de las muchedumbres agrupándose alrededor de Él! Continúe y mire la abundante gracia y las excepciones en los lugares duros.

Y la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento guardará sus corazones y mentes en Cristo Jesús hasta la eternidad. ¡Amén!

Director Regional de Eurasia para LCMS-World Mission, Rvdo. Brent Smith

lunes, 29 de junio de 2009

Escudriñad las Escrituras... ellas son las que dan testimonio de mí Juan 5:39a La fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios Ro. 10:17
¡Grande es el Señor, y digno de suprema alabanza!

Este Sermón ha sido preparado para predicar en el Oficio Divino del día siguiente al concierto dado por University A Capella Choir en Sevilla. Por ser una ocasión especial los textos escogidos no siguen al calendario litúrgico.

Textos del Día:

Primera lección: Éxodo 15:1-3

Segunda lección: Hechos 16:19-34

El Evangelio: Lucas 2:8-20

8 Había pastores en la misma región, que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su rebaño. 9 Y he aquí, se les presentó un ángel del Señor, y la gloria del Señor los rodeó de resplandor; y tuvieron gran temor. 10 Pero el ángel les dijo: No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: 11 que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor. 12 Esto os servirá de señal: Hallaréis al niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre. 13 Y repentinamente apareció con el ángel una multitud de las huestes celestiales, que alababan a Dios, y decían:
14 ¡Gloria a Dios en las alturas,
Y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!
15 Sucedió que cuando los ángeles su fueron de ellos al cielo, los pastores se dijeron unos a otros: Pasemos, pues, hasta Belén, y veamos esto que ha sucedido, y que el Señor nos ha manifestado. 16 Vinieron, pues, apresuradamente, y hallaron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. 17 Y al verlo, dieron a conocer lo que se les había dicho acerca del niño. 18 Y todos los que oyeron, se maravillaron de lo que los pastores les decían. 19 Pero María guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. 20 Y volvieron los pastores glorificando y alabando a Dios por todas las cosas que habían oído y visto, como se les había dicho.


Sermón

Se cuenta que el caballero de Erback, en cierta madrugada primaveral, preparaba una emboscada para capturar al reformador Martín Lutero. De pronto su habitación en el mesón fue invadida por una resonante voz que desde el siguiente cuarto entonaba un salmo. El caballero concluyó que el cantante debía ser un capellán, así que decidió pedir su bendición para la campaña contra los "herejes". Tocó a la puerta y explicó su misión. El hombre le contestó: Si a Lutero buscas no tienes que ir muy lejos. ¡Yo soy Lutero! El caballero no podía creer que un hombre con tal devoción fuera "hereje". Le demandó la razón de sus convicciones y habiendo sido persuadido por las pruebas bíblicas, se convirtió en un seguidor de Cristo y defensor del reformador.

¿Y todo este desenlace por oír a alguien entonar un Salmo con evidente devoción?

¡Alabad al Señor, invocad su nombre, dad a conocer sus obras entre los pueblos! ¡Cantadle, cantadle salmos! Hablad de todas sus maravillas. Gloriaos en su santo nombre; alégrese el corazón de los que busca al Señor.

La alabanza es la disposición del corazón creyente a reconocer, dar gracias y honrar a Dios. Un forma extensamente usada para manifestar esta actitud del corazón es la música.

Expresamos la alabanza a través de los himnos que cantamos. Dios quiere que cantemos y se complace en que lo hagamos. Quiere que contemos sus maravillosas obras y que los pueblos lo conozcan a través de las alabanzas que proclamamos. La música es un excelente canal para que circule la poderosa Palabra de Dios. El Dr. Martín Lutero lo entendió rápidamente y por ello dijo: "La música tiene el primer lugar y la mayor gloria después de la Teología

Y así fue que Lutero se convirtió en el gran impulsor del canto congregacional componiendo y promoviendo himnos. Pronto la gente cantaba en sus casas, en las calles y en el campo, recordando la doctrina bíblica que los himnos contenían. A tal punto llegó su impulso que uno de sus opositores dijo: “los himnos de Lutero mataron más almas que sus sermones”.

Para Lutero, así como Pablo, la fe necesita expresarse, y la música es un vehículo
Creí, por lo cual hablé, nosotros también creemos, por lo cual también hablamos. 2ª Co. 4:13

Este es el lema de IELE, una iglesia muy joven que Dios hace nacer en la humildad y el anonimato de los corazones angustiados por la mala noticia del pecado y que en esta aflicción están deseosos de oír una buena noticia que los libere, les de perdón, paz y vida eterna. El Espíritu Santo fue trabajando en los corazones a través de la Palabra anunciada, dónde y cuándo estimaba oportuno hacerlo. Alli en el silencio de una habitación, en la cavilación de las mentes en un instante en el trabajo, o en la soledad interna producida por la abstracción del pensamiento incluso en medio de la rutina y el ruido. El momento y el lugar no son un problema para el Espíritu, pues su objetivo es convencer con la Palabra de pecado y dar perdón en Cristo al afligido.

Y sí, Dios poco a poco fue llamando a personas con sus propias historias personales y familiares a conocer y creer la verdad del evangelio y como consecuencia Alabar a Dios por su infinita misericordia. Y así es como IELE, hace casi ya 10 años, empieza hacer oír tímidamente su voz y canta, y en España se comienza a oír un nuevo canto suave, pero constante, aún en medio del ruido atronador de distintas voces que se hacen presente en esta sociedad, aún ahí se deja oír una iglesia que canta allí donde se hace presente: En un hotel, en una casa, en un parque. Allí donde dos o tres se reúnen en su nombre, allí dónde Cristo y su Evangelio están presente. Allí hay fieles que se unen a la corte celestial de ángeles para cantar alabanzas a Dios por su Gracia y Misericordia.
Y IELE Cree y por lo tanto habla. Aunque también podríamos decir: “cree, y por eso canta”, así como la Universidad Concordia de Nebraska lo viene haciendo desde 1939 a través del Coro A Capella. Por ello hoy vamos a meditar en dos situaciones bíblicas donde el canto acompañó la proclamación del Evangelio.

Con actitud de humildad debemos alabar la grandeza de Dios
El mayor concierto dado en la historia del ser humano fue con un público escaso, humilde, sin grandes escenarios, pero fue entonado por el más poderoso coro que se ha podido escuchar nunca: El coro celestial se presentó ante los desconcertados pastores en las cercanías de Belén. A Dios poco parece preocuparle el dónde, ni el cuándo, ni el cuántos son los que componen su auditorio. Él envía a su majestuoso coro de ángeles a cantar.
“Había pastores que velaban las vigilias de la noche sobre su rebaño. Y se les presentó un Ángel y la gloria del Señor los rodeo de resplandor, y tuvieron gran temor. Pero el ángel les dijo: No temáis, porque yo os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor. Esto os servirá de señal: hallaréis al niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre.
Dios tuvo a bien anunciar a estos humildes pastores la llegada de aquel que salva sus vidas. En esta ocasión el anuncio de la Buena Nueva fue acompañado de alabanzas entonadas por una multitud de huestes celestiales:
Repentinamente apareció con el ángel una multitud de las huestes celestiales, que alababan a Dios y decían: ¡Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombre!

La presencia del ángel del Señor, el consuelo brindado ante el temor, el anuncio de la buena noticia, la majestuosa alabanza de las huestes celestiales produjeron efecto en los pastores y los movió hacia Cristo.
“Sucedió que cuando los ángeles se fueron de ellos al cielo, los pastores se dijeron unos a otros: Pasemos pues hasta Belén, y veamos esto que ha sucedido y que el Señor nos ha manifestado”

La impresión de lo sucedido causó un replanteo y un diálogo posterior entre el auditorio pastoril. ¿Qué hacer ante semejante noticia? Él Espíritu Santo, quien nos guía a toda verdad, obró en sus corazones a través de el mensaje recibido y ellos dejaron por un momento sus tareas para atender un asunto primordial: Cristo.
Nuestra proclamación siempre genera algo. Debemos saber que siempre, después de un concierto, o de una charla de sobremesa o en el bar con los amigos, en la familia, con el vecino o desde el púlpito, si anunciamos a Cristo, esa proclama va a generar un movimiento en el interior de quienes nos oyen. Debemos orar para que el Espíritu Santo haga su obra a través del mensaje que anunciamos y esperar que él sea quien haga mover a los oyentes a Cristo. Debemos confiar en que el Evangelio es poderoso y nuestra proclama dará frutos, dónde, cuándo y con quién el Espíritu obre. El Coro A Capella y IELE estamos haciendo nuestra parte, así como los ángeles mensajeros hicieron su parte en Belén anunciando y cantando. ¡Por supuesto que Dios hará el resto!
“Vinieron, pues, apresuradamente, y hallaron a María, José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo dieron a conocer lo que se les había dicho del niño. Todos los que oyeron, se maravillaron de lo que los pastores decían”

Estos pastores van a Cristo, y lo encuentran en un escenario humilde, un pesebre, sin que esto les suponga un obstáculo. Ahora ellos, de ser receptores se convierten en mensajeros y testigos, reafirmando y confirmando el mensaje de que “ha nacido el Salvador, que es Cristo, el Señor”
“los pastores se volvieron glorificando y alabando a Dios por todas las cosas que habían oído y visto, como se les había dicho”
Ahora los que glorifican y alaban a Dios son los pastores. Se convierten en un improvisado coro. Quizás sin tanto esplendor si se los comparar con el coro de las huestes celestiales, pero un coro al fin, que de corazón agradece y se goza en la Noticia recibida: Cristo, el salvador, Emmanuel, está con nosotros. ¡Cantemos!

Aprendemos del texto que no son los grandes escenarios ni las grandes multitudes lo que nos debe mover a cantar, sino Cristo. El miércoles cantarán en Villarrubia, un barrio periférico de Córdoba que cuenta con unos 7.000 habitantes. Al enterarse la responsable de cultura de Córdoba quedó sorprendida de que un barrio tan pequeño y poco tenido en cuenta para eventos culturales de esta magnitud, sea el lugar escogido para el concierto. Esto generó mucha curiosidad y el agrado entre las autoridades que se comprometieron a asistir. Este es solo un ejemplo de cual debe ser nuestra correcta actitud. Tenemos que ir a todas las naciones y a toda criatura. Dios es quién nos da un mensaje para llevar y quién nos envía. El impacto de nuestro trabajo se verá.
Cantemos a Cristo aún en las dificultades
“Pero a media noche, orando Pablo y Silas, cantaban himnos a Dios; y los presos los oían”

Hechos 16:25
En la profundidad de la cárcel y encadenados Pablo y Silas oran, improvisan un dúo y cantan. El escenario no era el más requerido por los grandes concertistas y su auditorio, lo presos, no eran un público de lo más atractivo, sin embargo estos presos oían perplejos y pensarían: ¿Quiénes son estos que tiene ganas de cantar en estas circunstancias? ¿De dónde sacan fuerzas y qué los mueve a alabar al Dios que por cuya causa están presos?
¿Recordáis como acabó la historia? Un milagro aconteció, se abrieron las celdas y Pablo y Silas terminaron en la casa del carcelero anunciando la “palabra del Señor y él y todos los que estaban en su casa se Bautizaron” “y se regocijó con toda su casa de haber creído en Dios” ¿increíble verdad? Pero “todo es posible si puedes creer”
Tú también, como creyente en Cristo, aún en medio de las injusticias, del dolor, de los problemas diarios, aún en medio de la oscuridad y la profundidad de tus prisiones personales, no dejes de confiar en Cristo y cantar a su nombre. El perdón de Cristo es la llave que abre las puertas de todas nuestras prisiones y nos da su libertad.
University A Capella Choir, que nada acalle vuestras voces. Que ellas sigan anunciando constantes a Cristo hasta el momento que él venga a buscarnos y nos unamos a aquel coro celestial que cantó aquella fría noche de Belén. IELE, que tu voz siga sonando clara y nítida anunciando el Evangelio de Jesucristo en estas tierras españolas.
Jesús es el centro y motivo de nuestra canción

No dejes de caNtar, pues tienes sobrados motivos para hacerlo. Alégrate, pues Cristo ha dado su vida por ti en la cruz. Te ha rescatado, te ha perdonado y te ha dado la vida eterna. No dejéis de cantar. No importa donde estéis, cual sea vuestro estado de ánimo, o cual sea la situación. Ya sea que estés triste, ya sea que estés alegre. Alabad a Dios, orad, recordad su Palabra, recibid el sacramento, pues el Señor confortará vuestras almas y fortalecerá vuestra fe en Cristo Jesús, Señor nuestro. Amén
“Alabad al Señor, naciones todas; pueblos todos, alabadlo, porque ha engrandecido sobre nosotros su misericordia y su fidelidad es para siempre”. Salmo 117
AMÉN

Pastor Walter Ralli

domingo, 21 de junio de 2009

3º Domingo de Pentecostés.

Escudriñad las Escrituras... ellas son las que dan testimonio de mí Juan 5:39a La fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios Ro. 10:17

3º Domingo de Pentecostés

“No temas, Dios está contigo”

Textos del Día:

Primera lección: Job 38:1-11

La Epístola: 2 Corintios 6:1-13

El Evangelio: Marcos 4:31-40

Sermón

No hemos tenido muchas tormentas esta primavera. En lo que respecta a Madrid necesitamos tener lluvias para abastecernos de agua y es algo que se reconoce públicamente, pero la mayoría de las personas solo desean la lluvia, no quieren saber nada con las tormentas, ni con rayos ni fuertes vientos. Pues bien, en las lecturas del día de hoy tenemos tormentas y de las buenas.

En el relato de Job, Dios habla a Job desde una tormenta (algunas traducciones lo traducen como torbellino). A esta altura de la historia, Job ha querido confrontar a Dios con el problema que tiene. Recuerde que Job fue un hombre muy rico con una gran familia y el libro relata de cómo perdió todo, sus riquezas, su familia, su salud porque no a sus amigos. Justamente sus amigos son los que se sientan alrededor de él y le dicen que todas estas cosas que le han ocurrido son una especie de castigo por el pecado que hay en su vida, que si no es por algún pecado manifiesto, seguramente será por algún pecado oculto del cuál Job no es consciente. Pero Job insiste en que no es por algo que él haya hecho, que no merece la tormenta de problemas que le ha caído sobre sus espaldas. Él manifiesta que si podría presentar su caso ante Dios, seguramente obtendría las respuestas que necesita para entender su situación. Nuestra lectura de Job es el comienzo de la respuesta de Dios a Job “en medio de su tormenta”. Finalmente, en la mitad de la tormentosa vida de Job, Dios le habla. Sólo que las palabras que Job oye no es la respuesta que Job estaba esperando. Nosotros tampoco quedaríamos satisfechos y felices con esta respuesta de parte de Dios. “¿Quién eres para cuestionarme?” le dice Dios, “¿Dónde estabas cuándo yo creé todo? Yo soy el que ha hecho todo. ¿Estabas allí cuándo creé todo lo que ves?”

Dios pone a Job en su lugar. No es justamente el tipo de respuesta que deseamos que Dios nos dé en medio de nuestras dudas y conflictos. Porque no hay compasión o consuelo en ellas. Es como si clavase otro puñal más en la espalda de Job y en la nuestra. Dios no contesta a las preguntas de Job de por qué él sufre semejantes tomentos. Dios no justifica sus acciones, ni las apacigua. Y para nuestra sorpresa, en lugar de explotar de rabia Job se inclina de modo respetuoso entre la humildad y el miedo y eso que sus tormentas aún no fueron calmadas por Dios.

En la lección del Evangelio de hoy, la tormenta es un poco diferente. Marcos 4:35-41 Aquel día, cuando llegó la noche, les dijo: Pasemos al otro lado. Y despidiendo a la multitud, le tomaron como estaba, en la barca; y había también con él otras barcas. Pero se levantó una gran tempestad de viento, y echaba las olas en la barca, de tal manera que ya se anegaba. Y él estaba en la popa, durmiendo sobre un cabezal; y le despertaron, y le dijeron: Maestro, ¿no tienes cuidado que perecemos? Y levantándose, reprendió al viento, y dijo al mar: Calla, enmudece. Y cesó el viento, y se hizo grande bonanza. Y les dijo: ¿Por qué estáis así amedrentados? ¿Cómo no tenéis fe? Entonces temieron con gran temor, y se decían el uno al otro: ¿Quién es éste, que aun el viento y el mar le obedecen?

Esta tormenta no es menos real que la tormenta que afrontó Job y no menos real que las que ocurrieron a comienzo de año en España, con grandes vientos y fuertes trombas de agua: Una tormenta verdadera, con consecuencias verdaderas. Los discípulos temen ahogarse en el lago. Si alguna vez has estado en un barco o bote en medio de un lago o río agitado por una tormenta, sabrás a que le temen los discípulos. Ver como las olas aumentan de tamaño e intensidad y comienzan a saltar por encima de los lados del bote, es pensar que el bote en cualquier momento se hundirá. ¿Qué harías? ¿Nadar? pero cómo saber hacia dónde ir, cómo mantenerse a flote con la lluvia y viento. El miedo es real. Los discípulos tuvieron miedo… temían por sus vidas. ¡Qué contraste con Jesús que también estaba esa noche en el bote! Lo vemos que duerme en un bote que se llena de agua y está a punto de hundirse. Finalmente los discípulos no pueden soportar más el miedo. Y recurren a Jesús echándole en cara su inactividad en tal situación. Estaban cara a cara con la muerte y a Jesús no parecía importarle. Así es que le despiertan. “¿Cómo puedes dormir mientras nos pasa esto? ¿No te importa si nos ahogamos? Existe un verdadero peligro para nuestras vidas y simplemente te la pasas durmiendo”. Jesús no contesta su pregunta pero habla directamente al viento y al agua. “Calla, enmudece”. Y me imagino que miró a los discípulos como diciendo “esto es también para ustedes”. El viento y las olas cesaron instantáneamente. Tan pronto como Jesús habló el viento dejó de soplar y las ondas de agitarse.

Es un gran contraste entre una gran tormenta y una gran quietud y en un solo instante. La fuente del gran contraste que se ve es Jesús. El que dormía con gran calma se despierta para calmar la tormenta.

Me he preguntado sobre las conexiones entre los textos de hoy. Job 38:8-11 ¿Quién encerró con puertas el mar, Cuando se derramaba saliéndose de su seno, Cuando puse yo nubes por vestidura suya, Y por su faja oscuridad, Y establecí sobre él mi decreto, Le puse puertas y cerrojo, Y dije: Hasta aquí llegarás, y no pasarás adelante, Y ahí parará el orgullo de tus olas?
El dominio de Jesús sobre la naturaleza es espectacular, les habla a las olas y ellas solo obedecen.

Solo es necesario mirar el asombro de los discípulos y su respuesta. Lo curioso es que no pierden su miedo sino que ahora el origen del mismo es Jesús. Y se hacen una preguntan muy importante. “¿Quién es este? ¿Quién es este que en un momento duerme y al siguiente controla la tormenta?” Es cuestión de fe y temor. : ¿Por qué estáis así amedrentados? ¿Cómo no tenéis fe? Les pregunta Jesús. Con el paso del tiempo los discípulos serían testigos de que él es el Cristo, pero por ahora no sabían exactamente quién era él. Es por eso que en ese bote vieron todo lo que necesitaban ver por el momento. Jesús durmiendo, claramente era un ser humano que necesitaba descansar. Él comió, durmió, bebió, caminó y habló con ellos todos los días de su ministerio. Él fue tan humano como lo fueron sus discípulos. Pero él controló las olas del mar mucho más fácil de lo que ellos controlaban sus redes para pescar. Él fue el que colocó el límite a las olas de la mar. Porque Jesús es Dios, Jesús es la Palabra de Dios en centro de la tormenta como lo hizo con Job, así como lo hizo en la creación para ordenar el caos y dar comienzo a la tierra y toda la vida en ella.

Notemos que este texto no trata de cómo Jesús calma las tormentas de nuestra vida. Por más que deseemos que eso sea verdad, Dios nunca promete que la fe en él nos aislará de los padecimientos o de las malas cosas en nuestras vidas. Observemos nuevamente a Job. Él sufrió mucho, pero nunca supo por qué sufrió. Él nunca supo el propósito de sus desgracias. Job fue un hombre de gran fe. A menudo solo lo vemos como un hombre paciente pero realmente su libro nos habla sobre su fe… dónde él deja a Dios ser Dios y donde nunca supo por qué él sufrió en carne propia las tormentas que le cayeron sobre sus espaldas. El Evangelio trata de Dios siendo Dios. Se trata de Jesucristo siendo verdaderamente Dios y siendo verdaderamente hombre. Y de cómo Dios reconcilió la verdadera causa de las tormentas en el mundo enviando a Jesús. Las tormentas de este mundo, los problemas sociales, personales y familiares son fallas nuestras. El pecado es la raíz. El pecado causa dolor y separación. El pecado causa muerte. Estar en pecado, lo cuál todos nosotros lo estamos, es tener una relación tempestuosa con Dios, con nuestros prójimos y con nosotros mismos, en lugar de una perfecta armonía. Y esa relación tempestuosa quiere decir que no merecemos nada de parte de Dios, especialmente su protección y su presencia en las tormentas que creamos. Pero él vino a pesar nuestro, en Jesucristo. Jesús calma la tormenta entre Dios y el hombre, tomando en lugar nuestro el castigo que merecíamos. Él nos trae la presencia de Dios, sufriendo, muriendo y resucitando.

Por eso Pablo escribe “Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación; que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación 2 Corintios 5:18-19. Este es el contenido de nuestra fe. Esta es la cosa más importante que creemos. La Cristiandad se trata específicamente de quién es Jesús, el Cristo, y lo que él ha hecho por nosotros. El hecho que él viniese a unir nuevamente a Dios con el Hombre, a vivir una vida perfecta por ti y por mí, a sufrir y morir en la cruz por el pecado humano. A fin de reconciliarnos con Dios asumiendo sobre sí el castigo del pecado, sufriendo el tormento del infierno en la cruz por nosotros. Pero cuando las tormentas de la vida se reúnen alrededor nuestro olvidamos quién es Jesús. En ocasiones, tal vez, no se nos olvida, pero vivimos como si lo qué Él es no tuviese importancia o trascendencia en nuestra vida. Y es esto lo que nos coloca en el bote con los discípulos, teniendo miedo de la tormenta. Nuestras tormentas no son solo las nubes oscuras que se avecinan en el horizonte, sino que son las que causan revuelo en nuestras familias, esas cosas que parecen destrozarnos anímicamente. No importa cuán duro intentemos luchar contra ellas, parece que todos nuestros intentos por cambiar o huir de las
tormentas son en vano. Tememos no tener nunca más una familia entera. Qué decir de las enfermedades que son crónicas y ni hablar de las amenazas que se azotan en forma de crisis financieras. Las tormentas vienen de distintos frentes, sea un problema en el corazón o una enfermedad que golpea sin previo aviso, la tormenta de estar tan ocupado que no puedes detenerte ni siquiera para apreciar cómo crecen tus hijos. Si ves que esas tormentas te asustan sin duda tendrás ganas de gritar: “Dios porqué no haces algo para qué no ocurra esto, tengo miedo y parece que no estás haciendo nada para evitarlo” Si esta es tu situación es porque, así como los discípulos, has olvidado quién es realmente Dios. Nos olvidamos de que él está en el centro de la tormenta. Nos olvidamos de Jesús y de lo que él nos promete en esas situaciones.

Jesús sabe de nuestras tormentas porque él no es un Dios que da un paso hacia el costado y nos envía relámpago desde el cielo. Él es un Dios que se hizo hombre y vivió entre nosotros. Aquí, en medio de nuestras tormentas, en medio de nuestros sufrimientos, en medio de nuestro dolor. Jesucristo sabe lo que es sufrir todo eso en carne propia. Él sufrió, así como los hacemos tu y yo y más aún. Él sabe de la tormenta de separación causada por la muerte. Él lloró en la tumba de Lázaro, sabe de la tormenta causada por la enfermedad. Él caminó entre las multitudes que lo buscaban para que los curase. Él tuvo compasión en ellos, pero no los sanó a todos. Jesucristo conoce tus tormentas. Él puede y se hace cargo de nosotros. Él es Dios. Él es el mismísimo Dios que creó todo. Él es el Dios que colocó los límites al mar y formó las montañas con sus mismas palabras. Él está al mando de todo, desde el pequeño movimiento del ala de la mariposa, la formación de nubes hasta las olas que bañan las playas. Ese es Jesús, que estando en el bote con los discípulos calmó la tormenta, solo con su palabra.

Es importante que sepas que él no siempre calma las tormentas. Job tuvo que sufrir un largo tiempo. Tú y yo tenemos tormentas que nunca parecen terminar. ¿Qué está haciendo Jesús en ese tiempo de sufrimiento y temor? Pues bien, en primer lugar no nos ha dejado solos para que nos ocupásemos de las tormentas de nuestra vida, aunque no las haga desaparecer, él está con nosotros. Jesucristo, murió y resucitó por nosotros, nos ha provisto de dones especiales para ayudarnos a sobrellevar la tormenta. Éstas son cosas que él nos da de manera gratuita y abundante. Y nos los da aquí mismo.

Aquí mismo en este lugar él dirige su palabra hacia ti y hacia mi. En la tormenta o en la calma, semana tras semana, mes tras mes, año tras año, sus mismas palabras de consolación y fuerza nos son dadas. ¿Qué es lo que nos dice? Él le nos da sus promesas. Promete que él siempre estará con nosotros, no estaremos solos en la tormenta. Jesús está con nosotros dondequiera que estemos. Los discípulos estaban en el bote con Jesús. Por la tormenta no era algo por lo cual preocuparse. Repetidas veces Jesús te hace esa promesa. “Y Jehová va delante de ti; él estará contigo, no te dejará, ni te desamparará; no temas ni te intimides.” Deuteronomio 31:8.

Dios no promete libertad de tormentas o agobios si promete que él te ayudará a soportarlos. “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas”. Mateo 11:28-29. Éstas son el tipo de promesas de promesas de Dios para ti, que están dadas en su palabra. Y no te olvides de que esas promesas son ciertas y firmes para ti porque él así lo ha expresado. Si tienes dudas, solo tienes que recordar tu bautismo y disfrutar de sus promesas. Allí Dios te ha extendido su mano y te ha librado de tus tormentos. Allí te ha hecho su hijo. “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; 20 enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén”. Mateo 28:19-20. Esta promesa de estar con nosotros se manifiesta de manera segura y real en el altar. Aquí él viene a nosotros en su cuerpo y su sangre, por medio de la Palabra y el pan y vino.

En medio de nuestras tormentas podemos aferrarnos a Jesucristo, tendemos nuestra mano y nos dirigimos “al mismo trono de Dios”. Somos tocamos por él y le vemos… y es allí dónde nos da fuerza por medio de esta comida para superar las tormentas, pero no es la fuerza para soportar por nuestro propio esfuerzo, sino la fuerza para aguantar porque él da su promesa y la sostiene hasta el fin.

¿Desaparecerán las tormentas? ¿Jesús siempre se pondrá de pie y “reprenderá” a las tormentas que nos amenazan? No. La vida estará llena de días tempestuosos. Véase lo que esa tormenta le hizo a los discípulos. Aprendieron la lección de recurrir a Jesús en sus tormentas. Necesitaron que se les recuerde quién es él. Eso es lo que las tormentas de nuestra vida nos hacen a nosotros.

Nos recuerdan que no podemos ir por esta vida solos. Nos recuerdan que Dios está en el control de todo lo que nos acontece. Nos recuerdan que necesitamos depender de él cada vez más, todos los días de nuestra vida. No abandones tu barca, Jesús está contigo para acompañarte en medio de las tempestades de tu vida. Puedes estar seguro de ello, porque has sido perdonado de todos tus pecados en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén

En Cristo. Pastor Gustavo Lavia.

domingo, 14 de junio de 2009

2º Domingo de Pentecostés.

Escudriñad las Escrituras... ellas son las que dan testimonio de mí Juan 5:39a La fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios Ro. 10:17

“Unidos en Cristo, proclamamos fielmente”

Textos del Día:

Primera lección: Deuteronomio 5:12-15

La Epístola: 1 Corintios 4:5-12

El Evangelio: Marcos 2:23-28

5 Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo como Señor, y a nosotros como vuestros siervos por amor de Jesús. 6 Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo.
7 Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros, 8 que estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados; 9 perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos; 10 llevando en el cuerpo siempre por todas partes la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestros cuerpos. 11 Porque nosotros que vivimos, siempre estamos entregados a muerte por causa de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal. 12 De manera que la muerte actúa en nosotros, y en vosotros la vida.

Sermón

Pronto vienen los problemas. Ellos acuden sin cita previa. Nuestra humanidad es capaz de grandes emprendimientos, pero a la vez de aportar grandes desastres y conflictos. Una palabra mal entendida, un mal gesto o a destiempo, un e-mail con un tono o una respuesta que no esperábamos, una actitud o acción contraria a la que tenemos por norma en nuestra mente, todo eso puede ser causa de conflictos.

El corazón de todo ser humano genera y abriga discordias, envidia, celos, rivalidad, orgullo, afán de protagonismo; deseo de reconocimiento, de gloria y poder; ambiciones desmedidas y distorsionadas, preferencias, etc. Esto es así, y no es una noticia muy alentadora, lo sé. Sin embargo es real y verdadera. Pero es esta mala noticia es la que nos lleva a la Buena Noticia, al Evangelio de Jesucristo.

Conflictos en la vida de fe de las iglesias

Las comunidades cristianas no están exentas de que esta conflictiva naturaleza humana se manifieste en ellas. Hoy vamos a meditar sobre la epístola que Pablo, inspirado por Dios, le escribe a la Congregación de Corintios, a fin de examinar nuestra vida y reorientarla una vez mas a la luz de la Palabra de Dios.

A poco que el apóstol Pablo predicaba el Evangelio de la verdad, venían problemas, conflictos, rivalidades y por supuesto, la joya de la corona “las falsas doctrinas”, para destruir el trabajo. Pablo tuvo que aguantar ser desacreditado como apóstol al ser comparado con los llamados irónicamente “superapostoles” que eran elocuentes predicadores de mentiras. Luego de años de entrega y trabajo, de un momento para otro su ministerio es cuestionado porque llegaron personas mas “guays” con mensajes “mas guays”.

Las llamadas cartas de las lágrimas de Pablo a los Corintios expresa la angustia por aquellos que están siendo víctimas de sus propias inclinaciones y de aquellos aprovechados ávidos de una plataforma o púlpito para exhibir sus persuasivas doctrinas personales tan atractivas para las masas. Hoy el Señor nos quiere advertir de este asunto para que nuestra fe se refugie única y exclusivamente en Cristo y así crezca.

No nos predicamos a nosotros mismos:

El objeto, el tema, el centro, el contenido del mensaje que anunciaban los apóstoles no eran ellos mismos. Esto es realmente asombroso y difícil de realizar, ya que nuestra humanidad desea también ser objeto de predicación: ¡qué buenos somos! ¡que bien lo he hecho ¿lo haz visto?! ¡Para ser feliz tienes que hacer como yo! Y no solo desea ser objeto de alabanza sino que también se lanza con nuevas e innovadoras ideas y doctrinas para incorporar a las quizás ya desfasadas, y por lo tanto poco atractivas, que ofrece Dios en su Palabra. Recetas y más recetas basadas en la capacidad y experiencia personal del ser humano que se pretenden ensalzar como normas aplicables a otros o modelos de religión.

Los apóstoles hablaban, sí, porque está escrito “Creí, por lo cual hablé” “nosotros creemos, por lo cual también hablamos” 2ª Co. 4:13, esa es la misión del cristianismo. Pero lo verdaderamente importante de la oportunidad de hablar no es exaltarnos a nosotros y nuestras particulares ideas, sino trasmitir el mensaje de Cristo. No debemos desvirtuar el mensaje de Cristo ni llamar la atención hacia otro asunto que no sea Cristo. Pues solo él salva y no nosotros mismos.

¿Por qué hace falta aclarar esto?

Pablo se vio en la necesidad de aclarar que los cristianos “no nos predicamos a nosotros mismos” porque es evidente que nuestra inclinación natural tiende a eso y necesitamos ser concientes para ponerle un freno. La gloria personal, el afán de protagonismo, de reconocimiento y admiración a nuestra personas pide su cuota de alimentación. Esto nos juega una mala pasada. Por esto hay tanto “maestro de fe”, y cada uno “con su librito”. Abundan las prédicas de todo tipo, el mercado de los mensajes variopintos abruman. El afán de exaltar al ser humano es un proyecto que no necesita mucho patrocinador y las comunidades cristianas parecen blancos tentadores para tal propósito.

Pero es que vivimos en un sistema que nos dice que la propaganda de uno mismo importa mucho a la hora de ser aceptado y reconocido en los distintos ambientes. “¡necesitamos hacernos un lugar en el mundo”!. Darnos a conocer, anunciarnos, vendernos a nosotros mismos y a nuestros talentos, virtudes y capacidades es lo que abre las puertas al éxito en este mundo. Vivimos en un mercado comercial, donde nuestra imagen “vende”. Y para ello es muy importante “Quien es el que habla y cómo lo dice” y no tanto “qué es lo que dice u ofrece”.

Nuestra sociedad año tras años se llena de referentes que se anuncian a sí mismos como productos a consumir. Si Hanna Montana hace tal o cual cosa, millones de adolescentes están ansiosos de repetir sus frases y seguir sus pisadas sin mucha reflexión de lo que ello signifique.

Pero los adultos también “adolecemos” y a menudo aparcamos para tiempos mejores nuestra sensatez y caemos en la trampa de no reflexionar los mensajes, sino que los aceptamos sin más según de quien venga. Si lo dice la ciencia, palabra santa, si lo dice “la iglesia” ¡cuidado! Si lo dice “el más guay del Paraguay” hay que imitarlo y tenerlo, si lo dice un pobre infeliz, seguro que ni caso. En ocasiones solo quedamos anonadados ante el envase, sin prestar mucha atención al contenido que compramos y consumimos. Así es como el mercados publicitario nos exige mostrar cosas que llamen la atención y dejen cautivado a los oyentes ¡luego se verá lo que se le ofrece o lo que quieren!. La iglesia es susceptible de caer en esto y exaltar su humanidad a favor de mostrarse atractiva pero en detrimento del mensaje de Cristo. Por eso Pablo remarca “no nos predicamos a nosotros mismos”.

El modelo de éxito

El modelo de éxito de hoy día, de esplendor, gloria, placer, poder, se contrapone al modelo del reino de Dios, que es llamado “modelo de la cruz” donde no hay gloria aparente. Y no debemos olvidar que la Divina empresa que administramos la lleva el Espíritu Santo, y que el mensaje que anunciamos pertenece a Dios y lo que tenemos para ofrecer es a Cristo. Con esto digo que no demos cambiar el modelo de la cruz para remplazarlo por otro, porque sencillamente estaríamos dejando la empresa de Dios para montarnos la propia y usando fraudulentamente el nombre de iglesia cristiana.“estos son falsos apóstoles, obreros fraudulentos, que se disfrazan de apóstoles de Cristo. Y esto no es sorprendente, porque el mismo Satanás se disfraza de Ángel de Luz. Así que no es extraño si también sus ministros se disfrazan de ministros de justicia; cuyo fin será conforme a sus obras”. 2ª Co. 11:13-15

Si vemos un poco de tele, nos damos cuenta de que los “opinólogos” abundan y se constituyen en referentes dando cátedra de cuanto se le ponga en la mesa. Concursantes de reality shows sentados en platós de TV hacen circular sus mensajes convirtiéndose en mentores solo por ser producto de la industria del “famoseo”.

Pero esto ya viene de lejos. La figura del “más popular de la clase”, aquel que ejerce influencia desmedida sobre los demás por haber alcanzado un puesto en la “manada” a base de demostrar su fuerza y poder, dominando y sometiendo al resto a sus encantos, es lo que se sigue buscando.

Seguimos referentes de moda, de consumo, e incluso muchas veces de masa. Estos generan mucha presión y quedarnos fuera sería darle una patada en el trasero a nuestro amado ego ¿Y quién está dispuesto a quedarse a fuera de la movida? Vamos detrás de la novedad, como hacían los residentes de Atenas (Hechos 17:21).

Así también los lideres cristianos y las congregaciones pueden caer en lo mismo. Necesitan renovarse o “morir” dicen algunos. Y es verdad que los códigos y la forma de comunicación van cambiando y es necesario estar atentos y abiertos a ellos. Renuevan estilos, ideas, etc., pero lo trágico de esto es que en su carrera hacia el éxito muchos se olvidan de que son mensajeros de “un mensaje” inalterable. Lo que nos se puede es cambiar los principios de honestidad, fidelidad y lealtad al mensaje que, que no es nuestro, sino de Cristo. Que el mensaje no puede ser el objeto de renovación. El contenido de la palabra, como la Palabra misma permanece para siempre y es el mismo ayer, hoy y siempre. En el afán de tener éxito y ganar masas muchos intentan cambiar el mensaje para hacerlo más agradable al oído del oyente “pues vendrá tiempo cuando no soportarán la sana doctrina, sino que, teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias pasiones, y apartarán de la verdad el oído”. 2ª Ti. 4:3-4 (ver Efesios 4:14)

Y este problema se encontró Pablo en Corintios “pero me temo que así como la serpiente engañó a Eva, vuestros sentidos sean de alguna manera también extraviados de la sincera fidelidad a Cristo, porque si viene alguno predicando a otro Jesús que el que os hemos predicado, o si recibís otro espíritu que el que habéis recibido, u otro evangelio que el que habéis aceptado, bien lo toleráis. Creo que en nada he sido inferior a aquellos “grandes apóstoles, pues, aunque sea tosco de palabras, no lo soy en conocimiento” 1ª Co. 11:3-6

La fidelidad a Cristo y a su Palabra:

Pablo necesitó remarcar el principio de fidelidad a la Palabra: “por lo tanto, que los hombres nos consideren como servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios. Ahora bien, lo que se requiere de los administradores es que cada uno sea hallado fiel” 1ªCo. 4:1-2. Y advertía de lo importantísimo de este tema a los nuevos pastores como Timoteo: “Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto te salvarás a ti mismo y a los que te escuchen” 1ª Ti. 4:16

Pablo se desmarca de los apóstoles fraudulentos diciendo: “pues no somos como muchos que se benefician falsificando la palabra de Dios, sino que con sinceridad, como de parte de Dios, y delante de Dios, hablamos en Cristo”. 2ª Co.2:17 Muchos falsifican, fuerzan, y cambian deliberadamente la Palabra para colar sus propias consignas y que parezcan de Dios. Nuevas revelaciones personales, apariciones, estrategias “inspiradas”, parecen ser buenas medidas para un mundo cambiante y un mercado en constante innovación. Intentos de estirar como chicle la doctrina de Cristo para amalgamarla con las nuevas tendencias de los tiempos. Todo esto trae un beneficio aparente y pasajero a quienes lo hacen. De echo somos testigos de cómo esto sucede. Sin embargo Pablo dice: ¡Pues nosotros no! “Renunciamos a lo oculto y vergonzoso, no andando con astucia, ni adulterando la palabra de Dios. Por el contrario, manifestando la verdad, nos recomendamos, delante de Dios, a toda conciencia humana”. 2ª Co. 4:2 Pablo estaba dispuesto a seguir sufriendo antes de que falsificar la Palabra para obtener resultados vanos, pues sabe que el poder está en Cristo y no en él.

Por lo tanto tú, amigo lector, ten cuidado, porque así como no todo lo que brilla es oro, así tampoco todo lo que dice ser cristiano lo es. Por lo tanto imita a los fieles de Berea que: “escudriñaban cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así” Hechos 17:11. El Espíritu Santo te guiará a toda verdad en la palabra de Dios

Pablo, el apóstol de la debilidad al Servicio del poder de Dios.

Pablo en más de una ocasión contó las debilidades humanas por las que pasaba: hambre, persecución, cárcel, Pero ¿quién querrá oír y permanecer en un mensaje de una persona así? La verdad que humanamente no es muy atractiva la vida de Pablo. Es poco comercial llamarse débil y mostrarse débil. Pero ante el gran poder desplegado por los falsos apóstoles él prefiere no ponerse a competir a ver quien es mejor y más elocuente, sino que muestra su debilidad y fragilidad humana. Y dice “si es necesario gloriarse, me gloriaré en lo que es mi debilidad”. Pablo sufrió mucho a causa del mensaje de Cristo, y tanto sufrimiento y problemas parece que le jugó en contra, ya que el éxito personal es lo que se admira y se quiere imitar de las personas. Pero Pablo ponía su propia vida en juego por llevar y trasmitir inalterable el mensaje del Evangelio, que es “poder de Dios para salvación” (Ro. 1:16)

El Apóstol Pablo advierte de que la elocuencia, la persuasión o la habilidad oratoria no es nada si el mensaje que se trasmite no es el evangelio puro. No importa quien lo diga o como lo diga, pues el envoltorio no alimenta sino la comida y sus nutrientes. “Cuando fui a vosotros para anunciaros el testimonio de Dios... ni mi palabra ni mi predicación fueron con palabras persuasivas de humana sabiduría” 1ª Co. 2:1, 4

Pero Pablo no focaliza su ministerio en su persona, sino en el mensaje, que es el de Cristo. “Por eso tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios u no de nosotros” 2ª Co. 4:7 y dice: “No que estemos capacitados para hacer algo por nosotros mismos; al contrario, nuestra capacidad proviene de Dios, el cual asimismo nos capacitó para ser ministros de un nuevo pacto...” 2ª Co. 3:5

Somos seres débiles que predicamos a Cristo como Señor.

“Bástate mi gracia, porque mi poder se perfecciona en tu debilidad” 2ª Co. 12:8 Muy por el contrario de lo que nos puede parecer, el fuerte y poderos es Cristo y su mensaje, pero no nosotros que somos “vasos de barro”, frágiles y débiles, que contenemos un tesoro, poderoso e inalterable, que es el Evangelio de Jesucristo.

Todos nosotros, a quienes nos han encomendado administrar públicamente de la Palabra y los Sacramentos, y a quienes Dios ha llamado a ejercer su sacerdocio universal del creyente dando testimonio de Cristo, somos frágiles en nosotros mismos. No tenemos de qué gloriarnos personalmente y en referencia al evangelio de Cristo, por eso Pablo dice “El que se gloría, gloríese en el Señor” 1ª Co. 1:31. Pues el Señor es quien dio su vida para perdonar los pecados del mundo. Él es quien salva. Él es quien da nueva vida por su Palabra de vida.

El mensaje que le fue encomendado a Pablo sonaba a broma en los oídos de los intelectuales griegos o los religiosos Judíos ¡¿qué Dios se hizo hombre y murió en una cruz para salvarme a mi que se supone soy pecado?! Anda ya Pablo. ¿Y me lo dices tú que andas a los tumbos en tu vida? “La Palabra de la cruz es locura a los que se pierden, pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios” 1ª Co. 1:18

Pero no desmayemos, pues como Pablo “Estamos atribulados en todo, pero no angustiados, en apuros, pero no desesperados, perseguidos, pero no desamparados, derribados, pero no destruidos”. Mantengámonos fieles hasta que Cristo venga en gloria a Buscarnos.

Amén Pastor Walter Ralli

domingo, 7 de junio de 2009

1º Domingo de Pentecostés.

Escudriñad las Escrituras... ellas son las que dan testimonio de mí Juan 5:39a La fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios Ro. 10:17


“En Jesús nacemos cada día”

Textos del Día:

Primera lección: Isaías 6:1-8

La Epístola: Hechos 2:4ª, 22-36


EL EVANGELIO DEL DIA

Juan 3:1 Había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, un principal entre los judíos. 2 Éste vino a Jesús de noche, y le dijo: Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él. 3 Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. 4 Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer? 5 Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. 6 Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. 7 No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo. 8 El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu. 9 Respondió Nicodemo y le dijo: ¿Cómo puede hacerse esto? 10 Respondió Jesús y le dijo: ¿Eres tú maestro de Israel, y no sabes esto? 11 De cierto, de cierto te digo, que lo que sabemos hablamos, y lo que hemos visto, testificamos; y no recibís nuestro testimonio. 12 Si os he dicho cosas terrenales, y no creéis, ¿cómo creeréis si os dijere las celestiales? 13 Nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo; el Hijo del Hombre, que está en el cielo. 14 Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, 15 para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. 16 Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. 17 Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.

Sermón

Hay momentos en que la vida se nos vuelve monótona, aburrida y vacía, generalmente ocurre cuando hacemos lo mismo de manera cotidiana. Realizamos actividades pero esa no encontramos la motivación interior para realizarlas.

Nos ocurre en tantos aspectos diferentes de nuestras vidas. En nuestros trabajos por ejemplo.
Realizamos nuestras actividades. El problema es cuándo realizamos estas actividades una y otra vez, un año, dos años, veinte o cuarenta años (aunque este tipo de trabajo y cualquier otro ya escasean). Como la mayoría de los comienzos, el trabajo nos resulta excitante, pero con el tiempo el entusiasmo se pierde ese sentimiento inicial y las satisfacciones son cada vez menores. Los trabajos pueden volverse tediosos y aburridos. Es así que no solo el trabajo se vuelve tedioso y sin sentido, sino que nosotros mismos, podemos llegar a vernos sin sentido en esta vida.

Lo mismo puede ocurrir en la escuela. Para muchos hubo momentos en que no se encontraba entusiasmo en estar allí. Especialmente en tardes de mayo o de principios de junio, donde vivíamos las últimas semanas de escuela. Ya nos habíamos cansado de haber tenido al mismo maestro por casi nueve meses y las motivaciones estaban más en el tiempo vacacional o piscina que en las aulas.

Lo mismo puede ocurrir en el matrimonio. Quizá en el inicio de su matrimonio hubo emociones y expectativas, pero el tiempo transcurre imperceptiblemente y ese entusiasmo que estaba, ya no e lo ve por allí. El matrimonio comienza a convertirse en una rutina, donde muchas cosas suenan un poco repetitivas. Aquellos que llevan casados mucho tiempo, muchas veces evitan hablar de ciertos temas con su pareja porque saben qué cosas se les va a responder al transcurrir solo dos minutos se sabe dónde va a terminar la charla. En medio de discusiones se piensa o dice: “cariño, otra vez sobre este tema. Ya no quiero hablar más del tema. Hemos discutido sobre esto unas 1.000 veces”. Sabemos que estas cosas y otras más, nos llevan a perder la motivación y alegría en nuestros matrimonios.

Esto también puede ocurrir en su vida religiosa, en su relación con Dios, donde se ha maravillado con la intervención de Dios una y otra vez. Al asistir el domingo mañana a la Iglesia, quizá has experimentado las mismas rutinas, las mismas oraciones hechas por otras personas hace tiempo y las mismas viejas liturgias y los mismos sermones que parecen repetidos, dichos por el párroco que ha envejecido contigo, con los mismos antiguos himnos y hasta quizá te sientas en el mismo banco de iglesia, con las mismas personas que sujetan los mismos himnarios marcados por el tiempo. Hasta parece que domingo tras domingo es lo mismo. Es así que llega un tiempo en la vida religiosa en donde uno comienza dejar de disfrutar de la presencia de Dios y por contrapartida comienza a sentir que la motivación interior ha desaparecido.

Estás son solo imágenes de algunos aspectos de nuestro diario vivir… el trabajo, la escuela, el matrimonio y la religión. Sin duda que estos ejemplos alcanzan para saber que la vida puede convertirse ciclo repetitivo y aburrido, haciendo lo mismo de siempre, una y otra vez. Es así que nos acercamos a la historia del Evangelio de Hoy. Nicodemo fue un hombre que realizaba las actividades de la religión oficial pero no habia que algo estaba fallando en sus motivaciones.

Déjeme comentar brevemente algunas cosas adicionales sobre Nicodemo.
Nicodemo fue un hombre, que se cree que rondaba alrededor de los cincuenta años. Materialmente era un hombre distinguido y exitoso en su trabajo. Era un maestro de la ley, un profesor de religión en el templo de Jerusalén. En su relación con Dios, Nicodemo era un hombre que realizaba muchas actividades. Él conocía muy bien la ley de Dios. Era un maestro de la ley, pero su entusiasmo ya no estaba allí. Sabía que su relación con Dios ya no era perfecta.

Así es que Jesús apareció en la ciudad y seguramente Nicodemo había ido a oír a Jesús predicar en el templo u oyó a otros hablar sobre su predicación. Lo seguro es que las palabras pronunciadas por Jesús y oídas por Nicodemo lo afectaron y es por ello que decidió hablar con Jesús.

Es así que Nicodemo fue a la casa de Jesús sobre la medianoche, esto era para que sus colegas en la enseñanza de la Ley lo puedan ver o saber de este encuentro.
Nicodemo sabía que no tenía toda la razón consigo mismo. Sabía que le faltaba algo en su vida o que algo no marchaba adecuadamente. Se sentía fatigado, sus rutinas lo abrumaban, ya no se cuestionaba nada de lo que hacía y no disfrutaba de ello. Se veía viejo y lento. “¿Qué podrá decirme este nuevo Maestro?”

Jesús, con su extraña habilidad de mirar directamente en el corazón de las persona, le dijo en otras palabras: “el problema que tienes, no es que estés viejo o cansado. No es que estás agotado y aburrido. El problema es que no estás cerca de Dios. Te has distanciado de Dios. Nicodemo, necesitas nacer de nuevo.”

Nicodemo contestó: “¿Nacer otra vez? ¿Cómo puedo volver al vientre de mi madre? Vamos, eso es imposible.” Jesús dio a entender que Nicodemo no lo comprendió. “Necesitas nacer de nuevo, necesitas nacer de la alto y esto es algo que solo Dios puede hacer, porque es nacimiento en tu relación con Dios. Necesitas nacer del agua y del Espíritu”. Nicodemo se fue y no se nos dice si entendió o no el mensaje dado por Jesús.

Pero ¿Cómo acaba esta historia? ¿Pudo Nicodemo volver a nacer? ¿Cuál es el final de la historia? Los Evangelios no explican qué sucedió con él en ese momento. Pero tenemos que ir de diecisiete capítulos hacia adelante en el Evangelio de Juan para oír y conocer el de esta historia. En los acontecimientos del Viernes Santo, después de que Jesús había sido crucificado y muere en la Cruz, un hombre rico llamado Jose de Arimatea y otro llamado Nicodemo vinieron a preparar el cuerpo de Jesús para la sepultura. Estos dos hombres tomaron perfumes y las especias para ungir el cuerpo de Jesús antes del entierro. ¿Y Nicodemo? Él estaba allí, realizando este ritual de manera pública, a la vista de todos. ¿Era el viejo Nicodemo?.

No, creo que esta información del Viernes Santo sobre la presencia de Nicodemo nos deja saber que Nicodemo era un discípulo de Jesucristo. Que había nacido de nuevo, nacido de arriba.
Pero ¿Qué quiere decir eso de nacer de nuevo, nacer de lo alto? ¿Qué quiere decir para nacer nuevamente? ¿Para qué es la lección de Dios para nosotros en la historia de Evangelio hoy?
Pues bien, con demasiada frecuencia en la vida, nos distanciamos de Dios. En nuestra relación con Dios, experimentamos rotura y distanciamiento a causa de nuestros pecados, sean de palabra, pensamiento u obras.

Puedes ser una persona que tiene cinco años, quince, veinticinco, treinta y cinco, cuarenta y cinco o los que tenga, te has distanciado de Dios. Incluso un niño recién nacido está distanciado de Dios. Por eso Jesús dice que “Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es”. Las cosas no son perfectas. Los Nicodemos que están leyendo quizá no tengan más de sesenta y cinco años, quizá puedas tener quince años, veinticinco o treinta y cinco, o incluso uno y medio como mi hija que lo está oyendo.

Si vez que las cosas en tu vida no van perfectamente, cuando tu religión se ha convertido en nada más que un ritual, cuando no ves más que una estructura en lugar del obrar del Espíritu perdonando pecados y dando la fe, es que necesitas encontrarte con Jesús, y confesarle que necesitas de su ayuda. Es así que Jesús quiere decirte lo mismo que a Nicodemo: “Es necesario que nazcas de nuevo y de lo alto”.

¿Qué quiere decir para nacer del agua?

En primer lugar no depende de nosotros. Así como no hemos aportado nada a nuestro nacimiento. Ya que ni siquiera hemos pedido nacer y solo hemos dejado que Dios y nuestra madre permitan que nuestro cuerpo se desarrolle de manera milagrosa, en el ámbito espiritual pasa lo mismo. Solo Dios es quien nos da la vida espiritual y la sostiene. Nacemos de padres humanos y nos encontramos alejados de Dios. Esclavos del poder del pecado y sujetos y condenados por la Ley que nos acusa y aleja de Dios y nos condena a la muerte eterna.

Pero el amor de Dios no nos deja allí. Nos busca y rompe esa situación de malestar, pecado y muerte. Por eso Dios nos llama a su presencia en las aguas del bautismo. Para engendrar en nosotros aquello que no poseemos, para hacer algo totalmente nuevo en nosotros. El Espíritu Santo obra en el Bautismo, con el Agua y la Palabra, la fe que no tenemos, la pureza que nunca disfrutamos y la posibilidad de hacer cosas que de otra manera nunca hubiésemos hecho. Esto lo hace porque en el Bautismo nos une a Cristo en su muerte y resurrección (Romanos 6:4). O sea que por medio del Bautismo no solo disfrutamos de una nueva vida aquí en la tierra, sino que se nos abren las puertas del cielo, dónde recibiremos una “herencia incorruptible… reservada para nosotros” (1 Pedro 1:4-5). Si tienes dudas sobre tu nuevo nacimiento solo tienes que preguntarte si has sido bautizado. Allí Dios te responde “SI. Allí te he dado vida y salvación. Me he comprometido a ser tu Dios y a cumplir mis promesas de perdón, vida y salvación”.

En tu bautismo has pasado de muerte a vida, de estar lejos a estar cerca de Dios, del pecado a perdón. Pero ¿Qué tiene que ver ese hecho que ocurrió hace tanto tiempo con mis problemas cotidianos mencionados al comienzo? ¿Cómo me puede ayudar el saber que he nacido de nuevo con mis apatías?

¿Qué produce en mí el haber nacido de nuevo? ¿Cómo puedo aprovecha mi bautismo todos los días? Una de las maravillas del bautismo es que te permite espiritualmente hacer algo que haces en tu vida cotidiana, que es “Cambiarte de ropa”, quitarte la ropa sudada y sucia y ponerte ropas limpias.

El bautismo, el haber nacido de nuevo, nos llama a una acción de quitarnos las ropas sucias y revestirnos de Cristo. Diariamente somos llamados a quitarnos nuestros caprichos, temores, angustias y demás pecados, para que estos no nos controlen. También diariamente somos llamados a revestirnos de Cristo, de su perdón, para hablar y pensar como él. Cristo reside en nosotros desde nuestro bautismo, así que puede ayudarnos en las situaciones desagradables y tensas de nuestra vida (Romanos 8.9-11 y Gálatas 2.20).

Esto es fácil decirlo y hacerlo en el plano de quitarnos la vestimenta cotidiana. Pero en el plano espiritual sabrás que se despierta en nosotros una lucha interna. Por naturaleza no nos queremos quitar las antiguas vestiduras, la antigua manera de vivir. Preferimos seguir quejándonos de los otros a perdonarlo, preferimos que todos estén pendientes de nuestras necesidades a ver las necesidades de los demás y tenderles la mano. Es más fácil quejarnos de nuestros trabajos y pareja en lugar de agradecer a Dios por ellos. Es una lucha diaria y constante.

El bautismo nos ayuda a reconocer que esa parte de nosotros no tiene más poder del que le demos, que Cristo las ha vencido y nos ha dado la victoria sobre ellas. Cristo por medio de su Palabra busca a diario revestirnos de él, a darnos su poder para que lo usemos y vivamos nuestras vidas según su voluntad.

Esta lucha interna en nosotros no nos debe causar dudas o angustias. Porque en primer lugar nos indica que en nosotros hay vida espiritual. La presencia de esta lucha indica que estamos tomando a Dios enserio que nuestra fe está obrando en nosotros.

Otros de los beneficios que nos da el bautismo es el de tener una nueva familia. Al nacer de nuevo tenemos un nuevo Padre, nuevos hermanos en Cristo. Así que ya no estás solo, hay otras personas que viven cotidianamente el nacer de nuevo, quitándose las viejas ropas del pecado y dejando que Cristo los reviste de pureza.

El último punto que me gustaría desarrollar es que el nuevo nacimiento nos permite ser imitadores de Cristo. Aquí podremos decir: “no podemos con nuestra vida y problemas y ahora se nos dice que debemos ser como Cristo”. No es así en primer lugar no es que debas imitar a Cristo, sino que desde tu bautismo “puedes imitarlo” Así como de pequeños nos enseñan las letras para que las copiemos, sabemos que nuestras primeros ensayos no salen muy bien necesitamos mucho tiempo para perfeccionar nuestra caligrafía. Pero se nos anima a que estudiemos y tratemos de copiar el modelo perfecto de letras, que nuestros esfuerzos sean comparados con el original y que tratemos de hacerlo mejor la próxima vez.

El apóstol Pedro escribió: “Pues para esto fuisteis llamados; porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas” 1 Pedro 2:21. La palabra que Pedro utiliza de “ejemplo” se refiere a una linea perfecta de escritura. Es como si nos dijese “piensesn a travez de todos los detalles de las vida de Jesús”. Fijensé cuidadosamente en las veces que se somente a la voluntad de su Padre y usa su vida para servir a otros ccomo su Padre quería que los sirviera. A continuación Pedro da detalles acerca de como hemos de poner en práctica el llamdo de ser hijos de Dios, viviendo como siervos (empleados 2.18), esposas (3.1), esposos (3.7) y como cristianos (3.8-9). A partir de aqui es que puedes salir de tus monotonias cotidianas, sabiendo que en Cristo eres una nueva criatura todos los días, una nueva criatura, todo lo anterior ha pasado, puedes disfrutar día a día de la novedad de vida en Cristo.

En las escuelas llegamos a graduarnos luego de muchos esfuerzo, sacrificios y examines, pero en la escuela de Cristo no terminamos de practicar hasta que Dios nos lleve a su preencia. Pero estate seguro de que y ate has graduado en la escuela de Dios porque todos tus pecados han sido perdonados en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

En Cristo. Pastor Gustavo Lavia.