Escudriñad las Escrituras... ellas son las que dan testimonio de mí Juan 5:39a La fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios Ro. 10:17
Estamos en el de tiempo de Trinidad según una de las dos tradiciones. En la otra es llamado Pentecostés. Es la estación más larga del año ya que va desde el domingo de Trinidad hasta el domingo anterior a Adviento. El domingo de trinidad nació para contrarrestar la herejía antitrinitaria de Arrió. ¡Alabemos al Dios Uno y Trino!
7º domingo después de Pentecostés
“Dios nos revela su sabiduría en Jesús”
Textos del Día:
El Antiguo Testamento: Éxodo 33:12-23
La Epístola: Romanos 7:15-25
El Evangelio: Mateo 11:25-30
11:25 En aquel tiempo, respondiendo Jesús, dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños.11:26 Sí, Padre, porque así te agradó.11:27 Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre; y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar.11:28 Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.11:29 Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas;11:30 porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.
Tema: La sabiduría de Dios es locura para la sabiduría humana.
Objetivo: Que reconozcamos, recordemos y nos alegremos en el poder y sabiduría de Dios.
Sermón
El otro día me puse a ver la peli de Aladdín con mi hija y quedé aleccionado con una escena dónde el malvado hechicero Jafar, tras haberse apoderado de la lámpara mágica, pide al Genio en su segundo deseo ser el hechicero más poderoso del mundo.
Con sus nuevos poderes Jafar se convierte en una serpiente gigantesca y enrolla a Aladdín, quien impotente ve como se consume el tiempo de su amada princesa Jasmine que agonizaba dentro de un reloj de arena.
Desesperado por librarse y rescatar a su amada Aladdín persuade al maligno hechicero de que siempre será un “segundón” ya que el genio de la lámpara era quien le había dado el poder y quien se lo podía quitar. Jafar sin pensárselo mucho gasta su tercer deseo pidiendo al genio que lo convierta en un “todo poderoso genio”.
Su deseo se cumple y en su transformación, y mientras decía: “El universo es mío, bajo mis órdenes y mi control”, Aladdín se libra y rápidamente rompe el cristal del reloj y Jasmine se salva.
Tanto el genio como Jasmine cuestionan a Aladdían haber dado la idea a Jafar para convertirse en un todo poderoso genio, pero es que a esas alturas yo también me había olvidado de que el Genio de la lámpara había dicho al principio de la peli que los genios reciben “poderes Cósmicos y un espacio chiquitín para vivir”.
La codicia desmedida atrapó a Jafar confinándolo a vivir esclavo y reducido en una lámpara. Consiguió tal poder pero quedo preso de su ambición.
¿Dónde nos lleva la ambición desmedida y descontrolada por querer el poder total sobre todo?
NUESTRAS CODICIAS HUMANAS
En una época claramente rendida a los pies de la aparentemente “todopoderosa e incuestionable” ciencia y tecnología, ya poco lugar se le deja a la fe. La capacidad del ser humano pretende estar por encima de la idea de Dios. La codicia de poder y control total sobre todo es un proyecto de vida que marca muchas agendas.
Al menos los antiguos dejaban en sus planteos la posibilidad de que exista aquello que no conocían: “al Dios no conocido” rezaba un cartel en el panteón de los atenienses. Ante la inmensidad y complejidad del ser, oímos hasta el cansancio aquel “solo sé que no sé nada” que hoy ya solo asoma como una frase anecdótica a la cual ya pocos se adhieren, es más, muchos “sabios” dan por sentada la no existencia de Dios y su poder creador.
Es verdad que los tiempos cambian y si mi bisabuela se levantase de su tumba y viese que con internet tienes acceso a lo inimaginable y más, supongo que pensaría que resucitó en un planeta distinto al que hubo vivido. Pero a la vez que parece que nuestro poder y control no tiene límites, la arrogancia va carcomiendo nuestro ser y pretendemos más y más del poder sobre la vida. Ya la idea de un Dios superior a nosotros incomoda, pues es una competencia al ambicioso poder absoluto del ser humano.
CREYENDO SER SABIOS SE HICIERON NECIOS
Jesús declara hoy en el Evangelio algo sorprendente: que Dios, Señor del cielo y de la tierra, ocultó cosas al parecer fundamentales, a los sabios y entendidos de este mundo y sin embargo se las reveló a los niños. ¿Por qué hizo esto? ¿Cuáles son aquellas cosas? Da la sensación de que éstos sabios cuelan el mosquito pero se tragan el camello.
¿Por qué privó a los sabios y entendidos de cosas fundamentales?
En verdad es por el envanecimiento de los seres humanos mismos. Creyendo ser sabios, se hicieron necios. Cayeron presos de sus propias codicias. Se han hecho esclavos de su propia ambición. Quedaron confinados a tener un gran poder en un espacio muy reducido, en una lámpara en la cual solo se ve una porción pequeña del mundo.
La ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad, porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó. Lo invisible de él, su eterno poder y su deidad, se hace claramente visible desde la creación del mundo y se puede discernir por medio de las cosas hechas. Por lo tanto no tienen excusa, ya que habiendo conocido a Dios, no lo glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias. Al contrario, se envanecieron en sus razonamientos y su necio corazón fue entenebrecido.
Pretendiendo ser sabios, se hicieron necios, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible por imágenes de hombres corruptibles, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles. Romanos 1:18-23
No hay capacidad de percibir los milagros
En la perícopa precedente el Señor Jesús, al observar las ciudades en las cuales había hecho mucho de sus milagros, las reprende por no haberse arrepentido de sus pecados. Seguro que por causa de su codicia, de su egoísmo, de su vanagloria y orgullo, que al fin y al cabo son las cosas que nos enceguecen y nos privan de arrepentimiento y por ende del perdón y la paz de Dios.
El inconveniente ya no es si hay milagros o no, el tema planteado por Jesús va más allá, ya que incluso los milagros que él mismo en cuerpo presente hizo no movieron ni un pelo de mucho de los espectadores. El problema está en el corazón del ser humano que desechan a Dios y su sabiduría.
La palabra de la cruz es locura para los que se pierden, pero para los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios, pues está escrito: “Destruiré la sabiduría de los sabios y frustraré la inteligencia de los inteligentes”. ¿Dónde está el sabio? ¿Dónde está el escriba? ¿Dónde está el que discute asuntos de este mundo? ¿Acaso no ha enloquecido Dios la sabiduría de este mundo? Puesto que el mundo, mediante su sabiduría, no reconoció a Dios a través de las obras que manifiestan su sabiduría, agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicción. Los judíos piden señal y los griegos sabiduría, pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, para los judío ciertamente tropezadero, y para los gentiles locura. En cambio para los llamados, tanto judíos como griegos, Cristo es poder y sabiduría de Dios, porque lo insensato de Dios es más sabio que los hombres, y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres. 1ª Co. 1:18-25
LA REVELACION DE DIOS
Jesús se revela a los niños
¿Quiénes son estos niños sin mucho entendimiento propio pero con una revelación fundamental de parte de Dios? Los niños son aquellos necesitados, aquellos que reconocen sin mayor problema la dependencia al Padre Celestial. Son aquellos que con fe simple confían en un Dios todopoderoso y ven en Cristo a su Salvador. Los niños son todos aquellos enfermos que necesitan del doctor Jesucristo. Son todos aquellos que se ven y sienten pecadores y buscan su justicia en Cristo y no en sí mismos.
Son aquellos que artos de correr sin sentido tras cosas que consumen vanamente la vida, desesperan de sí mismos. Y así se renden ante una implacable ley natural y celestial que nos muestra como seres finitos, carentes y necesitados de un Padre Celestial y amoroso, el cual corre a prisa para extendernos su mano salvadora, para curar nuestras heridas, para darnos una Buena Noticia, para darnos a Cristo.
¿Qué se les revela?
Se nos da a conocer al Padre creador del cielo y de la tierra y a su hijo Jesucristo. Este no es ya un conocimiento natural, sino que es una revelación específica por parte de Dios, quien sabiamente ha dejado su Palabra, la Biblia, para que por ella el Espíritu Santo nos revele la sabiduría necesaria para nuestra salvación, la cual es Cristo.
Conoceréis la verdad y la verdad os hará libres. No me avergüenzo del Evangelio porque es poder de Dios.
En la verdad del Evangelio se nos revela a Cristo y su obra de amor. Se nos revela que no podemos salvaros por nosotros mismos. Se nos revela que nuestros pecados son perdonados. Se nos revela la locura de la cruz, algo inaceptable para la refinada mente racionalista, pero extraordinariamente maravilloso para quienes nos sabemos perdidos y que, cual hijos pródigos luego de derrochar todo, nos encontramos anhelando degustar los majares que da Dios, mientras mendigamos un poco de comida de los cerdos.
Se nos revela que el justo muere por el pecador, no por equivocación, sino por amor. Se nos revela que gratuitamente por medio de la fe se nos abren de par en par las puertas del cielo, no por nuestros méritos o sabiduría, sino por los méritos de Cristo. Se nos revela que hay esperanza de una vida eterna, perfecta, dónde todo aquello que hoy anhelamos mientras corremos de un lado a otro queriendo atrapar el viento, estará servido en las mesas celestiales reservadas con nuestro nombre.
Se nos revela que por medio del Bautismo Dios nos hace nacer a una vida espiritual, dónde se nos da la fe y se nos declara hijos de Dios. Se nos revela que en la Palabra de Dios tenemos toda la sabiduría necesaria para tener la paz y confianza deseada. Se nos revela que Cristo está con nosotros todos los días hasta el fin del mundo. Se nos revela que con en el pan y el vino instituidos en la Santa Cena, Cristo se hace presente en cuerpo y sangre para que los cristianos comamos y bebamos a fin de recibir perdón y fortalecimiento de nuestra fe.
Se nos revela que no necesitamos más revelación que ésta para que nuestra alma repose a gusto en los brazos de Jesucristo.
Venid a mí todo los que estéis cansados y trabajados
Por todo esto Jesús nos hace esta invitación. A aquellos que estén cansados de su propia sabiduría y que estén cargados por el peso innecesario de su pecado, Jesús promete descanso. Un remanso. Unas aguas de reposo.
La carga que ponemos en nuestras espaldas al querer ser como Dios es muy pesada y frustrante. La carga de nuestros pecados es muy dura. ¡Qué maravilloso el llamado que nos hace Cristo! Venid a mí y os haré descansar. Dejad vuestras cargas al pie de mi cruz y sed libres.
Un yugo ligerito y fácil.
Jesús no niega las dificultades de esta vida, pero cambia nuestros agobiantes yugos por el suyo que promete ser ligero y fácil de llevar. Llevar a Cristo en nuestras vidas y anunciar la locura de la cruz en una sociedad que solo acepta locuras humanas puede que parezca pesado, pero sin embargo no lo es, ya que todo el peso de esta obra la soporta y sostiene Dios y no nosotros.
Aprender de Jesús.
Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas.
Estimado, mirad a Cristo día a día y seguid su sabio consejo: Aprended de mí. El Dios hecho hombre es MANSO y HUMILDE. Jesús siendo Dios, poseyendo aquello que los seres humanos jugamos y aparentamos ser, no se aferro a ello y por nuestra causa se humilló hasta la muerte en la cruz a fin de que nosotros tengamos perdón y vida eterna (Fil. 2:5-11) ¡Alabad a Dios por tan sublime y misericordiosa Buena Voluntad para con nosotros! Amén.
Aplicaciones a la vida diaria:
· Que la lumbre de la sabiduría humana no te enceguezca y te prive de la luz de la sabiduría de Dios.
· Recuerda que Dios es Dios y tu un ser creado. Da la gloria al Señor de la Gloria y agradece por tu vida.
· Regocíjate en ser débil y loco según el mundo, pues tu poder y tu cordura son en Cristo tu salvación.
· Aprende día a día de Jesucristo. Pídele que te haga más y más manso y humilde ante su Palabra. Llévale tus cargas. Toma tu cruz y síguele.
· Reúnete en una iglesia que predique fielmente la Palabra y administre correctamente los Sacramentos. Busca en la Santa Cena el perdón y la Paz que Cristo ahí te brinda con su presencia.
Pastor Walter Daniel Ralli
lunes, 30 de junio de 2008
sábado, 21 de junio de 2008
6º Domingo de Pentecostés.
Estamos en el de tiempo de Trinidad según una de las dos tradiciones. En la otra es llamado Pentecostés. Es la estación más larga del año ya que va desde el domingo de Trinidad hasta el domingo anterior a Adviento. El domingo de trinidad nació para contrarrestar la herejía antitrinitaria de Arrió. ¡Alabemos al Dios Uno y Trino!
Escudriñad las Escrituras... ellas son las que dan testimonio de mí Juan 5:39a
La fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios Ro. 10:17
22-06-2008
6º Domingo de Pentecostés
“El temor y amor a Dios”
Textos del Día:
El Antiguo Testamento: Jeremías 28:5-9
La Epístola: Romanos 6:1b-11
El Evangelio:
Mateo10:24-33 34 No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada. 35 Porque he venido para poner en disensión al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, y a la nuera contra su suegra; 36 y los enemigos del hombre serán los de su casa. 37 El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí; 38 y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí. 39 El que halla su vida, la perderá; y el que pierde su vida por causa de mí, la hallará. 40 El que a vosotros recibe, a mí me recibe; y el que me recibe a mí, recibe al que me envió. 41 El que recibe a un profeta por cuanto es profeta, recompensa de profeta recibirá; y el que recibe a un justo por cuanto es justo, recompensa de justo recibirá. 42 Y cualquiera que dé a uno de estos pequeñitos un vaso de agua fría solamente, por cuanto es discípulo, de cierto os digo que no perderá su recompensa.
Sermón
“La falsa Paz o la Sana Contienda”
Hoy reflexionaremos sobre la primera parte del Evangelio, allí se nos presenta una lección que seguramente nos sorprende. Leer que Jesús viene a traer división a las familias y a enfrentar a sus integrantes. Jesús declara que ha venido a dividir a familias. ¿Qué le dirá a alguien que lee esto y le pide que se lo explique?
A pesar de que suene raro, los cristianos nos alegramos que nuestro Señor traiga esta contienda o problemas, pues creámoslo o no, son buenas noticias. Nuestro Señor hace esta proclamación de que Él viene a finalizar con la falsa paz.
Veamos que nos quiere decir Jesús con estas polémicas palabras. Cuando él habla de crear enfrentamientos en las familias, está citando una profecía del Antiguo Testamento de Micaías. Allí el profeta condena abiertamente el pecado y la rebelión de Israel contra Dios. El pecado y el rechazo de la Palabra de Dios habían provocado consecuencias terribles en la sociedad. A nivel nacional, los gobernantes eran corruptos y los jueces cobraban sobornos. Las autoridades eran deshonestas, no había justicia para nadie. En un nivel más cercano, Micaías advierte que tampoco en los amigos se debe confiar. La amistad está basada en la lealtad y la confianza, pero el pecado inclina a las personas hacia el egoísmo y la propia ganancia. Aun más Micaías lleva esta desintegración hacia la estructura familiar. En una familia la Palabra de Dios es la guía las cosas saldrán bien. Sin embargo, el profeta declara, que los resultados son terribles para los miembros de la familia que rechazan a Dios. (Micazas 7:1-6). “Porque el hijo deshonra al padre, la hija se levanta contra la madre, la nuera contra su suegra, y los enemigos del hombre son los de su casa”.
Cuándo alguna persona en la familia es creyentes y otros no lo son, habrá contienda y problemas. Cuando un padre creyente trata de corregir a su hijo que no cree, porque su modo de vivir es pecaminoso, el hijo puede rebelarse aun más de lo normal, provocando deshonra a su padre. Si la nuera desaprueba la falsa religión de su suegra, la suegra puede volverse crítica de su nuera en cada acción mostrando y realzando los errores de esta.
Cuando una familia está formada por creyentes y no creyentes, siempre habrá enfrentamientos, porque hay dioses diferentes en el grupo familiar. Esa familia encontrará paz únicamente de dos formas. Una de ellas es que todos lleguen a creer en Cristo y vivir por medio de su Palabra, o por otro lado decidir que la familia es más importante que Dios y dejar de hablar de religión, o decidir que la religión justamente no tiene tanta importancia.
Ésta es la contienda de la que Micaías se lamenta: las personas rechazan la Palabra de Dios, por eso se produce la hostilidad en las familias. Algunos se mantienen firmes en la verdad y otros la niegan.
Jesús viene a cancelar la deuda y las consecuencias del pecado. Todos merecemos la muerte eterna, porque todos somos pecadores y la paga del pecado es la muerte. Por consiguiente, Jesús viene a deshacer esto. Él viene a morir por los pecados del mundo a fin de que todos puedan obtener el perdón. Éste es el mensaje del Evangelio: Negando a Cristo y su obra, nos enfrentamos al juicio eterno de Dios, pero por su muerte y resurrección, Jesús ha cancelado todo esto. Al morir por nuestros pecados, ha ganado la gracia y la vida para todo el mundo.
Así es que Jesús la principal tarea que viene a realizar es la paga por el pecado del mundo. ¿Cómo podemos estar seguros de que el pecado existe? Muy sencillo, al pecado y sus consecuencias lo vemos en un tema tan cotidiano como la muerte y las enfermedades física Para traer la muerte física, el pecado a menudo usa a la enfermedad para matar a las personas. Cuando alguien está enfermo, sufre dolor físico incluso hasta dolor mental y emocional. Cuando una persona que ha sufrido mucho muere, en el ataúd generalmente se la ve mucho más tranquila. Muchos llegan a expresar “Ahora ha dejado de sufrir, está en paz”. La razón de esto es obvio: Cuando una persona está viva puede sentir dolor y puede experimentar una lucha.
Quienes están muertos son incapaces de esto. El que ha muerto puede tener apariencia tranquila, pero no tiene vida. Cuando el pecado logra u objetivo final, que es la muerte de la persona, el producto final se ve tranquilo, pero es una falsa paz.
En su camino a la cruz para pagar por los pecados del mundo, Jesús demuestra que él tiene poder para hacer eso, realizando milagros en los cuales cura a las personas. Él conoce quienes están doloridos, afligidos y sufren de enfermedades. A muchos los sana, quita la enfermedad, encargándose así de ese problema. Pero principalmente realiza la paga por el pecado. Entonces
¿Quién descansa en paz? Jesús no solo da su vida como paga por el pecado, sino que resucita de entre los muertos. Allí demuestra que es más poderoso que la muerte. Él toma el pecado, la enfermedad y la muerte, y los vence en la cruz. Quienes creen esto descansarán en Paz.
Ahora, cuando Jesús ha resucitado a alguna persona, esa persona todavía sigue en este mundo pecaminoso. Ellas seguirán sintiendo dolor, afrontarán luchas y adversidades y lidiarán con enfermedades otra vez. Experimentarán estas cosas porque están vivas. Donde hay vida en este mundo, hay lucha, adversidades.
Éstas son nuestras dos pistas para comprender las palabras de nuestro Señor en la lección de Evangelio de hoy. En primer lugar, que él cita Micaías, quien declara que siempre habrá contienda en las familias donde algunos son creyentes y otros no lo son. Esa contienda cesará sólo cuando todos crean en Jesús y su Palabra, o cuándo se decida ignorar la Palabra de Dios por completo. En segundo lugar, Jesús viene a realizar la paga por el pecado. Pero aún así las personas mientras estén vivas, afrontarán contiendas, luchas y dificultades. Pero justamente afrontan estas cosas en el mundo porque están vivas.
Con estas dos pistas, volvemos a la declaración del Señor: “No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada. Porque he venido para poner en disensión al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, y a la nuera contra su suegra; y los enemigos del hombre serán los de su casa” (Mt. 10:34-36).
Cuando Jesús viene, él proclama que el reino de los cielos está cerca. Él declara que él es el Hijo de Dios y El Salvador de mundo, que él rescatará el mundo por medio de su muerte en la cruz. Él también proclama que quiénes confíen en él se salvarán. Cuando Jesús predica este mensaje, muchos que lo oyen pertenecerán a familias donde nadie cree en la Palabra de Dios. Y porque nadie cree en su Palabra no hay contienda, ni rivalidad en la familia por motivos de religión. Si esta discusión no se produce, muchos pensarán que es una familia tranquila y feliz. Pero esto es porque nadie cree, todos ellos están perdidos en sus transgresiones y sus pecados. Están en paz porque están muertos.
Sin embargo, muchos que escuchan creerán, confiarán en Jesús, y tratarán de vivir de acuerdo con su Ley y su Evangelio. Sus acciones en casa cambiarán y tratarán de compartir este mensaje al resto de su familia. Sabiamente buscarán guiar y exhortar sus hijos sobre el problema y las consecuencias de los pecados y de las distintas experiencias mundo que el mundo ofrece como agradables y placenteras. Cariñosamente contarán a sus parientes sobre Jesús y advertirán el problema de someterse a otros dioses. Tratarán de guiar a sus padres a la Verdad. Pero cuando hagan esto, seguramente comenzarán los problemas. Los hijos no querrán abandonar sus estilos de vida, ni hablar de arrepentimiento y pedir perdón, así es que se rebelarán. Los parientes no querrán abandonar su religión y construirán una pared hostil de silencio. Los padres, quienes “usualmente” saben más que sus niños, supondrán que el Evangelio es una “etapa más” en la vida de sus niños, pero que no saben lo que hacen.
No es raro oír o leer opiniones como “La Iglesia con su mensaje ha hecho mucho daño. Esa familia estaba bien antes de que se comience a hablar acerca del pecado y la gracia, la cruz y Jesús. Ahora hay grandes discusiones, problemas y todo es culpa de Jesús y sus seguidores”.
Sin duda que, en tal caso, la contienda ha reemplazado la paz. Pero es una “Sana Contienda” que reemplaza a una “Falsa Paz”. La familia estaba tranquila porque todo estaba muerto. La contienda ha surgido porque algunos de ellos están vivos. Además los que han sido salvados siguen fieles y hablan sobre una verdad absoluta, sobre la Palabra que da Vida. Está es la que produce que por medio contienda, los otros integrantes de la familia pueden ser salvados por Jesús.
Ésta es la contienda que Jesús trae: La liberación del pecado, el perdón, la fe y la vida eterna. Él levanta a personas de la muerte espiritual para llevarlos a la vida. Donde hay sólo muerte espiritual, no hay contienda porque nadie se preocupa por la Palabra de Dios. Donde hay vida, habrá contiendas porque las personas creyentes se alegran del Evangelio, del mismo modo que el mundo lo niega y rechaza.
Éste es el mensaje que Jesús proclama: Él trae una “Sana Contienda” para anular la “Falsa Paz”. Él trae vida donde había muerte. Él trae perdón donde solo había pecado, trae fe dónde había rechazo y descreimiento. El mundo culpará a Jesús de traer vida, perdón y fe, diciendo que esto es falso y perjudicial. Pero por esto damos gracias a Dios.
Algunas Aplicaciones
De una manera realista, se sabe que el mundo siempre percibirá a la Cristiandad como un problema y la acusará de que el Evangelio es nocivo para las personas. NO es de extrañas que en los gobiernos europeos y en la misma sociedad se busque censurar la Biblia, porque habla en contra de los estilos de vida pecaminosos. Los cristianos son acusado y difamados por decir la verdad porque para ellos esa verdad es supuestamente carente de amor.
Quizá la aplicación más obvia es para la familia, pues Jesús nos avisa en este texto del peligro de querer más a familia que Dios. Se dice que “Primero está la familia”, esto es una virtud para el mundo, como cristianos hacemos énfasis sobre la importancia de la unidad dada por Dios. Sin embargo, “primero la familia” a expensas de la verdad, es un pecado destructivo. Siempre es una tentación que los padres condenen un pecado u otro, hasta que uno de sus hijos comete dicho pecado. Luego no es tan malo, es una trasgresión que puede ser pasada por alto. Los esposos a menudo son tentados a evitar ir a la iglesia, al menos a asistir menos, para complacer a la pareja que no cree. Después de todo, al Oficio Divino lo hacen justo el fin de semana, día de descanso y familia. Los niños creyentes pueden tener la oportunidad de contarles a sus padres sobre el Evangelio, pero no se animan a sacar el tema por miedo a la burla. Estos pecados son cometidos para mantener la paz familiar. Pero ésta es una “falsa paz”.
Ésta es una situación delicada para muchos y la seguirá siendo por años. Es así que estamos llamados a hablar la verdad, vivir la vida de la mano de Dios y cariñosamente aplicar su Palabra en cada situación que surja. Evitar el tema de Jesús para mantener la paz es pecado. Hablar en el tiempo justo con las palabras justas no lo es. Aun así, sin embargo, habrá algo de tensión y contienda. Cuando tal contienda surge, reconfórtate pesando que “Esta contienda está aquí porque Jesús aquí, tratando de salvar lo perdido. Él ha muerto por mí y también ha muerto por quienes aún no creen. Su Palabra ha causado esta contienda, él está trabajando para traerlos a fe”.
También queremos animar a los padres para que lleven a cabo el evangelismo familiar en los niños pequeños: Nunca habrá un mejor tiempo que ahora para enseñarle a sus niños acerca de Jesús. Los niños son más receptivos en la primera de sus vidas. Muchos padres falsamente opinan que “no impondrán ninguna religión a la fuerza, que cuando sea adulto que decidida por su propia cuenta”. Esta es una forma de enseñar a sus niños que la religión no es importante. Si tiene a los niños en casa, haga buen uso del tiempo. Es bueno orar con los niños, incluso leerles historias de la Biblia. En la hora de la cena, o al dormir de a poco enséñeles de memoria el Catecismo Menor. “Instruye al niño en su camino, Y aun cuando fuere viejo no se apartará de él”(Prov. 22:6).
Martin Lutero una vez escribió que las veces más preocupantes en su vida fueron cuando él no tuvo problemas, porque se imaginaba que se había librado del camino que del diablo, y no veía la necesidad de preocuparse. Donde Jesús está, habrá contienda porque el mundo se opone. Pero sólo donde Jesús está hará que encuentre paz verdadera, paz con Dios. La paz que declara que ya no tiene en cuenta sus transgresiones. Por eso eres perdonado de todos sus pecados en nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén
Atte. Pastor Gustavo Lavia
Escudriñad las Escrituras... ellas son las que dan testimonio de mí Juan 5:39a
La fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios Ro. 10:17
22-06-2008
6º Domingo de Pentecostés
“El temor y amor a Dios”
Textos del Día:
El Antiguo Testamento: Jeremías 28:5-9
La Epístola: Romanos 6:1b-11
El Evangelio:
Mateo10:24-33 34 No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada. 35 Porque he venido para poner en disensión al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, y a la nuera contra su suegra; 36 y los enemigos del hombre serán los de su casa. 37 El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí; 38 y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí. 39 El que halla su vida, la perderá; y el que pierde su vida por causa de mí, la hallará. 40 El que a vosotros recibe, a mí me recibe; y el que me recibe a mí, recibe al que me envió. 41 El que recibe a un profeta por cuanto es profeta, recompensa de profeta recibirá; y el que recibe a un justo por cuanto es justo, recompensa de justo recibirá. 42 Y cualquiera que dé a uno de estos pequeñitos un vaso de agua fría solamente, por cuanto es discípulo, de cierto os digo que no perderá su recompensa.
Sermón
“La falsa Paz o la Sana Contienda”
Hoy reflexionaremos sobre la primera parte del Evangelio, allí se nos presenta una lección que seguramente nos sorprende. Leer que Jesús viene a traer división a las familias y a enfrentar a sus integrantes. Jesús declara que ha venido a dividir a familias. ¿Qué le dirá a alguien que lee esto y le pide que se lo explique?
A pesar de que suene raro, los cristianos nos alegramos que nuestro Señor traiga esta contienda o problemas, pues creámoslo o no, son buenas noticias. Nuestro Señor hace esta proclamación de que Él viene a finalizar con la falsa paz.
Veamos que nos quiere decir Jesús con estas polémicas palabras. Cuando él habla de crear enfrentamientos en las familias, está citando una profecía del Antiguo Testamento de Micaías. Allí el profeta condena abiertamente el pecado y la rebelión de Israel contra Dios. El pecado y el rechazo de la Palabra de Dios habían provocado consecuencias terribles en la sociedad. A nivel nacional, los gobernantes eran corruptos y los jueces cobraban sobornos. Las autoridades eran deshonestas, no había justicia para nadie. En un nivel más cercano, Micaías advierte que tampoco en los amigos se debe confiar. La amistad está basada en la lealtad y la confianza, pero el pecado inclina a las personas hacia el egoísmo y la propia ganancia. Aun más Micaías lleva esta desintegración hacia la estructura familiar. En una familia la Palabra de Dios es la guía las cosas saldrán bien. Sin embargo, el profeta declara, que los resultados son terribles para los miembros de la familia que rechazan a Dios. (Micazas 7:1-6). “Porque el hijo deshonra al padre, la hija se levanta contra la madre, la nuera contra su suegra, y los enemigos del hombre son los de su casa”.
Cuándo alguna persona en la familia es creyentes y otros no lo son, habrá contienda y problemas. Cuando un padre creyente trata de corregir a su hijo que no cree, porque su modo de vivir es pecaminoso, el hijo puede rebelarse aun más de lo normal, provocando deshonra a su padre. Si la nuera desaprueba la falsa religión de su suegra, la suegra puede volverse crítica de su nuera en cada acción mostrando y realzando los errores de esta.
Cuando una familia está formada por creyentes y no creyentes, siempre habrá enfrentamientos, porque hay dioses diferentes en el grupo familiar. Esa familia encontrará paz únicamente de dos formas. Una de ellas es que todos lleguen a creer en Cristo y vivir por medio de su Palabra, o por otro lado decidir que la familia es más importante que Dios y dejar de hablar de religión, o decidir que la religión justamente no tiene tanta importancia.
Ésta es la contienda de la que Micaías se lamenta: las personas rechazan la Palabra de Dios, por eso se produce la hostilidad en las familias. Algunos se mantienen firmes en la verdad y otros la niegan.
Jesús viene a cancelar la deuda y las consecuencias del pecado. Todos merecemos la muerte eterna, porque todos somos pecadores y la paga del pecado es la muerte. Por consiguiente, Jesús viene a deshacer esto. Él viene a morir por los pecados del mundo a fin de que todos puedan obtener el perdón. Éste es el mensaje del Evangelio: Negando a Cristo y su obra, nos enfrentamos al juicio eterno de Dios, pero por su muerte y resurrección, Jesús ha cancelado todo esto. Al morir por nuestros pecados, ha ganado la gracia y la vida para todo el mundo.
Así es que Jesús la principal tarea que viene a realizar es la paga por el pecado del mundo. ¿Cómo podemos estar seguros de que el pecado existe? Muy sencillo, al pecado y sus consecuencias lo vemos en un tema tan cotidiano como la muerte y las enfermedades física Para traer la muerte física, el pecado a menudo usa a la enfermedad para matar a las personas. Cuando alguien está enfermo, sufre dolor físico incluso hasta dolor mental y emocional. Cuando una persona que ha sufrido mucho muere, en el ataúd generalmente se la ve mucho más tranquila. Muchos llegan a expresar “Ahora ha dejado de sufrir, está en paz”. La razón de esto es obvio: Cuando una persona está viva puede sentir dolor y puede experimentar una lucha.
Quienes están muertos son incapaces de esto. El que ha muerto puede tener apariencia tranquila, pero no tiene vida. Cuando el pecado logra u objetivo final, que es la muerte de la persona, el producto final se ve tranquilo, pero es una falsa paz.
En su camino a la cruz para pagar por los pecados del mundo, Jesús demuestra que él tiene poder para hacer eso, realizando milagros en los cuales cura a las personas. Él conoce quienes están doloridos, afligidos y sufren de enfermedades. A muchos los sana, quita la enfermedad, encargándose así de ese problema. Pero principalmente realiza la paga por el pecado. Entonces
¿Quién descansa en paz? Jesús no solo da su vida como paga por el pecado, sino que resucita de entre los muertos. Allí demuestra que es más poderoso que la muerte. Él toma el pecado, la enfermedad y la muerte, y los vence en la cruz. Quienes creen esto descansarán en Paz.
Ahora, cuando Jesús ha resucitado a alguna persona, esa persona todavía sigue en este mundo pecaminoso. Ellas seguirán sintiendo dolor, afrontarán luchas y adversidades y lidiarán con enfermedades otra vez. Experimentarán estas cosas porque están vivas. Donde hay vida en este mundo, hay lucha, adversidades.
Éstas son nuestras dos pistas para comprender las palabras de nuestro Señor en la lección de Evangelio de hoy. En primer lugar, que él cita Micaías, quien declara que siempre habrá contienda en las familias donde algunos son creyentes y otros no lo son. Esa contienda cesará sólo cuando todos crean en Jesús y su Palabra, o cuándo se decida ignorar la Palabra de Dios por completo. En segundo lugar, Jesús viene a realizar la paga por el pecado. Pero aún así las personas mientras estén vivas, afrontarán contiendas, luchas y dificultades. Pero justamente afrontan estas cosas en el mundo porque están vivas.
Con estas dos pistas, volvemos a la declaración del Señor: “No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada. Porque he venido para poner en disensión al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, y a la nuera contra su suegra; y los enemigos del hombre serán los de su casa” (Mt. 10:34-36).
Cuando Jesús viene, él proclama que el reino de los cielos está cerca. Él declara que él es el Hijo de Dios y El Salvador de mundo, que él rescatará el mundo por medio de su muerte en la cruz. Él también proclama que quiénes confíen en él se salvarán. Cuando Jesús predica este mensaje, muchos que lo oyen pertenecerán a familias donde nadie cree en la Palabra de Dios. Y porque nadie cree en su Palabra no hay contienda, ni rivalidad en la familia por motivos de religión. Si esta discusión no se produce, muchos pensarán que es una familia tranquila y feliz. Pero esto es porque nadie cree, todos ellos están perdidos en sus transgresiones y sus pecados. Están en paz porque están muertos.
Sin embargo, muchos que escuchan creerán, confiarán en Jesús, y tratarán de vivir de acuerdo con su Ley y su Evangelio. Sus acciones en casa cambiarán y tratarán de compartir este mensaje al resto de su familia. Sabiamente buscarán guiar y exhortar sus hijos sobre el problema y las consecuencias de los pecados y de las distintas experiencias mundo que el mundo ofrece como agradables y placenteras. Cariñosamente contarán a sus parientes sobre Jesús y advertirán el problema de someterse a otros dioses. Tratarán de guiar a sus padres a la Verdad. Pero cuando hagan esto, seguramente comenzarán los problemas. Los hijos no querrán abandonar sus estilos de vida, ni hablar de arrepentimiento y pedir perdón, así es que se rebelarán. Los parientes no querrán abandonar su religión y construirán una pared hostil de silencio. Los padres, quienes “usualmente” saben más que sus niños, supondrán que el Evangelio es una “etapa más” en la vida de sus niños, pero que no saben lo que hacen.
No es raro oír o leer opiniones como “La Iglesia con su mensaje ha hecho mucho daño. Esa familia estaba bien antes de que se comience a hablar acerca del pecado y la gracia, la cruz y Jesús. Ahora hay grandes discusiones, problemas y todo es culpa de Jesús y sus seguidores”.
Sin duda que, en tal caso, la contienda ha reemplazado la paz. Pero es una “Sana Contienda” que reemplaza a una “Falsa Paz”. La familia estaba tranquila porque todo estaba muerto. La contienda ha surgido porque algunos de ellos están vivos. Además los que han sido salvados siguen fieles y hablan sobre una verdad absoluta, sobre la Palabra que da Vida. Está es la que produce que por medio contienda, los otros integrantes de la familia pueden ser salvados por Jesús.
Ésta es la contienda que Jesús trae: La liberación del pecado, el perdón, la fe y la vida eterna. Él levanta a personas de la muerte espiritual para llevarlos a la vida. Donde hay sólo muerte espiritual, no hay contienda porque nadie se preocupa por la Palabra de Dios. Donde hay vida, habrá contiendas porque las personas creyentes se alegran del Evangelio, del mismo modo que el mundo lo niega y rechaza.
Éste es el mensaje que Jesús proclama: Él trae una “Sana Contienda” para anular la “Falsa Paz”. Él trae vida donde había muerte. Él trae perdón donde solo había pecado, trae fe dónde había rechazo y descreimiento. El mundo culpará a Jesús de traer vida, perdón y fe, diciendo que esto es falso y perjudicial. Pero por esto damos gracias a Dios.
Algunas Aplicaciones
De una manera realista, se sabe que el mundo siempre percibirá a la Cristiandad como un problema y la acusará de que el Evangelio es nocivo para las personas. NO es de extrañas que en los gobiernos europeos y en la misma sociedad se busque censurar la Biblia, porque habla en contra de los estilos de vida pecaminosos. Los cristianos son acusado y difamados por decir la verdad porque para ellos esa verdad es supuestamente carente de amor.
Quizá la aplicación más obvia es para la familia, pues Jesús nos avisa en este texto del peligro de querer más a familia que Dios. Se dice que “Primero está la familia”, esto es una virtud para el mundo, como cristianos hacemos énfasis sobre la importancia de la unidad dada por Dios. Sin embargo, “primero la familia” a expensas de la verdad, es un pecado destructivo. Siempre es una tentación que los padres condenen un pecado u otro, hasta que uno de sus hijos comete dicho pecado. Luego no es tan malo, es una trasgresión que puede ser pasada por alto. Los esposos a menudo son tentados a evitar ir a la iglesia, al menos a asistir menos, para complacer a la pareja que no cree. Después de todo, al Oficio Divino lo hacen justo el fin de semana, día de descanso y familia. Los niños creyentes pueden tener la oportunidad de contarles a sus padres sobre el Evangelio, pero no se animan a sacar el tema por miedo a la burla. Estos pecados son cometidos para mantener la paz familiar. Pero ésta es una “falsa paz”.
Ésta es una situación delicada para muchos y la seguirá siendo por años. Es así que estamos llamados a hablar la verdad, vivir la vida de la mano de Dios y cariñosamente aplicar su Palabra en cada situación que surja. Evitar el tema de Jesús para mantener la paz es pecado. Hablar en el tiempo justo con las palabras justas no lo es. Aun así, sin embargo, habrá algo de tensión y contienda. Cuando tal contienda surge, reconfórtate pesando que “Esta contienda está aquí porque Jesús aquí, tratando de salvar lo perdido. Él ha muerto por mí y también ha muerto por quienes aún no creen. Su Palabra ha causado esta contienda, él está trabajando para traerlos a fe”.
También queremos animar a los padres para que lleven a cabo el evangelismo familiar en los niños pequeños: Nunca habrá un mejor tiempo que ahora para enseñarle a sus niños acerca de Jesús. Los niños son más receptivos en la primera de sus vidas. Muchos padres falsamente opinan que “no impondrán ninguna religión a la fuerza, que cuando sea adulto que decidida por su propia cuenta”. Esta es una forma de enseñar a sus niños que la religión no es importante. Si tiene a los niños en casa, haga buen uso del tiempo. Es bueno orar con los niños, incluso leerles historias de la Biblia. En la hora de la cena, o al dormir de a poco enséñeles de memoria el Catecismo Menor. “Instruye al niño en su camino, Y aun cuando fuere viejo no se apartará de él”(Prov. 22:6).
Martin Lutero una vez escribió que las veces más preocupantes en su vida fueron cuando él no tuvo problemas, porque se imaginaba que se había librado del camino que del diablo, y no veía la necesidad de preocuparse. Donde Jesús está, habrá contienda porque el mundo se opone. Pero sólo donde Jesús está hará que encuentre paz verdadera, paz con Dios. La paz que declara que ya no tiene en cuenta sus transgresiones. Por eso eres perdonado de todos sus pecados en nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén
Atte. Pastor Gustavo Lavia
sábado, 14 de junio de 2008
5º Domingo de Pentecostés.
Estamos en el de tiempo de Trinidad según una de las dos tradiciones. En la otra es llamado Pentecostés. Es la estación más larga del año ya que va desde el domingo de Trinidad hasta el domingo anterior a Adviento. El domingo de trinidad nació para contrarrestar la herejía antitrinitaria de Arrió. ¡Alabemos al Dios Uno y Trino!
Escudriñad las Escrituras... ellas son las que dan testimonio de mí Juan 5:39a
La fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios Ro. 10:17
5º Domingo de Pentecostés
“El temor y amor a Dios”
Textos del Día:
El Antiguo Testamento: Jeremías20:7-13
La Epístola: Romanos 5:12-15
El Evangelio: Mateo 10:24-33
24 El discípulo no es más que su maestro, ni el siervo más que su señor. 25 Bástale al discípulo ser como su maestro, y al siervo como su señor. Si al padre de familia llamaron Beelzebú, ¿cuánto más a los de su casa? 26 Así que, no los temáis; porque nada hay encubierto, que no haya de ser manifestado; ni oculto, que no haya de saberse. 27 Lo que os digo en tinieblas, decidlo en la luz; y lo que oís al oído, proclamadlo desde las azoteas. 28 Y no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno. 29 ¿No se venden dos pajarillos por un cuarto? Con todo, ni uno de ellos cae a tierra sin vuestro Padre. 30 Pues aun vuestros cabellos están todos contados. 31 Así que, no temáis; más valéis vosotros que muchos pajarillos. 32 A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos. 33 Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos.
Sermón
Martin Lutero realizó un comentario sobre el texto del evangelio que hemos leído hoy, donde expresó que “aún cuando fuera intimidado por sus enemigos, él no podría dejar de predicar el Evangelio, pienso que el Señor en el día del Juicio me diría ¿por qué estabas más asustado de ellos que de mí?”.
La Ley en Mateo 10:24-33
Jesús envía a sus discípulos a predicar un mensaje específico a todo el mundo. Son enviados a proclamar que el reino de los cielos se ha hecho presente y que está cerca. El Señor no crea falsas ilusiones de que todo será bello y bonito. Por eso anuncia que afrontarán una fuerte oposición. Serán rechazados por personas, por familias, algunas veces por pueblos enteros, otras veces ese rechazo se dará por miembros de nuestras familias, hasta por amigos cercanos, incluso por personas que tienen cargos en el estado y en iglesia. “He aquí, yo os envío como a ovejas en medio de lobos; sed, pues, prudentes como serpientes, y sencillos como palomas” (Mt. 10:16). Él dice en el comienzo de nuestro Evangelio del día de hoy “El discípulo no es más que su maestro, ni el siervo más que su señor. 25 Bástale al discípulo ser como su maestro, y al siervo como su señor. Si al padre de familia llamaron Beelzebú, ¿cuánto más a los de su casa?” Como se invierten las cosas, resulta que ahora los fariseos y escribas llaman a Jesús “Belzebú”, el “señor de las moscas”. Si quienes son los líderes de la iglesia llaman y tratan a Jesús de tal manera, cómo no van a considerar que a las moscas seguidoras de tal maestro sean aplastadas como su líder. Los discípulos afrontarán terribles intimidaciones al anunciar la Buena Nueva acerca del reino de Jesús.
Pero la intimidación no es excusa. Los discípulos no deben guardar silencio. Dios nos dice “No les teman”.
En primer lugar, no deben tener miedo porque “porque nada hay encubierto, que no haya de ser manifestado; ni oculto, que no haya de saberse”. Los enemigos de Jesús pueden parecer tener el control ¿Después de todo, qué pueden hacer un maestro y doce humildes personas contra el mundo? Sin embargo, los discípulos saben el fin de la historia, porque Jesús ya nos ha dicho que ha vencido a la muerte, el pecado y el poder del diablo y que regresará en gloria juzgar a todas las naciones, condenando a quienes no creen en él y para dar plenitud de vida a quienes confían en su gracia. Por consiguiente, los discípulos no deberíamos ser intimidados. En esta batalla de bien y del mal, el mal aparentará tener el poder y el control durante algún tiempo. Pero los discípulos sabemos cual es el fin de la historia y quien es el vencedor.
El ser intimidado, no es excusa para no predicar. Los discípulos no deben guardar silencio, pero tampoco tienen que cambiar el mensaje que les ha sido dado. Deben predicar que el reino de los cielos está cerca. “No tengan miedo” dice el Señor una y otra vez, pero esta vez él es más específico cuando dice “no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno”. Los discípulos sufrirán en manos de pecadores, esto es seguro. Pero esos malhechores sólo pueden matar el cuerpo. Dios, el Padre Todopoderoso, posee un poder mayor: Él determina el destino final tanto del cuerpo como del alma de cada ser humano y puede enviarlos para que sufran una vida de tormento por la eternidad. Entonces ¿Quién debe más ser temido?
Lo cual nos trae de vuelta al pensamiento de Lutero sobre el día del Juicio viendo a un Dios enojado, con sed de venganza, diciendo: “¿Por qué esta más asustado de ellos que de mí?”. La Iglesia hoy día está en la misma situación. El Señor llama a sus discípulos a proclamar lo que él les envía, a saber, su Ley en toda su severidad y su Evangelio en toda su dulzura. Como cada cristiano, tu y yo nos enfrentamos a un problema porque cuando debemos tomar una decisión que si obramos con justicia sabemos que nos traerá sufrimiento ¿qué haremos? ¿Lo correcto o evitaremos cómodamente de la situación? Cuando un miembro de la familia o un amigo escogen una forma de vida pecaminosa ¿qué hará? Dirá la verdad sobre ese pecado y se arriesgará a la hostilidad o mantendrá el silencioso para conservar la paz familiar. En la escuela o en el trabajo es del mismo modo, allí se presentarán constantes intentos para dar vuelta y mostrar que lo bueno, puro y sagrado para que parezca equivocado, impuro y malvado y viceversa.
Como los cristianos individuales afrontan tal intimidación, las congregaciones son también puestas en lo mismo. Muchos opinan que la Iglesia debe modificar su mensaje para sobrevivir. El cambio es necesario para que más personas ocupen los bancos de las iglesias y es por esto que debemos amar más y condenar menos el pecado. Se debe cambiar porque sino las ofrendas no cubrirán los gastos y si no se cubren los gastos no se puede seguir. Se debe producir un cambio porque los tiempos cambian y no se puede seguir igual que hace cien años. El mundo cambia y nosotros también debemos cambiar con el mundo. Se debe cambiar, se dice una y otra vez, aunque usualmente se presenta en términos más suaves y atractivos. Afirman que no se debe abandonar el Evangelio. Obviamente se debe creer que Jesús es El Salvador. Pero se necesita disminuir la proclamación de la Ley. En lugar de denunciar la inmoralidad como pecado, deberíamos hablar de la aceptación. En lugar de disciplinar a los pecadores manifiestos, debemos aceptarlos cariñosamente y en lugar de ofenderlos. La predicación de la Ley que condena debería ser dejada y en su lugar deberíamos predicar a fin de que suene como una herramienta útil para vivir y nada más que eso.
Tal presión en la Iglesia no es nada nuevo. De hecho, el doctor Walther, el primer presidente del Sínodo de Missouri, reconoció y enseño sobre esto hace unos cuantos años atrás. En sus charlas de sobremesa en el seminario, declaró: “Estos hombres sin duda pretenden convertir a la gente; pero quieren hacerlo usando expresiones erróneas. Creen posible convertir a los hombres callando ciertas cosas o expresándose de tal modo que agraden al hombre natural. Son como aquellos malos médicos que no prescriben a sus enfermos delicados medicinas amagas, o si lo hacen la mezclan con anta azúcar que ya no se siente lo amargo de la medicina. ¿Pero que se logra con ello? Pues que no surte efecto ninguno. Por consiguiente, los que no predican con claridad y precisión el evangelio, el cual es ofensivo para el mundo, no son fieles a su oficio y causan gran daño a las almas. En vez de hacer progresar a los cristianos en el conocimiento de la doctrina sana, los dejan andar a tientas en las tinieblas, los estimulan en su camino errado, los aceleran en un camino equivocado y peligroso” (C. F. W. Walther. Ley y Evangelio. Ponencia 26, páginas 221 y 222).
La Iglesia está para predicar de manera pura la Ley y el Evangelio de Dios porque Dios utiliza esto para generar la fe en las personas. Por esta predicación es que vivimos y fortalecemos la fe. Cuando somos tentados a alterar el mensaje, sin duda estamos tentados a pecar y cuando somos tentados a pecar, el Señor nos aplica su Ley para nuestro bien. Así nos muestra nuestro pecado y la muerte que nos aguarda. Es por esto que él envía a sus discípulos a proclamar su palabra. Ante esto podemos preguntarnos “¿por qué temo a otros ante que a Dios?”
Después de todo, por la Palabra del Señor sabemos el fin de la historia. Hay sólo Uno que está sentado sobre el tribunal y determina el destino para siempre. Él tiene el poder de determinar sobre la vida o muerte eterna. ¿Por qué temer a otro más que él?
Hasta aquí predicamos la Ley de Dios, témale a Dios y obedezca sus mandamientos, aun cuando sea rechazado e intimidado por los hombres, él puede destruir su cuerpo y alma en el infierno. Ésta es la Ley de Dios y es verdadera. Sin embargo, n es sólo la mitad de la historia. El propósito de esta Ley es mostrarnos nuestro pecado, pues pecamos y quebrantamos esta Ley cada día.
Cada vez que pecamos, nuestro amor hacia el pecado supera nuestro miedo hacia Dios y su castigo. Cada vez que no queremos proclamar su Palabra, tememos a otra cosa más que a la furia divina.
Dios nos da su Ley para mostrarnos nuestro pecado. Sin embargo, él hace eso para nuestro bien. Cuando reconocemos nuestro pecado, sabemos que no podemos salvarnos. Cuando sabemos que no podemos salvarnos, estamos listos a oír sobre el Salvador. La Ley es la mitad de la historia. Ahora veamos la otra mitad de la historia: El Evangelio.
El Evangelio en Mateo 10:24-33
Que triste sería si el mensaje de la cristiandad fuese sólo de miedo, de “obedezca a Dios porque él tiene puesta la espada sobre su cabeza”. Pero este no es el caso. No confiamos en nuestro Señor porque a nadie se le puede temer más que a él”. No, confiamos en él porque nadie nos ama más.
Cuando el maestro envía a sus discípulos, él no es un gobernante egoísta que exige que sufran a fin de que él no lo tenga que hacer. Cuando este amo envía a sus siervos, no exige su muerte para que él pueda vivir. Él les dice que sufrirán tal como él sufrió. Un criado no está por encima de su amo, si el amo sufre, el criado también sufrirá. Pero el amo es mayor y es así que su sufrimiento también es mayor. Mucho más grande.
Para esos discípulos y para nosotros, este amo sufre. En queda en mano de hombres supuestamente justos, es arrestado, falsamente acusado de toda clase de pecados de los que él no tiene la culpa, sino que tú y yo lo tenemos. El Señor acepta esto en silencio y permite ser golpeado y azotado. Él es crucificado, donde los hombres supuestamente buenos se burlan de él. Pero esto es sólo un poco de su sufrimiento. La mayor parte no viene de los hombres supuestamente justos, sino de su Padre en cielo, que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno. El Hijo de Dios no merece este castigo, porque él no ha pecado. Merecemos ese castigo, pues constantemente pecamos contra Dios. Pero allí en la cruz, el amo toma el lugar de sus esclavos y soporta el castigo por sus pecados. El Padre Eterno castiga a su Hijo para cumplir con las Ley, para infligir el castigo que nosotros merecíamos. Pero aquí está la salvación: Dios castiga a su Hijo, a fin de que él nos perdone.
Si ahora consideramos las palabras del Evangelio: ¿No se venden dos pajarillos por un cuarto? Con todo, ni uno de ellos cae a tierra sin vuestro Padre. 30 Pues aun vuestros cabellos están todos contados. 31 Así que, no temáis; más valéis vosotros que muchos pajarillos. El Padre Eterno tiene presente a los pequeños pájaros, comprados en un céntimo el par. Él sabe cuándo cada uno de ellos cae a tierra. Lo maravillo de esto es que tu no has sido comprado a un bajo precio. No, como dice Lutero, has sido redimido “no con oro o plata, sino con su santa, preciosa sangre, y con su inocente pasión y muerte, para que yo sea suyo, y viva bajo Él en su reino y le sirva en eterna justicia, inocencia y bienaventuranza, así como Él, resucitado de entre los muertos, vive y reina en la eternidad. Esto es ciertamente la verdad.”
Así que tenemos la Ley y el Evangelio en este texto. Somos fieles al proclamar a su Palabra. Si se nos olvida o nos da miedo de hacer esto, pecamos y merecemos su ira eterna. Sin embargo, como proclamamos en su Palabra, también oímos el dulce sonido: sus pecados son perdonados, porque Jesús ha sufrido el castigo de Dios en la cruz.
La Ley dice 33 Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos”. El Evangelio dice “Jesús le ha redimido con su sagrada y preciosa sangre. ¡Por consiguiente, eres puesto en libertad al confesar pagada la deuda por Jesús, con agradecimiento y no con miedo. “A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos”.
“¿Por qué le temes a ellos más que mí"? Pero en lugar de semejante acusación el Señor en su nos enseña otra cosa distinta, es como si dijese: “¿Hay otra persona que haya querido da su vida para limpiar sus pecados? ¿Alguna otra persona ha derramado su preciosa sangre y ha sufriendo la muerte para que usted pueda ser suyo por siempre? Solo yo lo he hecho, le perdono y doy vida eterna".
Ésta es la Ley y el Evangelio de nuestra lección para este día y así es que llegamos a entender mejor las palabras de Lutero con las cuales comienza cada explicación de los mandamientos en el Catecismo Menor: “Debemos temer y amar a Dios”. ¿Debemos temer a Dios? Sí, es correcto temer las consecuencias del quebrantamiento de las leyes divinas y por ello sufrir la ira divina. Éste es un miedo divino, lo cual nos mueve a sentir pesar por nuestros pecados. Pero esto no queda allí, también amamos a Dios por nuestra redención. Él ha castigado a su Hijo, lo ha entregado a muerte, en nuestro lugar, lo ha juzgado, en nuestro lugar porque el Hijo de Dios cumplió todos ellos de manera perfecta. El precio esta pagado, un precio más elevado que el estipulado para comparar un par de pájaros. Porque ese precio fue pagado, usted puede estar seguro de esto: Eres perdonado de todo tus pecados en el nombre del Padre y del Hijo de Dios y del Espíritu Santo. Amén.
Atte. Pastor Gustavo Lavia
Escudriñad las Escrituras... ellas son las que dan testimonio de mí Juan 5:39a
La fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios Ro. 10:17
5º Domingo de Pentecostés
“El temor y amor a Dios”
Textos del Día:
El Antiguo Testamento: Jeremías20:7-13
La Epístola: Romanos 5:12-15
El Evangelio: Mateo 10:24-33
24 El discípulo no es más que su maestro, ni el siervo más que su señor. 25 Bástale al discípulo ser como su maestro, y al siervo como su señor. Si al padre de familia llamaron Beelzebú, ¿cuánto más a los de su casa? 26 Así que, no los temáis; porque nada hay encubierto, que no haya de ser manifestado; ni oculto, que no haya de saberse. 27 Lo que os digo en tinieblas, decidlo en la luz; y lo que oís al oído, proclamadlo desde las azoteas. 28 Y no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno. 29 ¿No se venden dos pajarillos por un cuarto? Con todo, ni uno de ellos cae a tierra sin vuestro Padre. 30 Pues aun vuestros cabellos están todos contados. 31 Así que, no temáis; más valéis vosotros que muchos pajarillos. 32 A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos. 33 Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos.
Sermón
Martin Lutero realizó un comentario sobre el texto del evangelio que hemos leído hoy, donde expresó que “aún cuando fuera intimidado por sus enemigos, él no podría dejar de predicar el Evangelio, pienso que el Señor en el día del Juicio me diría ¿por qué estabas más asustado de ellos que de mí?”.
La Ley en Mateo 10:24-33
Jesús envía a sus discípulos a predicar un mensaje específico a todo el mundo. Son enviados a proclamar que el reino de los cielos se ha hecho presente y que está cerca. El Señor no crea falsas ilusiones de que todo será bello y bonito. Por eso anuncia que afrontarán una fuerte oposición. Serán rechazados por personas, por familias, algunas veces por pueblos enteros, otras veces ese rechazo se dará por miembros de nuestras familias, hasta por amigos cercanos, incluso por personas que tienen cargos en el estado y en iglesia. “He aquí, yo os envío como a ovejas en medio de lobos; sed, pues, prudentes como serpientes, y sencillos como palomas” (Mt. 10:16). Él dice en el comienzo de nuestro Evangelio del día de hoy “El discípulo no es más que su maestro, ni el siervo más que su señor. 25 Bástale al discípulo ser como su maestro, y al siervo como su señor. Si al padre de familia llamaron Beelzebú, ¿cuánto más a los de su casa?” Como se invierten las cosas, resulta que ahora los fariseos y escribas llaman a Jesús “Belzebú”, el “señor de las moscas”. Si quienes son los líderes de la iglesia llaman y tratan a Jesús de tal manera, cómo no van a considerar que a las moscas seguidoras de tal maestro sean aplastadas como su líder. Los discípulos afrontarán terribles intimidaciones al anunciar la Buena Nueva acerca del reino de Jesús.
Pero la intimidación no es excusa. Los discípulos no deben guardar silencio. Dios nos dice “No les teman”.
En primer lugar, no deben tener miedo porque “porque nada hay encubierto, que no haya de ser manifestado; ni oculto, que no haya de saberse”. Los enemigos de Jesús pueden parecer tener el control ¿Después de todo, qué pueden hacer un maestro y doce humildes personas contra el mundo? Sin embargo, los discípulos saben el fin de la historia, porque Jesús ya nos ha dicho que ha vencido a la muerte, el pecado y el poder del diablo y que regresará en gloria juzgar a todas las naciones, condenando a quienes no creen en él y para dar plenitud de vida a quienes confían en su gracia. Por consiguiente, los discípulos no deberíamos ser intimidados. En esta batalla de bien y del mal, el mal aparentará tener el poder y el control durante algún tiempo. Pero los discípulos sabemos cual es el fin de la historia y quien es el vencedor.
El ser intimidado, no es excusa para no predicar. Los discípulos no deben guardar silencio, pero tampoco tienen que cambiar el mensaje que les ha sido dado. Deben predicar que el reino de los cielos está cerca. “No tengan miedo” dice el Señor una y otra vez, pero esta vez él es más específico cuando dice “no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno”. Los discípulos sufrirán en manos de pecadores, esto es seguro. Pero esos malhechores sólo pueden matar el cuerpo. Dios, el Padre Todopoderoso, posee un poder mayor: Él determina el destino final tanto del cuerpo como del alma de cada ser humano y puede enviarlos para que sufran una vida de tormento por la eternidad. Entonces ¿Quién debe más ser temido?
Lo cual nos trae de vuelta al pensamiento de Lutero sobre el día del Juicio viendo a un Dios enojado, con sed de venganza, diciendo: “¿Por qué esta más asustado de ellos que de mí?”. La Iglesia hoy día está en la misma situación. El Señor llama a sus discípulos a proclamar lo que él les envía, a saber, su Ley en toda su severidad y su Evangelio en toda su dulzura. Como cada cristiano, tu y yo nos enfrentamos a un problema porque cuando debemos tomar una decisión que si obramos con justicia sabemos que nos traerá sufrimiento ¿qué haremos? ¿Lo correcto o evitaremos cómodamente de la situación? Cuando un miembro de la familia o un amigo escogen una forma de vida pecaminosa ¿qué hará? Dirá la verdad sobre ese pecado y se arriesgará a la hostilidad o mantendrá el silencioso para conservar la paz familiar. En la escuela o en el trabajo es del mismo modo, allí se presentarán constantes intentos para dar vuelta y mostrar que lo bueno, puro y sagrado para que parezca equivocado, impuro y malvado y viceversa.
Como los cristianos individuales afrontan tal intimidación, las congregaciones son también puestas en lo mismo. Muchos opinan que la Iglesia debe modificar su mensaje para sobrevivir. El cambio es necesario para que más personas ocupen los bancos de las iglesias y es por esto que debemos amar más y condenar menos el pecado. Se debe cambiar porque sino las ofrendas no cubrirán los gastos y si no se cubren los gastos no se puede seguir. Se debe producir un cambio porque los tiempos cambian y no se puede seguir igual que hace cien años. El mundo cambia y nosotros también debemos cambiar con el mundo. Se debe cambiar, se dice una y otra vez, aunque usualmente se presenta en términos más suaves y atractivos. Afirman que no se debe abandonar el Evangelio. Obviamente se debe creer que Jesús es El Salvador. Pero se necesita disminuir la proclamación de la Ley. En lugar de denunciar la inmoralidad como pecado, deberíamos hablar de la aceptación. En lugar de disciplinar a los pecadores manifiestos, debemos aceptarlos cariñosamente y en lugar de ofenderlos. La predicación de la Ley que condena debería ser dejada y en su lugar deberíamos predicar a fin de que suene como una herramienta útil para vivir y nada más que eso.
Tal presión en la Iglesia no es nada nuevo. De hecho, el doctor Walther, el primer presidente del Sínodo de Missouri, reconoció y enseño sobre esto hace unos cuantos años atrás. En sus charlas de sobremesa en el seminario, declaró: “Estos hombres sin duda pretenden convertir a la gente; pero quieren hacerlo usando expresiones erróneas. Creen posible convertir a los hombres callando ciertas cosas o expresándose de tal modo que agraden al hombre natural. Son como aquellos malos médicos que no prescriben a sus enfermos delicados medicinas amagas, o si lo hacen la mezclan con anta azúcar que ya no se siente lo amargo de la medicina. ¿Pero que se logra con ello? Pues que no surte efecto ninguno. Por consiguiente, los que no predican con claridad y precisión el evangelio, el cual es ofensivo para el mundo, no son fieles a su oficio y causan gran daño a las almas. En vez de hacer progresar a los cristianos en el conocimiento de la doctrina sana, los dejan andar a tientas en las tinieblas, los estimulan en su camino errado, los aceleran en un camino equivocado y peligroso” (C. F. W. Walther. Ley y Evangelio. Ponencia 26, páginas 221 y 222).
La Iglesia está para predicar de manera pura la Ley y el Evangelio de Dios porque Dios utiliza esto para generar la fe en las personas. Por esta predicación es que vivimos y fortalecemos la fe. Cuando somos tentados a alterar el mensaje, sin duda estamos tentados a pecar y cuando somos tentados a pecar, el Señor nos aplica su Ley para nuestro bien. Así nos muestra nuestro pecado y la muerte que nos aguarda. Es por esto que él envía a sus discípulos a proclamar su palabra. Ante esto podemos preguntarnos “¿por qué temo a otros ante que a Dios?”
Después de todo, por la Palabra del Señor sabemos el fin de la historia. Hay sólo Uno que está sentado sobre el tribunal y determina el destino para siempre. Él tiene el poder de determinar sobre la vida o muerte eterna. ¿Por qué temer a otro más que él?
Hasta aquí predicamos la Ley de Dios, témale a Dios y obedezca sus mandamientos, aun cuando sea rechazado e intimidado por los hombres, él puede destruir su cuerpo y alma en el infierno. Ésta es la Ley de Dios y es verdadera. Sin embargo, n es sólo la mitad de la historia. El propósito de esta Ley es mostrarnos nuestro pecado, pues pecamos y quebrantamos esta Ley cada día.
Cada vez que pecamos, nuestro amor hacia el pecado supera nuestro miedo hacia Dios y su castigo. Cada vez que no queremos proclamar su Palabra, tememos a otra cosa más que a la furia divina.
Dios nos da su Ley para mostrarnos nuestro pecado. Sin embargo, él hace eso para nuestro bien. Cuando reconocemos nuestro pecado, sabemos que no podemos salvarnos. Cuando sabemos que no podemos salvarnos, estamos listos a oír sobre el Salvador. La Ley es la mitad de la historia. Ahora veamos la otra mitad de la historia: El Evangelio.
El Evangelio en Mateo 10:24-33
Que triste sería si el mensaje de la cristiandad fuese sólo de miedo, de “obedezca a Dios porque él tiene puesta la espada sobre su cabeza”. Pero este no es el caso. No confiamos en nuestro Señor porque a nadie se le puede temer más que a él”. No, confiamos en él porque nadie nos ama más.
Cuando el maestro envía a sus discípulos, él no es un gobernante egoísta que exige que sufran a fin de que él no lo tenga que hacer. Cuando este amo envía a sus siervos, no exige su muerte para que él pueda vivir. Él les dice que sufrirán tal como él sufrió. Un criado no está por encima de su amo, si el amo sufre, el criado también sufrirá. Pero el amo es mayor y es así que su sufrimiento también es mayor. Mucho más grande.
Para esos discípulos y para nosotros, este amo sufre. En queda en mano de hombres supuestamente justos, es arrestado, falsamente acusado de toda clase de pecados de los que él no tiene la culpa, sino que tú y yo lo tenemos. El Señor acepta esto en silencio y permite ser golpeado y azotado. Él es crucificado, donde los hombres supuestamente buenos se burlan de él. Pero esto es sólo un poco de su sufrimiento. La mayor parte no viene de los hombres supuestamente justos, sino de su Padre en cielo, que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno. El Hijo de Dios no merece este castigo, porque él no ha pecado. Merecemos ese castigo, pues constantemente pecamos contra Dios. Pero allí en la cruz, el amo toma el lugar de sus esclavos y soporta el castigo por sus pecados. El Padre Eterno castiga a su Hijo para cumplir con las Ley, para infligir el castigo que nosotros merecíamos. Pero aquí está la salvación: Dios castiga a su Hijo, a fin de que él nos perdone.
Si ahora consideramos las palabras del Evangelio: ¿No se venden dos pajarillos por un cuarto? Con todo, ni uno de ellos cae a tierra sin vuestro Padre. 30 Pues aun vuestros cabellos están todos contados. 31 Así que, no temáis; más valéis vosotros que muchos pajarillos. El Padre Eterno tiene presente a los pequeños pájaros, comprados en un céntimo el par. Él sabe cuándo cada uno de ellos cae a tierra. Lo maravillo de esto es que tu no has sido comprado a un bajo precio. No, como dice Lutero, has sido redimido “no con oro o plata, sino con su santa, preciosa sangre, y con su inocente pasión y muerte, para que yo sea suyo, y viva bajo Él en su reino y le sirva en eterna justicia, inocencia y bienaventuranza, así como Él, resucitado de entre los muertos, vive y reina en la eternidad. Esto es ciertamente la verdad.”
Así que tenemos la Ley y el Evangelio en este texto. Somos fieles al proclamar a su Palabra. Si se nos olvida o nos da miedo de hacer esto, pecamos y merecemos su ira eterna. Sin embargo, como proclamamos en su Palabra, también oímos el dulce sonido: sus pecados son perdonados, porque Jesús ha sufrido el castigo de Dios en la cruz.
La Ley dice 33 Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos”. El Evangelio dice “Jesús le ha redimido con su sagrada y preciosa sangre. ¡Por consiguiente, eres puesto en libertad al confesar pagada la deuda por Jesús, con agradecimiento y no con miedo. “A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos”.
“¿Por qué le temes a ellos más que mí"? Pero en lugar de semejante acusación el Señor en su nos enseña otra cosa distinta, es como si dijese: “¿Hay otra persona que haya querido da su vida para limpiar sus pecados? ¿Alguna otra persona ha derramado su preciosa sangre y ha sufriendo la muerte para que usted pueda ser suyo por siempre? Solo yo lo he hecho, le perdono y doy vida eterna".
Ésta es la Ley y el Evangelio de nuestra lección para este día y así es que llegamos a entender mejor las palabras de Lutero con las cuales comienza cada explicación de los mandamientos en el Catecismo Menor: “Debemos temer y amar a Dios”. ¿Debemos temer a Dios? Sí, es correcto temer las consecuencias del quebrantamiento de las leyes divinas y por ello sufrir la ira divina. Éste es un miedo divino, lo cual nos mueve a sentir pesar por nuestros pecados. Pero esto no queda allí, también amamos a Dios por nuestra redención. Él ha castigado a su Hijo, lo ha entregado a muerte, en nuestro lugar, lo ha juzgado, en nuestro lugar porque el Hijo de Dios cumplió todos ellos de manera perfecta. El precio esta pagado, un precio más elevado que el estipulado para comparar un par de pájaros. Porque ese precio fue pagado, usted puede estar seguro de esto: Eres perdonado de todo tus pecados en el nombre del Padre y del Hijo de Dios y del Espíritu Santo. Amén.
Atte. Pastor Gustavo Lavia
domingo, 8 de junio de 2008
4º Domingo de Pentecostés. 08/06/08
Estamos en el de tiempo de Trinidad según una de las dos tradiciones. En la otra es llamado Pentecostés. Es la estación más larga del año ya que va desde el domingo de Trinidad hasta el domingo anterior a Adviento. El domingo de trinidad nació para contrarrestar la herejía antitrinitaria de Arrió. ¡Alabemos al Dios Uno y Trino!
Escudriñad las Escrituras... ellas son las que dan testimonio de mí Juan 5:39a
La fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios Ro. 10:17
4º Domingo de Pentecostés
“Jesús nos envía y acompaña con su Palabra”
Textos del Día:
El Antiguo Testamento: Éxodo 19:2-8a
La Epístola: Romanos 5:6-11
El Evangelio:
Mateo 9:35-10:8 35 Recorría Jesús todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. 36 Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor. 37 Entonces dijo a sus discípulos: A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos. 38 Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies. Mateo 10:1 Entonces llamando a sus doce discípulos, les dio autoridad sobre los espíritus inmundos, para que los echasen fuera, y para sanar toda enfermedad y toda dolencia. 2 Los nombres de los doce apóstoles son estos: primero Simón, llamado Pedro, y Andrés su hermano; Jacobo hijo de Zebedeo, y Juan su hermano; 3 Felipe, Bartolomé, Tomás, Mateo el publicano, Jacobo hijo de Alfeo, Lebeo, por sobrenombre Tadeo, 4 Simón el cananista, y Judas Iscariote, el que también le entregó. 5 A estos doce envió Jesús, y les dio instrucciones, diciendo: Por camino de gentiles no vayáis, y en ciudad de samaritanos no entréis, 6 sino id antes a las ovejas perdidas de la casa de Israel. 7 Y yendo, predicad, diciendo: El reino de los cielos se ha acercado. 8 Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios; de gracia recibisteis, dad de gracia.
Sermón
El Salvador es quien toma la iniciativa
No es extraño que las muchedumbres se reúnan en torno a Jesús. Muchos han oído sobre él, que va de pueblo en pueblo, de ciudad en ciudad. Que predica acerca del Reino de Dios, sana a los enfermos. Las historias de los milagros se esparcieron rápidamente entre los necesitados, como lo hizo el Evangelio del reino en sus comienzos y es por ello que las personas viajan en grandes grupos para ver, oír y tocar a Jesús, son ovejas necesitadas de un pastor. Así es que el Señor tiene compasión en ellos, sabe que están cansadas, desparramadas, enfermas y agobiadas por la ley y el pecado. De hecho, él desea que todas sean curadas, aliviadas, perdonadas y redimidas.
Así él dice para Sus discípulos, “A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos. 38 Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies” (Mt. 9:38).
No hay duda de que los discípulos habrán respondido al unísono, con un rotundo “SI” a esta oración. “Si, Señor, oraremos para que asía sea”. Pero el Señor no queda pasivo ante esta oración, sino que procede a dar respuesta a la misma. Él llama a los doce. No solo los llama sino que además les da autoridad y poder sobre los espíritus inmundos, para echarlos afuera y sanar toda clase de enfermedades y toda clase de dolencia. Luego los envía diciendo: “Por camino de gentiles no vayáis, y en ciudad de samaritanos no entréis, 6 sino id antes a las ovejas perdidas de la casa de Israel. 7 Y yendo, predicad, diciendo: El reino de los cielos se ha acercado. 8 Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios; de gracia recibisteis, dad de gracia”. (Mt. 10:5-8). Jesús podría hacer esto de muchas otras formas. Él podría mandar a legiones de ángeles para anunciar el mensaje de su reino. Podría usar una voz desde el cielo y así todos podrían escucharlo al mismo tiempo. También podría escribir directamente un mensaje de ánimo para todos o podría sentarse en el templo y llamar a todas las naciones para que vengan a su encuentro. Podría hacer cualquier cosa que quisiese, sabemos y confesamos que Él es el Hijo de Dios Todopoderoso. Pero en lugar de escoger entre estas y otras alternativas, escoge a doce hombres para ir y hacer este anuncio.
Los discípulos son enviados por Jesús y mientras van deben saber y recordar dos cosas: lo que le ha sido dado y por quien han sido enviados. No necesitan inventan el mensaje que tienen que transmitir, sino que van a proclamar un mensaje que de gracia les ha sido dado. Asimismo, no van a realizar maravillas y sanaciones con sus propios poderes, porque en realidad ellos no tienen nada. En lugar de eso, podrán hacer milagros porque Jesús les ha dado autoridad para hacer eso. No están en marcha, proclamando el mensaje por si solos, sino que van porque han sido enviados. Todo esto les ha sido dado gratuitamente. Ahora pueden ir y de gracia pueden dar de lo que han recibido.
Así es que van. Imaginemos a los gentíos que se reúnen para recibirlos. El que sean los discípulos y no el propio Jesús pudo haber causado alguna decepción. Después, todo lo que quieren es ver al Salvador, pero vienen los suplentes en lugar del titular. Quizá algunos se van decepcionados o disgustados antes de que los discípulos abran sus bocas. Quizá sienten que Jesús los ha dejado desamparados, al no asistir personalmente, porque como se dice que el estudiante nunca es mejor que su maestro. Esas son reacciones humanas muy comunes, pero las reacciones humanas están equivocadas en las cosas de Dios. El Señor no es infiel. Éste es su modo de hacer las cosas.
Cuando los discípulos curan a los enfermos, los enfermos están curados. Cuando limpian a los leprosos, los leprosos son limpiados. Cuando resucitan a los muertos, los muertos vuelven a la vida. Cuando expulsan a demonios, los demonios huyen.
¿Por qué? No porque son ellos quienes lo están haciendo. Pedro no dice al enfermo: “En nombre de Pedro estas curado.” Bartolomé no dice a los demonios: “En nombre de Bartolomé, sal de ellos.” A los demonios no les da miedo Bartolomé o Pedro. Pero si les da miedo Jesús y los discípulos están haciendo estas cosas en el nombre de Jesús. Él los ha enviado y por su Palabra está allí con ellos. Cuando predican: “El Reino de los Cielo está cerca” es en serio, porque el Rey está allí con su autoridad y Palabra. Eso quiere decir que cuando los discípulos dicen a las personas que sus pecados son perdonados, sus pecados son perdonados. No porque los discípulos son quienes perdonan, sino porque Jesús está allí perdonando. Eso es qué él los envió a hacer. Eso es qué él les dio para hacer. De Gracia han recibido, ahora de gracia dan.
La Misión Continua
En el Antiguo Testamento encontramos una historia muy curiosa y que les gusta a muchos, es una sobre cómo Dios hace llegar su mensaje por distintos medios, es la del profeta Balaam en Números 22. Como podemos recordar, el Rey Balak envía al profeta Balaam a maldecir a las personas de Israel. Sin embargo, cuando Balaam va en su burro hacia las personas, Dios abre la boca del burro y el burro habla. El burro habla para reprender al profeta Balaam.
¿Por qué a muchos les gusta esta historia? Porque dicen: “Si Dios puede hablar a través del burro de Balaam, también puede hablar a través de mí.”
Más allá de lo gracioso que puede haber en esa afirmación, hay un punto importante que es necesario ver. En su sabiduría, con un mundo lleno de ovejas perdidas y errantes, Dios ha elegido esparcir su reino haciendo que personas pecaminosas hablen de su Palabra. Él llama a los pastores para ejercer el ministerio de la Predicación Pública de su Palabra, en nombre de su Iglesia. Sería difícil de encontrar un grupo de hombres con mayor diversidad de personalidades. A pesar de las rarezas y las fallas de personalidad, sin embargo, el Señor todavía los usa como sus instrumentos. Pero Dios no se limita sólo a ellos para extender su Reino, sino que cada cristiano, tentado por el pecado y exhibiendo toda clase de debilidades, tiene el privilegio de anunciar ese mensaje sobre Jesús a los demás. Así es cómo se expande el reino de Dios.
¿Por qué Dios escoge esta manera? Porque no son las personas las que logran algo, sino que es la Palabra de Dios. El Señor Jesucristo, el Verbo hecho carne, se hace presente por medio de su Palabra. El reino de los cielos está cerca porque el Rey está cerca. El mismo Salvador que fue a la cruz a morir por los pecados del mundo, ahora viene por su Palabra a darle ese perdón a las personas, para ti y para mí y a todo quién la oye y la cree. Jesús está presente donde su Palabra está. Agregue a esa Palabra un poco de agua y él está allí en el Santo Bautismo. Agregue a esa Palabra pan y vino y él está presente en la Santa Cena con su verdadero cuerpo y su verdadera sangre.
La Palabra de Dios es poderosa y no la persona que está transmitiéndola. Es la misma Palabra con el mismo poder que sanaba al enfermo, que limpiaba al leproso y expulsaba a los demonios en los tiempos del Señor. Por esa Palabra, Jesús viene a dar perdón, fe y vida eterna, para convertir a pecadores errantes en personas de su reino y en ovejas de su prado. Es tan simple.
Por supuesto que si bien el Señor es fiel, las personas somos pecadores y no somos conocidos por lo mismo. Así es que necesitamos advertir de los peligros que como humanos usualmente caemos, como desperdiciamos o mal usamos este regalo de Dios.
El primer peligro es la idea que el poder de la Palabra depende del carisma del que la transmite. Si el estilo del predicador es simpático, mantiene el interés contando historias graciosas o grita constantemente, entonces sin lugar a dudas la Palabra es poderosa. Sin embargo si tiene un domingo malo o no sonríe para nada, entonces la Palabra no será tan poderosa. Si esto es cierto, es afirmar que Dios es tan fiel y poderoso como el hombre pecaminoso que predica el sermón. Quiere decir que el poder de Dios difiere en cuánto al sueño que el pastor obtuvo la noche anterior. Ésta es una tentación sumamente sutil en nuestra cultura e incluso en la sociedad, porque la imagen y la apariencia es sobrevalorada. Por ejemplo, las personas juzgan los libros por las tapas y las compañías gastan millones para asegurarse de que sus productos tengan una buena presentación y una campaña de anuncio exitosa, pero eso no quiere decir que su contenido sea bueno. O acaso ¿un producto es mejor porque una celebridad afirma usarlo? O ¿la cerveza realmente sabe mejor si hay más bellas mujeres en el anuncio de publicidad? Somos condicionados fácilmente para que juzguemos la calidad de todas las cosas por como se nos presenta, por lo afable o simpático que puede resultar en nuestras vidas. Nuestro viejo hombre quiere asegurarse de que no entendamos la Palabra de Dios, sino que la mal interpretemos, según nuestros propios criterios. Los pastores, también sufren esta tentación, creyendo que su personalidad o estilo hace a la Palabra más efectiva. Desde ya que eso no es cierto. El poder de la Palabra no está comprometido por la personalidad del orador. Donde la Palabra está presente, Jesús lo está. Donde Jesús está, hay perdón, vida y salvación.
Otro de los peligros es el de la idea que el poder de la Palabra depende de la ordenación del predicador. Si el que predica la Palabra está ordenado, entonces la Palabra de Dios es poderosa. Si una persona cualquiera comparte la Palabra con alguien, se cree que es simple información pero nada más, como pasar una receta de cocina o una noticia de la actualidad. Habla sobre salvación, pero no salva. Si esto es cierto, el plan de salvación de Dios está limitado por el oficio del hombre y estamos limitando el poder de Dios.
El tercer peligro es que la que nuestro viejo hombre quiere hacernos creer que la predicación de la Palabra es mejor dejarla a los profesionales, sean pastores, misioneros o personas que estudiaron para ello. Los cristianos se encuentran y pasan tiempo con un montón de personas diariamente, a quién el pastor, líder o misionero nunca conocerán y cada creyente tiene la posibilidad y alegría de dar cuenta de la esperanza que tienen en Cristo.
Sin embargo, muchos se resisten o tienen miedo de hacer esto. Las razones dadas podrían ser unas u otras. Pero analicemos algunas: “No sé qué decir” es uno de los argumentos más usados. Creen que el mensaje es complicado y difícil de enunciar. Dios nos ha enviado a anunciar que su reino se ha hecho presente en la vida del hombre. Hay que predicar la ley, mostrando que el pecado acarrea la muerte y luego el evangelio, dónde Dios nos dice que nos perdona todos los pecados en Cristo Jesús. Además, con leer la Biblia, oír los sermones y aprender en las clases de catequesis, tendrá una buena base para saber qué anunciar. Simplemente cuéntele a otras personas sobre Jesús, sobre de su ministerio y sus milagros, su muerte en la cruz y su resurrección, del perdón y la esperanza de vida eterna.
“Pero no soy un orador muy bueno.” Ni lo fueron Moisés o Pablo y sospecho que el burro de Balaam tampoco lo fue. Pero Dios utilizó a cada uno de ellos. “Las personas no me escucharán.” Cuidado con esta frase porque ahora con esta afirmación se dice que el poder de la Palabra depende de ti y no de Cristo. Además, puedo reconfortarlo diciéndole que las personas no oyen a unas personas más que a otras. Después de todo, es la Palabra y no la persona que la transmite, la que tiene el poder.
Hable de Jesús a los otros. A sus niños, los jóvenes, a un buen amigo que sea curioso acerca de su fe. El Señor proveerá oportunidades.
Así es cómo el Señor esparce su Reino sobre tierra: Él nos envía con su Palabra. Él da a sus siervos, a ti y a mí, el privilegio de decírselo a otros. Él nos da el honor, a pesar de nuestros pecados y nuestras debilidades, de ser su instrumento para contarle otros sobre Jesús. Y promete que su Palabra no regresará vacía, sino que logrará lo que él la envía a hacer. Donde las personas nos escuchan y se regocijan con nosotros, damos gracias y gloria a Dios. Donde las personas niegan el Evangelio que proclamamos, recordamos que las personas también negaron y rechazaron a Jesús y damos gracias que él nos cuenta como dignos para sufrir por el bien de su nombre.
Cuando usted habla de su Palabra, alégrese sobre todo de esto: Primeramente Jesús lo ha perdonado. De gracia has recibido perdón y amor. Sólo luego de esto es que puedes compartir su gracia. Tu salvación en este día no se basa en lo bien que evangelizas o predicas de Cristo, sino en el mensaje que otras personas le han hecho llegar sobre Jesús. Su salvación es suya porque Jesús ya ha muerto en la cruz para salvarle. Por las bocas de distintas personas en su vida, padres, pastores, amigos y otros, el Señor le ha dado su perdón.
Así es que es en este mismo día, al leer la Palabra de Dios, al oírla en el mensaje o al recibirla junto con los Sacramentos, es la Palabra salvadora de Dios la que lo afirma en la buena noticia del perdón. Como el Evangelio es predicado, anuncia y da el perdón. Así en este día se puede alegrar, porque por esa Palabra es perdonado de todo sus pecados en nombre del Padre y del Hijo de Dios y del Espíritu Santo. Amén
Atte. Pastor Gustavo Lavia.
Escudriñad las Escrituras... ellas son las que dan testimonio de mí Juan 5:39a
La fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios Ro. 10:17
4º Domingo de Pentecostés
“Jesús nos envía y acompaña con su Palabra”
Textos del Día:
El Antiguo Testamento: Éxodo 19:2-8a
La Epístola: Romanos 5:6-11
El Evangelio:
Mateo 9:35-10:8 35 Recorría Jesús todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. 36 Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor. 37 Entonces dijo a sus discípulos: A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos. 38 Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies. Mateo 10:1 Entonces llamando a sus doce discípulos, les dio autoridad sobre los espíritus inmundos, para que los echasen fuera, y para sanar toda enfermedad y toda dolencia. 2 Los nombres de los doce apóstoles son estos: primero Simón, llamado Pedro, y Andrés su hermano; Jacobo hijo de Zebedeo, y Juan su hermano; 3 Felipe, Bartolomé, Tomás, Mateo el publicano, Jacobo hijo de Alfeo, Lebeo, por sobrenombre Tadeo, 4 Simón el cananista, y Judas Iscariote, el que también le entregó. 5 A estos doce envió Jesús, y les dio instrucciones, diciendo: Por camino de gentiles no vayáis, y en ciudad de samaritanos no entréis, 6 sino id antes a las ovejas perdidas de la casa de Israel. 7 Y yendo, predicad, diciendo: El reino de los cielos se ha acercado. 8 Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios; de gracia recibisteis, dad de gracia.
Sermón
El Salvador es quien toma la iniciativa
No es extraño que las muchedumbres se reúnan en torno a Jesús. Muchos han oído sobre él, que va de pueblo en pueblo, de ciudad en ciudad. Que predica acerca del Reino de Dios, sana a los enfermos. Las historias de los milagros se esparcieron rápidamente entre los necesitados, como lo hizo el Evangelio del reino en sus comienzos y es por ello que las personas viajan en grandes grupos para ver, oír y tocar a Jesús, son ovejas necesitadas de un pastor. Así es que el Señor tiene compasión en ellos, sabe que están cansadas, desparramadas, enfermas y agobiadas por la ley y el pecado. De hecho, él desea que todas sean curadas, aliviadas, perdonadas y redimidas.
Así él dice para Sus discípulos, “A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos. 38 Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies” (Mt. 9:38).
No hay duda de que los discípulos habrán respondido al unísono, con un rotundo “SI” a esta oración. “Si, Señor, oraremos para que asía sea”. Pero el Señor no queda pasivo ante esta oración, sino que procede a dar respuesta a la misma. Él llama a los doce. No solo los llama sino que además les da autoridad y poder sobre los espíritus inmundos, para echarlos afuera y sanar toda clase de enfermedades y toda clase de dolencia. Luego los envía diciendo: “Por camino de gentiles no vayáis, y en ciudad de samaritanos no entréis, 6 sino id antes a las ovejas perdidas de la casa de Israel. 7 Y yendo, predicad, diciendo: El reino de los cielos se ha acercado. 8 Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios; de gracia recibisteis, dad de gracia”. (Mt. 10:5-8). Jesús podría hacer esto de muchas otras formas. Él podría mandar a legiones de ángeles para anunciar el mensaje de su reino. Podría usar una voz desde el cielo y así todos podrían escucharlo al mismo tiempo. También podría escribir directamente un mensaje de ánimo para todos o podría sentarse en el templo y llamar a todas las naciones para que vengan a su encuentro. Podría hacer cualquier cosa que quisiese, sabemos y confesamos que Él es el Hijo de Dios Todopoderoso. Pero en lugar de escoger entre estas y otras alternativas, escoge a doce hombres para ir y hacer este anuncio.
Los discípulos son enviados por Jesús y mientras van deben saber y recordar dos cosas: lo que le ha sido dado y por quien han sido enviados. No necesitan inventan el mensaje que tienen que transmitir, sino que van a proclamar un mensaje que de gracia les ha sido dado. Asimismo, no van a realizar maravillas y sanaciones con sus propios poderes, porque en realidad ellos no tienen nada. En lugar de eso, podrán hacer milagros porque Jesús les ha dado autoridad para hacer eso. No están en marcha, proclamando el mensaje por si solos, sino que van porque han sido enviados. Todo esto les ha sido dado gratuitamente. Ahora pueden ir y de gracia pueden dar de lo que han recibido.
Así es que van. Imaginemos a los gentíos que se reúnen para recibirlos. El que sean los discípulos y no el propio Jesús pudo haber causado alguna decepción. Después, todo lo que quieren es ver al Salvador, pero vienen los suplentes en lugar del titular. Quizá algunos se van decepcionados o disgustados antes de que los discípulos abran sus bocas. Quizá sienten que Jesús los ha dejado desamparados, al no asistir personalmente, porque como se dice que el estudiante nunca es mejor que su maestro. Esas son reacciones humanas muy comunes, pero las reacciones humanas están equivocadas en las cosas de Dios. El Señor no es infiel. Éste es su modo de hacer las cosas.
Cuando los discípulos curan a los enfermos, los enfermos están curados. Cuando limpian a los leprosos, los leprosos son limpiados. Cuando resucitan a los muertos, los muertos vuelven a la vida. Cuando expulsan a demonios, los demonios huyen.
¿Por qué? No porque son ellos quienes lo están haciendo. Pedro no dice al enfermo: “En nombre de Pedro estas curado.” Bartolomé no dice a los demonios: “En nombre de Bartolomé, sal de ellos.” A los demonios no les da miedo Bartolomé o Pedro. Pero si les da miedo Jesús y los discípulos están haciendo estas cosas en el nombre de Jesús. Él los ha enviado y por su Palabra está allí con ellos. Cuando predican: “El Reino de los Cielo está cerca” es en serio, porque el Rey está allí con su autoridad y Palabra. Eso quiere decir que cuando los discípulos dicen a las personas que sus pecados son perdonados, sus pecados son perdonados. No porque los discípulos son quienes perdonan, sino porque Jesús está allí perdonando. Eso es qué él los envió a hacer. Eso es qué él les dio para hacer. De Gracia han recibido, ahora de gracia dan.
La Misión Continua
En el Antiguo Testamento encontramos una historia muy curiosa y que les gusta a muchos, es una sobre cómo Dios hace llegar su mensaje por distintos medios, es la del profeta Balaam en Números 22. Como podemos recordar, el Rey Balak envía al profeta Balaam a maldecir a las personas de Israel. Sin embargo, cuando Balaam va en su burro hacia las personas, Dios abre la boca del burro y el burro habla. El burro habla para reprender al profeta Balaam.
¿Por qué a muchos les gusta esta historia? Porque dicen: “Si Dios puede hablar a través del burro de Balaam, también puede hablar a través de mí.”
Más allá de lo gracioso que puede haber en esa afirmación, hay un punto importante que es necesario ver. En su sabiduría, con un mundo lleno de ovejas perdidas y errantes, Dios ha elegido esparcir su reino haciendo que personas pecaminosas hablen de su Palabra. Él llama a los pastores para ejercer el ministerio de la Predicación Pública de su Palabra, en nombre de su Iglesia. Sería difícil de encontrar un grupo de hombres con mayor diversidad de personalidades. A pesar de las rarezas y las fallas de personalidad, sin embargo, el Señor todavía los usa como sus instrumentos. Pero Dios no se limita sólo a ellos para extender su Reino, sino que cada cristiano, tentado por el pecado y exhibiendo toda clase de debilidades, tiene el privilegio de anunciar ese mensaje sobre Jesús a los demás. Así es cómo se expande el reino de Dios.
¿Por qué Dios escoge esta manera? Porque no son las personas las que logran algo, sino que es la Palabra de Dios. El Señor Jesucristo, el Verbo hecho carne, se hace presente por medio de su Palabra. El reino de los cielos está cerca porque el Rey está cerca. El mismo Salvador que fue a la cruz a morir por los pecados del mundo, ahora viene por su Palabra a darle ese perdón a las personas, para ti y para mí y a todo quién la oye y la cree. Jesús está presente donde su Palabra está. Agregue a esa Palabra un poco de agua y él está allí en el Santo Bautismo. Agregue a esa Palabra pan y vino y él está presente en la Santa Cena con su verdadero cuerpo y su verdadera sangre.
La Palabra de Dios es poderosa y no la persona que está transmitiéndola. Es la misma Palabra con el mismo poder que sanaba al enfermo, que limpiaba al leproso y expulsaba a los demonios en los tiempos del Señor. Por esa Palabra, Jesús viene a dar perdón, fe y vida eterna, para convertir a pecadores errantes en personas de su reino y en ovejas de su prado. Es tan simple.
Por supuesto que si bien el Señor es fiel, las personas somos pecadores y no somos conocidos por lo mismo. Así es que necesitamos advertir de los peligros que como humanos usualmente caemos, como desperdiciamos o mal usamos este regalo de Dios.
El primer peligro es la idea que el poder de la Palabra depende del carisma del que la transmite. Si el estilo del predicador es simpático, mantiene el interés contando historias graciosas o grita constantemente, entonces sin lugar a dudas la Palabra es poderosa. Sin embargo si tiene un domingo malo o no sonríe para nada, entonces la Palabra no será tan poderosa. Si esto es cierto, es afirmar que Dios es tan fiel y poderoso como el hombre pecaminoso que predica el sermón. Quiere decir que el poder de Dios difiere en cuánto al sueño que el pastor obtuvo la noche anterior. Ésta es una tentación sumamente sutil en nuestra cultura e incluso en la sociedad, porque la imagen y la apariencia es sobrevalorada. Por ejemplo, las personas juzgan los libros por las tapas y las compañías gastan millones para asegurarse de que sus productos tengan una buena presentación y una campaña de anuncio exitosa, pero eso no quiere decir que su contenido sea bueno. O acaso ¿un producto es mejor porque una celebridad afirma usarlo? O ¿la cerveza realmente sabe mejor si hay más bellas mujeres en el anuncio de publicidad? Somos condicionados fácilmente para que juzguemos la calidad de todas las cosas por como se nos presenta, por lo afable o simpático que puede resultar en nuestras vidas. Nuestro viejo hombre quiere asegurarse de que no entendamos la Palabra de Dios, sino que la mal interpretemos, según nuestros propios criterios. Los pastores, también sufren esta tentación, creyendo que su personalidad o estilo hace a la Palabra más efectiva. Desde ya que eso no es cierto. El poder de la Palabra no está comprometido por la personalidad del orador. Donde la Palabra está presente, Jesús lo está. Donde Jesús está, hay perdón, vida y salvación.
Otro de los peligros es el de la idea que el poder de la Palabra depende de la ordenación del predicador. Si el que predica la Palabra está ordenado, entonces la Palabra de Dios es poderosa. Si una persona cualquiera comparte la Palabra con alguien, se cree que es simple información pero nada más, como pasar una receta de cocina o una noticia de la actualidad. Habla sobre salvación, pero no salva. Si esto es cierto, el plan de salvación de Dios está limitado por el oficio del hombre y estamos limitando el poder de Dios.
El tercer peligro es que la que nuestro viejo hombre quiere hacernos creer que la predicación de la Palabra es mejor dejarla a los profesionales, sean pastores, misioneros o personas que estudiaron para ello. Los cristianos se encuentran y pasan tiempo con un montón de personas diariamente, a quién el pastor, líder o misionero nunca conocerán y cada creyente tiene la posibilidad y alegría de dar cuenta de la esperanza que tienen en Cristo.
Sin embargo, muchos se resisten o tienen miedo de hacer esto. Las razones dadas podrían ser unas u otras. Pero analicemos algunas: “No sé qué decir” es uno de los argumentos más usados. Creen que el mensaje es complicado y difícil de enunciar. Dios nos ha enviado a anunciar que su reino se ha hecho presente en la vida del hombre. Hay que predicar la ley, mostrando que el pecado acarrea la muerte y luego el evangelio, dónde Dios nos dice que nos perdona todos los pecados en Cristo Jesús. Además, con leer la Biblia, oír los sermones y aprender en las clases de catequesis, tendrá una buena base para saber qué anunciar. Simplemente cuéntele a otras personas sobre Jesús, sobre de su ministerio y sus milagros, su muerte en la cruz y su resurrección, del perdón y la esperanza de vida eterna.
“Pero no soy un orador muy bueno.” Ni lo fueron Moisés o Pablo y sospecho que el burro de Balaam tampoco lo fue. Pero Dios utilizó a cada uno de ellos. “Las personas no me escucharán.” Cuidado con esta frase porque ahora con esta afirmación se dice que el poder de la Palabra depende de ti y no de Cristo. Además, puedo reconfortarlo diciéndole que las personas no oyen a unas personas más que a otras. Después de todo, es la Palabra y no la persona que la transmite, la que tiene el poder.
Hable de Jesús a los otros. A sus niños, los jóvenes, a un buen amigo que sea curioso acerca de su fe. El Señor proveerá oportunidades.
Así es cómo el Señor esparce su Reino sobre tierra: Él nos envía con su Palabra. Él da a sus siervos, a ti y a mí, el privilegio de decírselo a otros. Él nos da el honor, a pesar de nuestros pecados y nuestras debilidades, de ser su instrumento para contarle otros sobre Jesús. Y promete que su Palabra no regresará vacía, sino que logrará lo que él la envía a hacer. Donde las personas nos escuchan y se regocijan con nosotros, damos gracias y gloria a Dios. Donde las personas niegan el Evangelio que proclamamos, recordamos que las personas también negaron y rechazaron a Jesús y damos gracias que él nos cuenta como dignos para sufrir por el bien de su nombre.
Cuando usted habla de su Palabra, alégrese sobre todo de esto: Primeramente Jesús lo ha perdonado. De gracia has recibido perdón y amor. Sólo luego de esto es que puedes compartir su gracia. Tu salvación en este día no se basa en lo bien que evangelizas o predicas de Cristo, sino en el mensaje que otras personas le han hecho llegar sobre Jesús. Su salvación es suya porque Jesús ya ha muerto en la cruz para salvarle. Por las bocas de distintas personas en su vida, padres, pastores, amigos y otros, el Señor le ha dado su perdón.
Así es que es en este mismo día, al leer la Palabra de Dios, al oírla en el mensaje o al recibirla junto con los Sacramentos, es la Palabra salvadora de Dios la que lo afirma en la buena noticia del perdón. Como el Evangelio es predicado, anuncia y da el perdón. Así en este día se puede alegrar, porque por esa Palabra es perdonado de todo sus pecados en nombre del Padre y del Hijo de Dios y del Espíritu Santo. Amén
Atte. Pastor Gustavo Lavia.
sábado, 31 de mayo de 2008
3º Domingo de Pentecostés. 01/06/08
Escudriñad las Escrituras... ellas son las que dan testimonio de mí Juan 5:39a La fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios Ro. 10:17
3º Domingo de Pentecostés
“Jesús escoge a sus discípulos”
Textos del Día:
El Antiguo Testamento: Oseas 5:15-6:6
La Epístola: Romanos 4:18-25
El Evangelio: Mateo 9:9:
9 Pasando Jesús de allí, vio a un hombre llamado Mateo, que estaba sentado al banco de los tributos públicos, y le dijo: Sígueme. Y se levantó y le siguió. 10 Y aconteció que estando él sentado a la mesa en la casa, he aquí que muchos publicanos y pecadores, que habían venido, se sentaron juntamente a la mesa con Jesús y sus discípulos. 11 Cuando vieron esto los fariseos, dijeron a los discípulos: ¿Por qué come vuestro Maestro con los publicanos y pecadores? 12 Al oír esto Jesús, les dijo: Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. 13 Id, pues, y aprended lo que significa: Misericordia quiero, y no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores, al arrepentimiento.
Sermón
El Señor escoge a aquellos que le siguen, doce son los electos, le acompañarán por tres años donde tendrán un entrenamiento intensivo y aprenderán directamente de él. Luego, once de ellos irán al mundo para hacer discípulos a todas las naciones, sufrirán adversidades y aun la muerte.
No hay necesidad de ponerse como candidato, Él hará la elección. Tu no te propones, Él te llama.
En el evangelio de hoy, el Hijo de Dios tiene opciones de llamar a discípulos entre dos grupos muy diferentes. Por un lado, está Mateo, un funcionario del gobierno opresor, cobrador de impuestos. En su tiempo libre, Mateo solo puede reunirse con otros recaudadores de impuestos y “otros pecadores notorios”, ya que es rechazado por gran parte de la sociedad. Si escoge a Mateo o a uno de los suyos, tendrá a una persona aborrecida, rechazada por el pueblo y pecadora, que no puede ganarse el favor de Dios. Por otra parte están los fariseos, estos son personas serias, estrictas, pasaron años estudiando de la Palabra de Dios. Constantemente están hablando de Dios y van por la vida mostrando como se puede ganar el favor de Dios. Si Jesús selecciona a un fariseo, él tiene a un hombre que ya es disciplinado, culto y religioso. Pero aquí vemos que Jesús escoge a Mateo.
1. La gracia de Dios y Mateo: El Señor elige a Mateo y no sólo lo elige sino que además va y come con Mateo y con sus amigos “pecaminosos”. Los fariseos se escandalizan y se sienten indignados: ¿Si éste es el Salvador, cómo puedo hacer tal cosa? Ellos piensan así porque creían que:
a. Las personas ganamos el favor de Dios cumpliendo su voluntad.
b. Por consiguiente, Dios ama a aquellos que hacen su voluntad, y los ama más que a aquellos no la hacen. O para ponerlo de otro modo, aquellos que cumplen la Ley de Dios son “más salvos” que aquellos que no lo intentan. Los fariseos son expertos en intentar guardar la ley, de hecho, la han incrementado. Por ejemplo, el Señor había ordenado que se descanse en el día sábado. Los fariseos llegaron a decir cuántos pasos se podían dar antes de que la persona esté cansada.
c. Naturalmente, un fariseo era una mejor elección que un recaudador de impuestos. De todos modos, Jesús escoge a Mateo.
Ante esta elección, los fariseos reaccionan. En primer lugar, desprecian a Mateo, por su oficio y su reputación. Pero luego de esta elección desprecian más a Jesús. Esta reacción no es porque no escogió a uno de ellos. No, el problema, según ellos lo ven, es que él obra en contra de sus creencias. Ellos tienen su propio plan de salvación y su plan es que ellos ofrecen sus buenas obras a Dios como un sacrificio agradable para ganar su favor. Pero si Jesús come con pecadores en lugar de comer con ellos es porque es un salvador que no está de acuerdo con su plan. Él tiene piedad de aquellos a quienes aborrecen, ofrece auxilio y reconforta a sus enemigos. Él es una amenaza porque cuestiona su confesión de fe, sus creencias y doctrinas. ¿Cómo puede hacer tal cosa? Se preguntaban.
Jesús le explica a los fariseos: “Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos”. Imagine que un doctor declara que sólo atenderá a personas en perfecto estado de salud: “Entre en mi oficina, recuéstese y déjeme hacerle algunas pruebas y tal vez le lleve a cabo alguna cirugía. ¡Usted está perfectamente saludable y voy a curarle!”. Es una idea ridícula, ¿no cree? Las personas saludables no tienen que estar curadas: ya están libres de enfermedades.
Si bien esta situación es algo poco usual, hay otra que no lo es y que se repite muchas vece. Uno que está enfermo y que se rehúsa a admitir su enfermedad. En vez de recurrir a un doctor que le puede ayudar, persiste en que “no necesito a un doctor, porque no estoy enfermo. Los doctores no son para personas saludables y estoy saludable”. Parece absurdo, pero algunos no admiten que están enfermos, aún cuando es claro que están enfermos de gravedad. Aquí vemos un punto importante: Por más positivo que se pueda ser o por más que se niegue la enfermedad, esto no se quita, aún existe. Los doctores, en realidad, no ayudan a las personas saludables que no los necesitan. Así como no pueden ayudar a las personas que no admiten que están enfermas, ayudan a quienes reconocen que necesitan su atención médica. Es por esto que tenemos al Salvador. Él ha venido a salvar a las personas pecadoras que están desahuciadas por sus pecados. Él no vino para morir por las personas santas, inmaculadas, justas. En primer lugar, esas personas no existen. Por otro lado, si existiesen dichas personas no necesitarían que Él muriese para limpiarlos de sus pecados.
Jesús murió por los pecadores. Él fue la cruz para morir por los pecados de mundo. Pero mientras él muere por todos, no todos se salvan. ¿Por qué? Por que muchos dirán: “Está bien y es bueno que Jesús muera por los pecadores: Ellos lo necesitan. Pero yo no soy pecador, al menos no tan pecador como para que él necesite morir para relacionarme con Dios. No estoy enfermo, así es que no necesito que me sanen".
Pero que opines así, no quiere decir que así sea. Muchos insisten en que no están enfermos con el pecado. Muchos mantienen que son buenos porque mantienen una actitud positiva. Pero uno no puede deshacerse del pecado solo con desearlo. Uno necesita ser curado de esa enfermedad.
Es por esto que Jesús dice “Misericordia quiero, y no sacrificio”. Muchos tratan de llegar al cielo ofreciendo un sacrificio de buenas obras, buenos pensamientos, porque creen que no son tan pecaminosos. Creen que pueden presentarse ante Dios y decirle: “Mira Señor lo que he hecho, ¡He hecho cosas buenas! ¡Por eso no soy tan pecador! ¡Por eso no necesito que alguien me salve! Puedo salvarme por mí mismo”.
El Señor no desea tales sacrificios. De hecho, le ofenden. Cuando alguien declara ante Dios que es bastante bueno para hacerlo por sí mismo, le está diciendo que el sacrificó de su Hijo fue hecho sin causa justificada, porque puede salvarse por si solo. Despojando al Hijo de Dios de su gloria y ofendiendo al Padre.
Dios tiene piedad de los hombres. Es por eso que él sacrificó a su Hijo, juzgándolo en la cruz en nuestro lugar. Él ha dado a su Hijo el castigo que merecíamos a fin de que nos pueda dar lo que no merecemos: La Gracia Salvadora. Por la bondad de Jesús, el Padre Eterno declara: “Sus propias obras no le salvan, no pueden. Mi Hijo le ha salvado. Él ha vivido y ha muerto por ti. Lo he levantado de los muertos para darle vida. No le salvé por sus propios esfuerzos sino por los de mi Hijo”. Esto es lo que él quiere decir cuando declara, “Misericordia quiero, y no sacrificio”.
Todo esto es el porqué Jesús llama a Mateo y no a uno de los fariseos. Los fariseos no lo quieren a él y ni a su misericordia, si bien es verdad que le necesitan. Pero siempre y cuando ellos confíen en sus propios esfuerzos y sacrificios, no tienen la necesidad del sacrificio de Cristo, siguen perdidos en sus pecados.
Por consiguiente Jesús come con los pecadores. Él no come con ellos para hacer que sus estilos de vida pecaminosos sean aceptables. Él reprenderá los pecados como cosa abominable a los ojos de Dios. Pero estos pecadores no hacen el intento de ganar la salvación por sus propias obras. Algunos no hacen intento porque se pierden en sus pecado y no tienen ganas de arrepentirse. Pero algunos no hacen el intento porque saben que no pueden compensar sus pecados. No confían en ellos mismos ni en sus sacrificios. Por lo cual están listos a confiar en Jesús como el sacrificio por los pecados de mundo.
Así es que Mateo pasa de recaudador de impuestos a discípulo, luego a apóstol. Él humildemente registra la llamada del Evangelio que luego publica por la inspiración del Espíritu Santo a fin de que pudiésemos gozarnos de la misericordia de Señor. Los recaudadores de impuestos comprenden de números y cómo tienen que ser pagadas las deudas. Por la gracia de Dios, Mateo cree que él no puede pagar la deuda de sus pecados y por la gracia de Dios, confía que Jesús le perdonará todos ellos.
Eso por esto que los cristianos llegan a serlo. En vez de señalar sus sacrificios, sus intentos para complacer a Dios, confiesan sus pecados y se gozan de su misericordia. “Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios.” Salmo 51:17.
El deseo de confiar en nuestros sacrificios es fuerte. Nuestra vieja naturaleza pecaminosa no quiere que confesemos nuestros pecados y mucho menos prefiere que creamos en la gracia de Dios. El mundo está bastante de acuerdo con esto, tratando de convencernos que nos salvamos solamente siendo buenos sin necesitar de Cristo. Dentro de la cristiandad, se vuelve un poco menos obvio, pero no quiere decir que no exista.
Algunas iglesias le dirán que junto con el perdón de Cristo se ganará el favor de Dios y la salvación por las obras que hace y el número de oraciones que realice. Fácilmente comprendemos este error. Pero hay una versión mucho más sutil dentro de la Iglesia hoy día, uno que entra poco a poco y con demasiada frecuencia: Es la idea de que tienes que creer en él para salvarse. Eso suena muy inocente y nadie lo discutirá. Pero lo que realmente se quiere decir con esto es que Jesús ha muerto por ti y ha hecho su parte. Pero ahora queda por hacer vuestra parte: Tiene que elegir creer en él. Cuando haya hecho esa decisión será salvo.
Pero ¿esta diferencia es importante? Claro que sí. Si debes tomar una decisión para creer en Jesús, quiere decir que debes ser lo suficientemente conciente para entender. Debes aprender una cierta cantidad de conocimientos a fin de que sea una decisión informada. Debes ser lo suficientemente responsable para querer entender lo que dices. En otras palabras, para salvarse, debe ofrecer un sacrificio, aprender y confesar.
Jesús declara “Misericordia quiero, y no sacrificio”. Él nos salva porque es compasivo, no porque vivamos, aprendamos y sepamos qué quiere decir. Esto es para nuestro bien y certeza de salvación. Para que apreciemos esta sutil diferencia : ¿si nosotros debemos ser lo suficientemente concientes para entender, cómo podemos asegurarnos de que somos lo suficientemente concientes para comprender? ¿Si debemos saber una cierta cantidad de cosas, cómo podemos asegurarnos de que sepamos bastante? ¿Si nos salvamos por nuestra sinceridad, cómo podemos asegurarnos de que seamos lo suficientemente sinceros? ¿Si nos salvamos por nuestros sacrificios, cómo podemos asegurarnos de que hayamos sacrificado bastante? Puede parecer no tener importancia ahora, pero lo tendrá en su lecho de muerte.
“Misericordia quiero, y no sacrificio” dice el Señor. Nunca podemos estar seguros de nuestros esfuerzos, pero podemos tener la seguridad de hay uno que sí es suficiente: Cristo ha muerto por todos nuestros pecados. Él ha sido levantado y le otorga el perdón de todos sus pecados. Si todos sus pecados son perdonados, el trabajo está hecho y por ello es que tienes fe, vida y esperanza. No por algo que haya hecho, sino porque él ha hecho todo y eso es suficiente.
Esto es lo que aprendemos de cuando nuestro Buen Pastor nos llama por nuestro nombre. Esto lo hace por medio del Bautismo, allí él viene a nosotros, nos llama. Él nos une con su sacrificio para limpiar nuestros pecados. Él nos une con su muerte y resurrección de entre los muertos. Él nos otorga su rectitud, su vida y su fe. Él no hace estas cosas porque hayamos hecho un gran sacrificio o incluso uno pequeño. Él ha hace estas cosas porque él es compasivo, porque así es como él tiene piedad de nosotros.
Incluso dentro de la cristiandad, muchos objetan ¿Cómo afirman que el bautismo hace cosas tan grandes en bebes que ni siquiera tienen un año de vida? La cuestión es si los bebes ¿Debe entender el por qué lo alimentan antes de que sus padres puedan darle su comida? No, si bien ellos no tienen idea de qué hace la comida, aún así los beneficia. ¿Deben comprender el concepto de frazadas y ser arropados antes de que se los protejan del frío? Nuevamente NO. ¿Si están enfermos, deben comprender lo que el doctor hace, o cómo puede la medicina curarlos, antes de que sean tratados? Otra vez, la respuesta es no.
El Señor provee comida, ropa y la medicina para ellos y nosotros en esta vida y nos beneficiamos aun sin que sepamos cómo lo hace. El Señor provee fe, perdón y vida en el Bautismo por siempre. Asimismo nos beneficia aunque en su momento non hayamos comprendido el cómo.
Esto es afirmado por las palabras de Jesús: “Misericordia quiero y no sacrificio”. Lo que nos dice es que un niño no debe ser lo suficientemente conciente para entender antes de que pueda creer. Él dice que todos nos salvamos por un sacrificio. No debemos ofrecer sacrificios para entender que el Señor tiene piedad de nosotros.
Es fácil entender esto en un infante. Lo que debemos creer es que esto también es verdadero para los adultos. Somos salvados y permanecemos así solamente por la misericordia del Señor.
Porque Dios nos ama nos da estos años de la vida. Hemos aprendido y continuamos aprendiendo las enseñanzas de la fe de no a ganarnos el favor de Dios, porque el Señor ya nos revelándonos y dándonos su gracia por medio del Verbo encarnado, no sea que nuestra ignorancia nos desvíe hacia una falsa enseñanza. Creemos porque Dios ya nos favorece por Jesús y así es por él que nos da la fe para creer.
Recuerda que nos salvamos solamente por la misericordia del Señor, no por nuestros esfuerzos. Somos congregados por la obra de Dios. En la liturgia decimos “Señor, tenemos piedad de nosotros”. Por este verso de la liturgia, reconocemos que no podemos impresionar a Dios con nuestras obras y nuestros sacrificios. Estamos aquí porque no podemos salvarnos. Por consiguiente, reconocemos que estamos aquí a fin de que el Señor pueda tener piedad en nosotros y salvarnos solamente por su obra y su gracia.
Alégrate porque así como recitamos “Señor ten piedad”, no es porque estamos tratando de persuadirle, para hacerle entrar en razón. Estamos de acuerdo con él, es lo que él viene a hacer, no viene a medir nuestros sacrificios, sino para tener misericordia de nosotros. Y porque él esta aquí para tener piedad de nosotros, es que puedes estar seguro de esto: Eres perdonado de todos sus pecados en nombre del Padre y del Hijo de Dios y del Espíritu Santo. Amén
Atte. Pastor Gustavo Lavia.
3º Domingo de Pentecostés
“Jesús escoge a sus discípulos”
Textos del Día:
El Antiguo Testamento: Oseas 5:15-6:6
La Epístola: Romanos 4:18-25
El Evangelio: Mateo 9:9:
9 Pasando Jesús de allí, vio a un hombre llamado Mateo, que estaba sentado al banco de los tributos públicos, y le dijo: Sígueme. Y se levantó y le siguió. 10 Y aconteció que estando él sentado a la mesa en la casa, he aquí que muchos publicanos y pecadores, que habían venido, se sentaron juntamente a la mesa con Jesús y sus discípulos. 11 Cuando vieron esto los fariseos, dijeron a los discípulos: ¿Por qué come vuestro Maestro con los publicanos y pecadores? 12 Al oír esto Jesús, les dijo: Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. 13 Id, pues, y aprended lo que significa: Misericordia quiero, y no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores, al arrepentimiento.
Sermón
El Señor escoge a aquellos que le siguen, doce son los electos, le acompañarán por tres años donde tendrán un entrenamiento intensivo y aprenderán directamente de él. Luego, once de ellos irán al mundo para hacer discípulos a todas las naciones, sufrirán adversidades y aun la muerte.
No hay necesidad de ponerse como candidato, Él hará la elección. Tu no te propones, Él te llama.
En el evangelio de hoy, el Hijo de Dios tiene opciones de llamar a discípulos entre dos grupos muy diferentes. Por un lado, está Mateo, un funcionario del gobierno opresor, cobrador de impuestos. En su tiempo libre, Mateo solo puede reunirse con otros recaudadores de impuestos y “otros pecadores notorios”, ya que es rechazado por gran parte de la sociedad. Si escoge a Mateo o a uno de los suyos, tendrá a una persona aborrecida, rechazada por el pueblo y pecadora, que no puede ganarse el favor de Dios. Por otra parte están los fariseos, estos son personas serias, estrictas, pasaron años estudiando de la Palabra de Dios. Constantemente están hablando de Dios y van por la vida mostrando como se puede ganar el favor de Dios. Si Jesús selecciona a un fariseo, él tiene a un hombre que ya es disciplinado, culto y religioso. Pero aquí vemos que Jesús escoge a Mateo.
1. La gracia de Dios y Mateo: El Señor elige a Mateo y no sólo lo elige sino que además va y come con Mateo y con sus amigos “pecaminosos”. Los fariseos se escandalizan y se sienten indignados: ¿Si éste es el Salvador, cómo puedo hacer tal cosa? Ellos piensan así porque creían que:
a. Las personas ganamos el favor de Dios cumpliendo su voluntad.
b. Por consiguiente, Dios ama a aquellos que hacen su voluntad, y los ama más que a aquellos no la hacen. O para ponerlo de otro modo, aquellos que cumplen la Ley de Dios son “más salvos” que aquellos que no lo intentan. Los fariseos son expertos en intentar guardar la ley, de hecho, la han incrementado. Por ejemplo, el Señor había ordenado que se descanse en el día sábado. Los fariseos llegaron a decir cuántos pasos se podían dar antes de que la persona esté cansada.
c. Naturalmente, un fariseo era una mejor elección que un recaudador de impuestos. De todos modos, Jesús escoge a Mateo.
Ante esta elección, los fariseos reaccionan. En primer lugar, desprecian a Mateo, por su oficio y su reputación. Pero luego de esta elección desprecian más a Jesús. Esta reacción no es porque no escogió a uno de ellos. No, el problema, según ellos lo ven, es que él obra en contra de sus creencias. Ellos tienen su propio plan de salvación y su plan es que ellos ofrecen sus buenas obras a Dios como un sacrificio agradable para ganar su favor. Pero si Jesús come con pecadores en lugar de comer con ellos es porque es un salvador que no está de acuerdo con su plan. Él tiene piedad de aquellos a quienes aborrecen, ofrece auxilio y reconforta a sus enemigos. Él es una amenaza porque cuestiona su confesión de fe, sus creencias y doctrinas. ¿Cómo puede hacer tal cosa? Se preguntaban.
Jesús le explica a los fariseos: “Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos”. Imagine que un doctor declara que sólo atenderá a personas en perfecto estado de salud: “Entre en mi oficina, recuéstese y déjeme hacerle algunas pruebas y tal vez le lleve a cabo alguna cirugía. ¡Usted está perfectamente saludable y voy a curarle!”. Es una idea ridícula, ¿no cree? Las personas saludables no tienen que estar curadas: ya están libres de enfermedades.
Si bien esta situación es algo poco usual, hay otra que no lo es y que se repite muchas vece. Uno que está enfermo y que se rehúsa a admitir su enfermedad. En vez de recurrir a un doctor que le puede ayudar, persiste en que “no necesito a un doctor, porque no estoy enfermo. Los doctores no son para personas saludables y estoy saludable”. Parece absurdo, pero algunos no admiten que están enfermos, aún cuando es claro que están enfermos de gravedad. Aquí vemos un punto importante: Por más positivo que se pueda ser o por más que se niegue la enfermedad, esto no se quita, aún existe. Los doctores, en realidad, no ayudan a las personas saludables que no los necesitan. Así como no pueden ayudar a las personas que no admiten que están enfermas, ayudan a quienes reconocen que necesitan su atención médica. Es por esto que tenemos al Salvador. Él ha venido a salvar a las personas pecadoras que están desahuciadas por sus pecados. Él no vino para morir por las personas santas, inmaculadas, justas. En primer lugar, esas personas no existen. Por otro lado, si existiesen dichas personas no necesitarían que Él muriese para limpiarlos de sus pecados.
Jesús murió por los pecadores. Él fue la cruz para morir por los pecados de mundo. Pero mientras él muere por todos, no todos se salvan. ¿Por qué? Por que muchos dirán: “Está bien y es bueno que Jesús muera por los pecadores: Ellos lo necesitan. Pero yo no soy pecador, al menos no tan pecador como para que él necesite morir para relacionarme con Dios. No estoy enfermo, así es que no necesito que me sanen".
Pero que opines así, no quiere decir que así sea. Muchos insisten en que no están enfermos con el pecado. Muchos mantienen que son buenos porque mantienen una actitud positiva. Pero uno no puede deshacerse del pecado solo con desearlo. Uno necesita ser curado de esa enfermedad.
Es por esto que Jesús dice “Misericordia quiero, y no sacrificio”. Muchos tratan de llegar al cielo ofreciendo un sacrificio de buenas obras, buenos pensamientos, porque creen que no son tan pecaminosos. Creen que pueden presentarse ante Dios y decirle: “Mira Señor lo que he hecho, ¡He hecho cosas buenas! ¡Por eso no soy tan pecador! ¡Por eso no necesito que alguien me salve! Puedo salvarme por mí mismo”.
El Señor no desea tales sacrificios. De hecho, le ofenden. Cuando alguien declara ante Dios que es bastante bueno para hacerlo por sí mismo, le está diciendo que el sacrificó de su Hijo fue hecho sin causa justificada, porque puede salvarse por si solo. Despojando al Hijo de Dios de su gloria y ofendiendo al Padre.
Dios tiene piedad de los hombres. Es por eso que él sacrificó a su Hijo, juzgándolo en la cruz en nuestro lugar. Él ha dado a su Hijo el castigo que merecíamos a fin de que nos pueda dar lo que no merecemos: La Gracia Salvadora. Por la bondad de Jesús, el Padre Eterno declara: “Sus propias obras no le salvan, no pueden. Mi Hijo le ha salvado. Él ha vivido y ha muerto por ti. Lo he levantado de los muertos para darle vida. No le salvé por sus propios esfuerzos sino por los de mi Hijo”. Esto es lo que él quiere decir cuando declara, “Misericordia quiero, y no sacrificio”.
Todo esto es el porqué Jesús llama a Mateo y no a uno de los fariseos. Los fariseos no lo quieren a él y ni a su misericordia, si bien es verdad que le necesitan. Pero siempre y cuando ellos confíen en sus propios esfuerzos y sacrificios, no tienen la necesidad del sacrificio de Cristo, siguen perdidos en sus pecados.
Por consiguiente Jesús come con los pecadores. Él no come con ellos para hacer que sus estilos de vida pecaminosos sean aceptables. Él reprenderá los pecados como cosa abominable a los ojos de Dios. Pero estos pecadores no hacen el intento de ganar la salvación por sus propias obras. Algunos no hacen intento porque se pierden en sus pecado y no tienen ganas de arrepentirse. Pero algunos no hacen el intento porque saben que no pueden compensar sus pecados. No confían en ellos mismos ni en sus sacrificios. Por lo cual están listos a confiar en Jesús como el sacrificio por los pecados de mundo.
Así es que Mateo pasa de recaudador de impuestos a discípulo, luego a apóstol. Él humildemente registra la llamada del Evangelio que luego publica por la inspiración del Espíritu Santo a fin de que pudiésemos gozarnos de la misericordia de Señor. Los recaudadores de impuestos comprenden de números y cómo tienen que ser pagadas las deudas. Por la gracia de Dios, Mateo cree que él no puede pagar la deuda de sus pecados y por la gracia de Dios, confía que Jesús le perdonará todos ellos.
Eso por esto que los cristianos llegan a serlo. En vez de señalar sus sacrificios, sus intentos para complacer a Dios, confiesan sus pecados y se gozan de su misericordia. “Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios.” Salmo 51:17.
El deseo de confiar en nuestros sacrificios es fuerte. Nuestra vieja naturaleza pecaminosa no quiere que confesemos nuestros pecados y mucho menos prefiere que creamos en la gracia de Dios. El mundo está bastante de acuerdo con esto, tratando de convencernos que nos salvamos solamente siendo buenos sin necesitar de Cristo. Dentro de la cristiandad, se vuelve un poco menos obvio, pero no quiere decir que no exista.
Algunas iglesias le dirán que junto con el perdón de Cristo se ganará el favor de Dios y la salvación por las obras que hace y el número de oraciones que realice. Fácilmente comprendemos este error. Pero hay una versión mucho más sutil dentro de la Iglesia hoy día, uno que entra poco a poco y con demasiada frecuencia: Es la idea de que tienes que creer en él para salvarse. Eso suena muy inocente y nadie lo discutirá. Pero lo que realmente se quiere decir con esto es que Jesús ha muerto por ti y ha hecho su parte. Pero ahora queda por hacer vuestra parte: Tiene que elegir creer en él. Cuando haya hecho esa decisión será salvo.
Pero ¿esta diferencia es importante? Claro que sí. Si debes tomar una decisión para creer en Jesús, quiere decir que debes ser lo suficientemente conciente para entender. Debes aprender una cierta cantidad de conocimientos a fin de que sea una decisión informada. Debes ser lo suficientemente responsable para querer entender lo que dices. En otras palabras, para salvarse, debe ofrecer un sacrificio, aprender y confesar.
Jesús declara “Misericordia quiero, y no sacrificio”. Él nos salva porque es compasivo, no porque vivamos, aprendamos y sepamos qué quiere decir. Esto es para nuestro bien y certeza de salvación. Para que apreciemos esta sutil diferencia : ¿si nosotros debemos ser lo suficientemente concientes para entender, cómo podemos asegurarnos de que somos lo suficientemente concientes para comprender? ¿Si debemos saber una cierta cantidad de cosas, cómo podemos asegurarnos de que sepamos bastante? ¿Si nos salvamos por nuestra sinceridad, cómo podemos asegurarnos de que seamos lo suficientemente sinceros? ¿Si nos salvamos por nuestros sacrificios, cómo podemos asegurarnos de que hayamos sacrificado bastante? Puede parecer no tener importancia ahora, pero lo tendrá en su lecho de muerte.
“Misericordia quiero, y no sacrificio” dice el Señor. Nunca podemos estar seguros de nuestros esfuerzos, pero podemos tener la seguridad de hay uno que sí es suficiente: Cristo ha muerto por todos nuestros pecados. Él ha sido levantado y le otorga el perdón de todos sus pecados. Si todos sus pecados son perdonados, el trabajo está hecho y por ello es que tienes fe, vida y esperanza. No por algo que haya hecho, sino porque él ha hecho todo y eso es suficiente.
Esto es lo que aprendemos de cuando nuestro Buen Pastor nos llama por nuestro nombre. Esto lo hace por medio del Bautismo, allí él viene a nosotros, nos llama. Él nos une con su sacrificio para limpiar nuestros pecados. Él nos une con su muerte y resurrección de entre los muertos. Él nos otorga su rectitud, su vida y su fe. Él no hace estas cosas porque hayamos hecho un gran sacrificio o incluso uno pequeño. Él ha hace estas cosas porque él es compasivo, porque así es como él tiene piedad de nosotros.
Incluso dentro de la cristiandad, muchos objetan ¿Cómo afirman que el bautismo hace cosas tan grandes en bebes que ni siquiera tienen un año de vida? La cuestión es si los bebes ¿Debe entender el por qué lo alimentan antes de que sus padres puedan darle su comida? No, si bien ellos no tienen idea de qué hace la comida, aún así los beneficia. ¿Deben comprender el concepto de frazadas y ser arropados antes de que se los protejan del frío? Nuevamente NO. ¿Si están enfermos, deben comprender lo que el doctor hace, o cómo puede la medicina curarlos, antes de que sean tratados? Otra vez, la respuesta es no.
El Señor provee comida, ropa y la medicina para ellos y nosotros en esta vida y nos beneficiamos aun sin que sepamos cómo lo hace. El Señor provee fe, perdón y vida en el Bautismo por siempre. Asimismo nos beneficia aunque en su momento non hayamos comprendido el cómo.
Esto es afirmado por las palabras de Jesús: “Misericordia quiero y no sacrificio”. Lo que nos dice es que un niño no debe ser lo suficientemente conciente para entender antes de que pueda creer. Él dice que todos nos salvamos por un sacrificio. No debemos ofrecer sacrificios para entender que el Señor tiene piedad de nosotros.
Es fácil entender esto en un infante. Lo que debemos creer es que esto también es verdadero para los adultos. Somos salvados y permanecemos así solamente por la misericordia del Señor.
Porque Dios nos ama nos da estos años de la vida. Hemos aprendido y continuamos aprendiendo las enseñanzas de la fe de no a ganarnos el favor de Dios, porque el Señor ya nos revelándonos y dándonos su gracia por medio del Verbo encarnado, no sea que nuestra ignorancia nos desvíe hacia una falsa enseñanza. Creemos porque Dios ya nos favorece por Jesús y así es por él que nos da la fe para creer.
Recuerda que nos salvamos solamente por la misericordia del Señor, no por nuestros esfuerzos. Somos congregados por la obra de Dios. En la liturgia decimos “Señor, tenemos piedad de nosotros”. Por este verso de la liturgia, reconocemos que no podemos impresionar a Dios con nuestras obras y nuestros sacrificios. Estamos aquí porque no podemos salvarnos. Por consiguiente, reconocemos que estamos aquí a fin de que el Señor pueda tener piedad en nosotros y salvarnos solamente por su obra y su gracia.
Alégrate porque así como recitamos “Señor ten piedad”, no es porque estamos tratando de persuadirle, para hacerle entrar en razón. Estamos de acuerdo con él, es lo que él viene a hacer, no viene a medir nuestros sacrificios, sino para tener misericordia de nosotros. Y porque él esta aquí para tener piedad de nosotros, es que puedes estar seguro de esto: Eres perdonado de todos sus pecados en nombre del Padre y del Hijo de Dios y del Espíritu Santo. Amén
Atte. Pastor Gustavo Lavia.
sábado, 24 de mayo de 2008
2º Domingo de Pentecostés. 25/05/08
Escudriñad las Escrituras... ellas son las que dan testimonio de mí Juan 5:39a La fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios Ro. 10:17
2º Domingo de Pentecostés
“Jesús nos envía al Espíritu Santo”
Textos del Día:
El Antiguo Testamento: Deuteronomio 11:18-21, 26-28
La Epístola: Romanos 3:21-25, 27-28
El Evangelio:
Mateo 7:15-20
Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. 16Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos? 17Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos. 18No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos. 19Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego. 20Así que, por sus frutos los conoceréis.
Sermón
Introducción
Todos estarán al tanto de los falsos policías de Coslada. Vestían uniforme, estaban acreditados oficialmente con placas y armas, pero aún así eran falsos. Falseaban su oficio. Debían velar por el bien y la seguridad de los ciudadanos, pero como aves de rapiñan les amargaban la vida. Los extorsionaban, robaban, presionaban, humillaban, etc. Esos eran los frutos que comían los vecinos de su labor policial.
Lo falso es peligroso. Lo falso corrompe. Lo falso es nocivo. Lo falso va contra lo verdadero. Engaña. Priva de lo original al que cae en sus trampas. Lo falso tiene el fin egoísta de beneficiarse de algo a través de la simulación, el ocultamiento, la imitación pero siempre es en desmedro de otro. Por esto nos dice Cristo hoy tan clara y enérgicamente: GUARDAOS DE LOS FALSOS PROFETAS.
¿De dónde nace la falsedad?
El diablo es un mentiroso farsante. En Edén falseo la Palabra de Dios con el malicioso objetivo de hacer caer a la creación de Dios en pecado. Porque el diablo “ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira”. Jn. 8:44
Como consecuencia de la obediencia que Adán y Eva le prestaron a las mentiras con las que Satanás los sedujo contra la Palabra que Dios, el corazón humano perdió la verdad. Por lo tanto todos, sin excepción vivimos en apariencias, engaños, falsedades, disimulos, etc. Pues “de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos,… el engaño… Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre”. Mr. 7:21
¿De dónde viene la verdad?
Para dar libertad a la humanidad prisionera del pecado heredado y del engaño al que Satanás la somete ha venido Cristo: la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. Jn. 1:17. Cristo mismo es la verdad: “Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí”. Jn. 14:6
Jesús nos da esa verdad para que la conozcamos y la vivamos. Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres. Jn. 8:31-32. Por eso Cristo pide al Padre: “Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad. Jn. 17:17. En la Palabra de Dios radica nuestra libertad, pues es ella la que nos habla de la obra de redención que Cristo y sólo ella nutre la fe que nos ha sido dada. Cristo es el todo de la doctrina y todas las doctrinas hablan de la salvación gratuita que nos logró.
Hay una verdad de Dios. Las diferentes doctrinas bíblicas que Dios nos presenta en su Palabra son verdad. Pero no hay verdades diferentes sobre una misma doctrina. Lo que hay son falsas doctrinas. Esto es porque Satanás, que es el príncipe del engaño, sigue diseminando mentiras: “Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar. 1ª Pedro 3:8.
Su objetivo de ataque es la iglesia, el conjunto de los creyentes que se reúnen en torno a la Palabra y los Sacramentos, pues es “la iglesia del Dios viviente, columna y baluarte de la verdad. 1ª T. 3:15. Satanás siempre ataca la verdad. Por lo tanto ten por seguro que los ataques vendrán pero la iglesia “prevalecerá” Mt. 16:18
Para tal propósito la estrategia de Satanás va en dos direcciones: 1. Lanza sus flechas encendidas abiertamente desde afuera de la iglesia en contra de ésta y la Palabra de Dios. 2. Lo hace encubiertamente con apariencia cristina. De esta última estrategia nos habla el Evangelio de hoy.
Los profetas falsos
El mayor esfuerzo del I+D+I del diablo va dirigido a promover falsos profetas. Ahí invierte tiempo.
Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras… Y muchos seguirán sus disoluciones, por causa de los cuales el camino de la verdad será blasfemado. 2ª Pedro 2:1-2. Ver también Mateo 24:11, 1ª Timoteo 1:3-7
Si el diablo se nos presentase con un rabo con punta de flecha, cuernos, de color rojo y con un tridente en la mano, no sería difícil reconocerle, ya que esa es la imagen que nos hemos hecho de él. Pero lo falso se camufla e imita para intentar confundirnos. Muchos nos asociaron la imagen del diablo con el tabaco, el baile descontrolado, el alcohol, etc. Pero el Diablo es mucho más peligroso que eso. ¿Qué cuando el diablo, disfrazado de profeta, con su traje arregladito y bien peinado se sube a un púlpito y comienza a predicarnos? ¿Qué cuando dejamos a nuestros niños en sus manos para que los eduquen?
Porque éstos son falsos apóstoles, obreros fraudulentos, que se disfrazan como apóstoles de Cristo. Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz. Así que, no es extraño si también sus ministros se disfrazan como ministros de justicia; cuyo fin será conforme a sus obras. 2ª Co. 11:13-15
¡Cuidaros! ¡Guardaros! ¡No os expongáis a ellos!
Al diablo lo que siempre le ha interesado es el rol de profeta más que las actitudes y acciones en sí mismas. Estas vendrán como consecuencia de su enseñanza. Que Eva comiera del fruto prohibido fue consecuencia de que antes el diablo había hecho su trabajo de falso profeta. Y cuando Eva le creyó, en ese mismo instante ya había caído. Luego vino la acción de comer. Los frutos de un profeta no son como muchos interpretan comportamientos externos. Estos son imitables. Incluso Pablo nos habla de “fe no fingida” (2ª T. 1:5) dando a entender que algunos pueden fingir hasta la fe ante los hombres. El ser amable, bondadoso, etc., no son garantía de verdad. Aunque es cierto que estos adjetivos adornan a los cristianos, hay algo inimitable: la verdad misma.
Tener cuidados no es estar paranoicos. Tener cuidado es estar atentos tomándonos en serio la advertencia de Cristo. Escudriñar y contrastar las Escritura (Hch. 17:11). No creer a todo espíritu Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo. 1ª Jn. 4:1. No porque te digan “yo también soy cristiano” o te digan “hermano” o lleven una cruz o un pez como pegatina en su coche es garantía de nada. Eso es perfectamente asumible por un falso profeta. Eso es falsificable.
El ecumenismo (la búsqueda de la unión entre las distintitas denominaciones cristianas) barato que se nos vende hoy día no es más que eso: un caldo de cultivo para que los falsos profetas campen a sus anchas. “Somos todos iguales” “lo importante es Cristo”, “tenemos un mismo Dios”, eso suena bien e incluso nos costaría rebatir esta idea sin miedo a ofender una verdad bíblica. Pero: ¿Qué Cristo es ese en el que tú crees? Hablemos de él, de su obra, de cómo se hace presente, como te rescata, etc. A ver si no estamos hablando de personas diferentes. Pues también hay falsos cristos, y ya no hablo de personas físicas, sino de concepciones falsas de Cristo que moldean una imagen incorrecta de él y te lo presentan como el verdadero Cristo cuando en verdad es falso.
¿Cómo reconocerlos?
Lo que de ninguna manera es asumible para un falso profeta es la verdad, la doctrina pura. Ahí se retuerce y se revuelca. Eso es lo único que no puede asumir, ya que si lo asume deja de ser falso profeta. Justamente ahí se entabla su lucha. Su trabajo consiste en rebatir, con sutilezas, medias verdades, generalidades ambiguas, con artimañas emocionales, racionales, paranormales, las que hagan falta, las doctrinas puras y verdaderas de Dios.
Satanás no se espanta con crucifijos, ni con chillidos, y lejos de huir de las Escrituras, las usa falsamente. Los falsos profetas usan la palabra de Dios y parten de ella para falsearla. Satanás para tentar a Cristo utilizó textos bíblicos descontextualizados, mal interpretados y falsamente aplicados a la persona de Cristo.
Hay una anécdota que ilustra la manipulación. Se dice que un entusiasta exaltado de estos impuso a Dios el mecanismo de que cada mañana al abrir su biblia y al azar marcar con su dedo una porción bíblica, Dios debía darle un mensaje puntual para él en ese día. Una mañana abrió su biblia y su dedo reposó sobre Mateo 27:5 “Y arrojando las piezas de plata en el templo, salió, y fue y se ahorcó”. Al quedar confuso con lo que Dios quería decirle con esto abrió nuevamente la biblia y su dedo marcó Lucas 10:37 “Jesús le dijo: Ve, y haz tú lo mismo”.
Los frutos de los falsos profetas son sus enseñanzas distorsionadas. El Oficio de los profetas es dar a conocer la Palabra de Dios. Por lo tanto el falso profeta hablará falsedades en nombre de Dios y con su palabra en la mano. Ellos saben que “vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina”. Permanecer y perseverar en la sana doctrina trae sufrimiento, marginación, burlas, rechazos. La presión que Satanás mete es mucha. Tanto que algunos terminan cediendo.
Pero tú ten presente que si alguien insinúa que “debes hacer para que Dios te de”, si te dicen que Cristo sí pero también la virgen, los santos u obras te ayudan a la salvación de tu alma, si te dicen que los niños no pueden tener fe, o que no deben ser bautizados, que el bautismo no regenera, que el ser humano tiene que dar un paso decisivo hacia Dios y aceptarlo, si en la Santa Cena no está el cuerpo y la sangre de Cristo contradiciendo así abiertamente su palabra, ten por seguro que esos son frutos. Y ten por seguro que son falsos engaños frutos.
¿Cómo nos resguardamos?
Mas os ruego, hermanos, que os fijéis en los que causan divisiones y tropiezos en contra de la doctrina que vosotros habéis aprendido, y que os apartéis de ellos. Porque… con suaves palabras y lisonjas engañan los corazones de los ingenuos. Ro. 16:17-18. Ver Gálatas 2:4-5
Por todo esto los luteranos tenemos comunión cerrada, porque nos tomamos muy en serio la advertencia de Jesucristo. Hay muchos lobos disfrazados de ovejas que lo que quieren es devorar tu fe en la verdad de Cristo. No siempre lo hacen abiertamente sino poco a poco van carcomiendo los fundamentos de la fe con sutilezas aparentemente inofensivas, pero que a base de repeticiones van calando y formando criterio y doctrina. Por esto tenemos claramente definidas las doctrinas bíblicas y contrastadas con la Palabra. Por eso promovemos la educación en la Plabra. Sabemos dónde Satanás con sus falsos profetas atacan. Jesús nos lo ha dicho.
Así como hay falsos profetas, falsos cristos, falsos cristianos, falsas iglesias, también hay falsos luteranos. Éstos últimos usan este nombre para engañar y sacar provecho de la credulidad de algunos. Sacan rédito del renombre que le pueda dar la figura de Lutero, aunque en verdad no crean en las doctrinas bíblicas que Lutero defendió hasta su muerte. Aquí en España ya empiezan a asomar su cabeza algunos. ¡Guardaos de ellos!
¿Qué hacer ante las falsas doctrinas?
Debemos distanciarnos claramente de ellas y denunciarlas. No podemos consentirlas o tolerarlas ya que nos haríamos partícipes de ella. Pero a su vez debemos enseñar la verdad con toda paciencia y benignidad. Lamentablemente hay muchos engañados y los responsables máximos son los falsos profetas que dicen falsas doctrinas. Hay mucha gente “evangélica o romana” que nunca oyó otra cosa. “Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo… que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina. Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas. Pero tú sé sobrio en todo, soporta las aflicciones, haz obra de evangelista, cumple tu ministerio”. 2ª T. 4:1-5 “Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren”. 1ª T. 4:16
Verdaderos profetas de Dios
Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta; para que lo hagan con alegría, y no quejándose, porque esto no os es provechoso. He. 13:17 Acordaos de vuestros pastores, que os hablaron la palabra de Dios... lean He. 13:7-9. 1ª T. 5:17-18
Lamentablemente nuestra naturaleza pecadora nos hace darnos cuentas cuando ya no los tenemos la bendición que Dios nos ha dado cuando nos envía hombres fieles para pastorear a la iglesia. ¡Valorad cuando tenéis líderes y profetas de la verdad, pura y plena, pues no sabéis el tesoro y lo afortunado que sois! Lo que sobreabunda hoy son los falsos profetas y lo que escasea son profetas verdaderos fieles a la Palabra a pesar de lo anti popular que esto sea. Dad Gracias por ellos para que nos os llegue el día que anunció Amós 8:11-12: “He aquí vienen días, dice Jehová el Señor, en los cuales enviaré hambre a la tierra, no hambre de pan, ni sed de agua, sino de oír la palabra de Jehová. E irán errantes de mar a mar; desde el norte hasta el oriente discurrirán buscando palabra de Jehová, y no la hallarán.
Debemos pedir en todo tiempo que Dios nos envíe profetas que proclamen su verdad. Debemos dar gracias a Dios por los pastores que dedican su tiempo a proclamar y enseñar esta verdad y velan para que ella siga entre vosotros. Son un regalo valioso y debéis apoyarlos y velar por ellos. Y debemos también enseñar y preparara cada uno en la iglesia para que se nutra de la verdad de Dios. Fortificaos en su Palabra y Sacramento. Amén.
2º Domingo de Pentecostés
“Jesús nos envía al Espíritu Santo”
Textos del Día:
El Antiguo Testamento: Deuteronomio 11:18-21, 26-28
La Epístola: Romanos 3:21-25, 27-28
El Evangelio:
Mateo 7:15-20
Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. 16Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos? 17Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos. 18No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos. 19Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego. 20Así que, por sus frutos los conoceréis.
Sermón
Introducción
Todos estarán al tanto de los falsos policías de Coslada. Vestían uniforme, estaban acreditados oficialmente con placas y armas, pero aún así eran falsos. Falseaban su oficio. Debían velar por el bien y la seguridad de los ciudadanos, pero como aves de rapiñan les amargaban la vida. Los extorsionaban, robaban, presionaban, humillaban, etc. Esos eran los frutos que comían los vecinos de su labor policial.
Lo falso es peligroso. Lo falso corrompe. Lo falso es nocivo. Lo falso va contra lo verdadero. Engaña. Priva de lo original al que cae en sus trampas. Lo falso tiene el fin egoísta de beneficiarse de algo a través de la simulación, el ocultamiento, la imitación pero siempre es en desmedro de otro. Por esto nos dice Cristo hoy tan clara y enérgicamente: GUARDAOS DE LOS FALSOS PROFETAS.
¿De dónde nace la falsedad?
El diablo es un mentiroso farsante. En Edén falseo la Palabra de Dios con el malicioso objetivo de hacer caer a la creación de Dios en pecado. Porque el diablo “ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira”. Jn. 8:44
Como consecuencia de la obediencia que Adán y Eva le prestaron a las mentiras con las que Satanás los sedujo contra la Palabra que Dios, el corazón humano perdió la verdad. Por lo tanto todos, sin excepción vivimos en apariencias, engaños, falsedades, disimulos, etc. Pues “de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos,… el engaño… Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre”. Mr. 7:21
¿De dónde viene la verdad?
Para dar libertad a la humanidad prisionera del pecado heredado y del engaño al que Satanás la somete ha venido Cristo: la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. Jn. 1:17. Cristo mismo es la verdad: “Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí”. Jn. 14:6
Jesús nos da esa verdad para que la conozcamos y la vivamos. Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres. Jn. 8:31-32. Por eso Cristo pide al Padre: “Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad. Jn. 17:17. En la Palabra de Dios radica nuestra libertad, pues es ella la que nos habla de la obra de redención que Cristo y sólo ella nutre la fe que nos ha sido dada. Cristo es el todo de la doctrina y todas las doctrinas hablan de la salvación gratuita que nos logró.
Hay una verdad de Dios. Las diferentes doctrinas bíblicas que Dios nos presenta en su Palabra son verdad. Pero no hay verdades diferentes sobre una misma doctrina. Lo que hay son falsas doctrinas. Esto es porque Satanás, que es el príncipe del engaño, sigue diseminando mentiras: “Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar. 1ª Pedro 3:8.
Su objetivo de ataque es la iglesia, el conjunto de los creyentes que se reúnen en torno a la Palabra y los Sacramentos, pues es “la iglesia del Dios viviente, columna y baluarte de la verdad. 1ª T. 3:15. Satanás siempre ataca la verdad. Por lo tanto ten por seguro que los ataques vendrán pero la iglesia “prevalecerá” Mt. 16:18
Para tal propósito la estrategia de Satanás va en dos direcciones: 1. Lanza sus flechas encendidas abiertamente desde afuera de la iglesia en contra de ésta y la Palabra de Dios. 2. Lo hace encubiertamente con apariencia cristina. De esta última estrategia nos habla el Evangelio de hoy.
Los profetas falsos
El mayor esfuerzo del I+D+I del diablo va dirigido a promover falsos profetas. Ahí invierte tiempo.
Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras… Y muchos seguirán sus disoluciones, por causa de los cuales el camino de la verdad será blasfemado. 2ª Pedro 2:1-2. Ver también Mateo 24:11, 1ª Timoteo 1:3-7
Si el diablo se nos presentase con un rabo con punta de flecha, cuernos, de color rojo y con un tridente en la mano, no sería difícil reconocerle, ya que esa es la imagen que nos hemos hecho de él. Pero lo falso se camufla e imita para intentar confundirnos. Muchos nos asociaron la imagen del diablo con el tabaco, el baile descontrolado, el alcohol, etc. Pero el Diablo es mucho más peligroso que eso. ¿Qué cuando el diablo, disfrazado de profeta, con su traje arregladito y bien peinado se sube a un púlpito y comienza a predicarnos? ¿Qué cuando dejamos a nuestros niños en sus manos para que los eduquen?
Porque éstos son falsos apóstoles, obreros fraudulentos, que se disfrazan como apóstoles de Cristo. Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz. Así que, no es extraño si también sus ministros se disfrazan como ministros de justicia; cuyo fin será conforme a sus obras. 2ª Co. 11:13-15
¡Cuidaros! ¡Guardaros! ¡No os expongáis a ellos!
Al diablo lo que siempre le ha interesado es el rol de profeta más que las actitudes y acciones en sí mismas. Estas vendrán como consecuencia de su enseñanza. Que Eva comiera del fruto prohibido fue consecuencia de que antes el diablo había hecho su trabajo de falso profeta. Y cuando Eva le creyó, en ese mismo instante ya había caído. Luego vino la acción de comer. Los frutos de un profeta no son como muchos interpretan comportamientos externos. Estos son imitables. Incluso Pablo nos habla de “fe no fingida” (2ª T. 1:5) dando a entender que algunos pueden fingir hasta la fe ante los hombres. El ser amable, bondadoso, etc., no son garantía de verdad. Aunque es cierto que estos adjetivos adornan a los cristianos, hay algo inimitable: la verdad misma.
Tener cuidados no es estar paranoicos. Tener cuidado es estar atentos tomándonos en serio la advertencia de Cristo. Escudriñar y contrastar las Escritura (Hch. 17:11). No creer a todo espíritu Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo. 1ª Jn. 4:1. No porque te digan “yo también soy cristiano” o te digan “hermano” o lleven una cruz o un pez como pegatina en su coche es garantía de nada. Eso es perfectamente asumible por un falso profeta. Eso es falsificable.
El ecumenismo (la búsqueda de la unión entre las distintitas denominaciones cristianas) barato que se nos vende hoy día no es más que eso: un caldo de cultivo para que los falsos profetas campen a sus anchas. “Somos todos iguales” “lo importante es Cristo”, “tenemos un mismo Dios”, eso suena bien e incluso nos costaría rebatir esta idea sin miedo a ofender una verdad bíblica. Pero: ¿Qué Cristo es ese en el que tú crees? Hablemos de él, de su obra, de cómo se hace presente, como te rescata, etc. A ver si no estamos hablando de personas diferentes. Pues también hay falsos cristos, y ya no hablo de personas físicas, sino de concepciones falsas de Cristo que moldean una imagen incorrecta de él y te lo presentan como el verdadero Cristo cuando en verdad es falso.
¿Cómo reconocerlos?
Lo que de ninguna manera es asumible para un falso profeta es la verdad, la doctrina pura. Ahí se retuerce y se revuelca. Eso es lo único que no puede asumir, ya que si lo asume deja de ser falso profeta. Justamente ahí se entabla su lucha. Su trabajo consiste en rebatir, con sutilezas, medias verdades, generalidades ambiguas, con artimañas emocionales, racionales, paranormales, las que hagan falta, las doctrinas puras y verdaderas de Dios.
Satanás no se espanta con crucifijos, ni con chillidos, y lejos de huir de las Escrituras, las usa falsamente. Los falsos profetas usan la palabra de Dios y parten de ella para falsearla. Satanás para tentar a Cristo utilizó textos bíblicos descontextualizados, mal interpretados y falsamente aplicados a la persona de Cristo.
Hay una anécdota que ilustra la manipulación. Se dice que un entusiasta exaltado de estos impuso a Dios el mecanismo de que cada mañana al abrir su biblia y al azar marcar con su dedo una porción bíblica, Dios debía darle un mensaje puntual para él en ese día. Una mañana abrió su biblia y su dedo reposó sobre Mateo 27:5 “Y arrojando las piezas de plata en el templo, salió, y fue y se ahorcó”. Al quedar confuso con lo que Dios quería decirle con esto abrió nuevamente la biblia y su dedo marcó Lucas 10:37 “Jesús le dijo: Ve, y haz tú lo mismo”.
Los frutos de los falsos profetas son sus enseñanzas distorsionadas. El Oficio de los profetas es dar a conocer la Palabra de Dios. Por lo tanto el falso profeta hablará falsedades en nombre de Dios y con su palabra en la mano. Ellos saben que “vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina”. Permanecer y perseverar en la sana doctrina trae sufrimiento, marginación, burlas, rechazos. La presión que Satanás mete es mucha. Tanto que algunos terminan cediendo.
Pero tú ten presente que si alguien insinúa que “debes hacer para que Dios te de”, si te dicen que Cristo sí pero también la virgen, los santos u obras te ayudan a la salvación de tu alma, si te dicen que los niños no pueden tener fe, o que no deben ser bautizados, que el bautismo no regenera, que el ser humano tiene que dar un paso decisivo hacia Dios y aceptarlo, si en la Santa Cena no está el cuerpo y la sangre de Cristo contradiciendo así abiertamente su palabra, ten por seguro que esos son frutos. Y ten por seguro que son falsos engaños frutos.
¿Cómo nos resguardamos?
Mas os ruego, hermanos, que os fijéis en los que causan divisiones y tropiezos en contra de la doctrina que vosotros habéis aprendido, y que os apartéis de ellos. Porque… con suaves palabras y lisonjas engañan los corazones de los ingenuos. Ro. 16:17-18. Ver Gálatas 2:4-5
Por todo esto los luteranos tenemos comunión cerrada, porque nos tomamos muy en serio la advertencia de Jesucristo. Hay muchos lobos disfrazados de ovejas que lo que quieren es devorar tu fe en la verdad de Cristo. No siempre lo hacen abiertamente sino poco a poco van carcomiendo los fundamentos de la fe con sutilezas aparentemente inofensivas, pero que a base de repeticiones van calando y formando criterio y doctrina. Por esto tenemos claramente definidas las doctrinas bíblicas y contrastadas con la Palabra. Por eso promovemos la educación en la Plabra. Sabemos dónde Satanás con sus falsos profetas atacan. Jesús nos lo ha dicho.
Así como hay falsos profetas, falsos cristos, falsos cristianos, falsas iglesias, también hay falsos luteranos. Éstos últimos usan este nombre para engañar y sacar provecho de la credulidad de algunos. Sacan rédito del renombre que le pueda dar la figura de Lutero, aunque en verdad no crean en las doctrinas bíblicas que Lutero defendió hasta su muerte. Aquí en España ya empiezan a asomar su cabeza algunos. ¡Guardaos de ellos!
¿Qué hacer ante las falsas doctrinas?
Debemos distanciarnos claramente de ellas y denunciarlas. No podemos consentirlas o tolerarlas ya que nos haríamos partícipes de ella. Pero a su vez debemos enseñar la verdad con toda paciencia y benignidad. Lamentablemente hay muchos engañados y los responsables máximos son los falsos profetas que dicen falsas doctrinas. Hay mucha gente “evangélica o romana” que nunca oyó otra cosa. “Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo… que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina. Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas. Pero tú sé sobrio en todo, soporta las aflicciones, haz obra de evangelista, cumple tu ministerio”. 2ª T. 4:1-5 “Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren”. 1ª T. 4:16
Verdaderos profetas de Dios
Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta; para que lo hagan con alegría, y no quejándose, porque esto no os es provechoso. He. 13:17 Acordaos de vuestros pastores, que os hablaron la palabra de Dios... lean He. 13:7-9. 1ª T. 5:17-18
Lamentablemente nuestra naturaleza pecadora nos hace darnos cuentas cuando ya no los tenemos la bendición que Dios nos ha dado cuando nos envía hombres fieles para pastorear a la iglesia. ¡Valorad cuando tenéis líderes y profetas de la verdad, pura y plena, pues no sabéis el tesoro y lo afortunado que sois! Lo que sobreabunda hoy son los falsos profetas y lo que escasea son profetas verdaderos fieles a la Palabra a pesar de lo anti popular que esto sea. Dad Gracias por ellos para que nos os llegue el día que anunció Amós 8:11-12: “He aquí vienen días, dice Jehová el Señor, en los cuales enviaré hambre a la tierra, no hambre de pan, ni sed de agua, sino de oír la palabra de Jehová. E irán errantes de mar a mar; desde el norte hasta el oriente discurrirán buscando palabra de Jehová, y no la hallarán.
Debemos pedir en todo tiempo que Dios nos envíe profetas que proclamen su verdad. Debemos dar gracias a Dios por los pastores que dedican su tiempo a proclamar y enseñar esta verdad y velan para que ella siga entre vosotros. Son un regalo valioso y debéis apoyarlos y velar por ellos. Y debemos también enseñar y preparara cada uno en la iglesia para que se nutra de la verdad de Dios. Fortificaos en su Palabra y Sacramento. Amén.
sábado, 17 de mayo de 2008
Domingo de Trinidad 18-05-08
Escudriñad las Escrituras... ellas son las que dan testimonio de mí Juan 5:39a La fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios Ro. 10:17
DOMINGO DE TRINIDAD
“La Fe en el Dios Trino”
Textos del Día:
Primera Lección: Génesis 1:1-23
Segunda Lección: 2 Corintios 13:11-14
El Evangelio:
Mateo 28:16-20
“16Pero los once discípulos se fueron a Galilea, al monte donde Jesús les había ordenado. 17 Y cuando le vieron, le adoraron; pero algunos dudaban. 18 Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. 19 Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; 20 enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén
Sermón
Creo en Dios Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Y en Jesucristo, su unigénito Hijo, nuestro Señor. Y creo en el Espíritu Santo.
La fiesta de hoy se llama “el Domingo de la Santísima Trinidad”. Fueron razones de mucho peso, y una necesidad muy grande, las que impulsaron a la iglesia a disponer que esta fiesta fuese celebrada, cada año, a fin de que mediante dicha celebración se reconociera y conservara este artículo de nuestra fe. Pues los cristianos creemos que hay un solo Dios, y este único Dios es Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. Y este artículo es lo básico y principal de nuestra fe, como lo ponemos de manifiesto al orar: “Creo en Dios Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra; y en Jesucristo, su Hijo unigénito, nuestro Señor; y en el Espíritu Santo”. Si falta uno solo de estos artículos, está perdido todo.
En tiempos antiguos, en los días de Arrio[1], se suscitó a este respecto una violenta controversia. Todos los considerados santos y poderosos, emperadores, reyes y obispos, se dejaron arrastrar por la herejía. Apenas dos obispos[2] se mantuvieron fieles a la doctrina sana, todos los demás adhirieron a la herejía de Arrio. Pues parece tan natural, y concuerda tan bien con lo que nos dice la razón humana, que haya un Dios único y además, es la pura verdad. Pero lo que la razón no puede concebir es cuando tú dices que hay un solo Dios, y luego añades que este único Dios tiene consigo al Hijo y al Espíritu Santo. Esto -objetan- es hacer de un solo Dios, tres dioses. Y se vienen con pasajes bíblicos como Deuteronomio 6 (v. 4): “Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es”, y recalcan que en las Escrituras se lee por doquier que los profetas advirtieron al pueblo que no levantaran otros dioses sino que se quedaran con el Dios único. Esto le entra a la razón sin ninguna dificultad. Aquel otro artículo empero del Dios Trino no lo puede admitir. Por eso los turcos[3] y los judíos se obstinan contra nosotros y dicen que no hay en la tierra gente más execrable que los cristianos, que predican que hay un solo Dios, y en realidad adoran tres dioses. Ellos en cambio se jactan de ser el verdadero pueblo de Dios, y dicen que lo que nosotros enseñamos acerca de Dios, es tan disparatado como el sostener que en un mismo bogar pueda haber tres jefes. Así se burlan de nosotros los judíos. Algunos hay, si, que se convirtieron, y que se dieron la apariencia de que querían hacerse cristianos, pero al fin siguieron en sus creencias anteriores.
Es por esto que la iglesia ha dispuesto que se celebre esta fiesta para que en el día de hoy se trate este artículo, a fin de que permanezca en vigencia entre los cristianos. En caso contrario, si no se lo trata siempre de nuevo, bien pronto podría ocurrir que los falsos profetas nos seduzcan a abrazar la fe de los turcos. Y ya veréis que algún día, esto volverá a suceder. Si el diablo no logra sofocarnos mediante el papa y por la fuerza de las armas, tratará de introducir en nuestras filas predicadores deshonestos y malvados que atacarán este artículo, como ya lo están haciendo algunos. Antes, cuando la palabra del evangelio estaba proscripta, el diablo no obstaculizó mayormente la predicación de este articulo. Pero ahora, al ver cuánto daño le estamos causando, buscará una forma de incomodarnos de nuevo, si bien la doctrina acerca del Dios Trino ya no será lacerada con tanta saña como en tiempos de Arrio, a la inversa de lo que ocurre con los sacramentos, que también sufrieron ataques ya en el pasado, pero no tan furiosos como los que tiene que sufrir ahora[4]. Sin embargo, en el Apocalipsis se nos asegura que “el Cordero los vencerá” (cap. 17:14).
1. La fe en el Dios Trino se funda exclusivamente en la palabra divina. Las cavilaciones de la razón nos inducirán a la incredulidad.
En primer lugar, lo que urge ante todo es que se excluya a la razón humana, y que se evite tratar de dilucidar con ayuda de ella este artículo. Ahí tenemos a los herejes: ellos quisieron comprender a toda costa cómo es posible que en una sola deidad haya tres personas -y cayeron en el error. Esa es la manera como Satanás le presenta a uno la palabra de Dios, y pregunta: ¿Cómo concuerda aquí lo uno con lo otro? Así lo hizo con Eva al preguntarle: “¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto?” (Génesis 3:1). Y Eva, nuestra madre, en este momento no dio mayor importancia a la palabra de Dios. Entonces, Satanás le abrió los ojos con su pregunta insidiosa: ¿Por qué Dios habría de prohibir que se coma de este árbol? Ahora, Eva se puso a reflexionar acerca de esta cuestión y quiso discutirla con Satanás, y ahí mismo, él logró seducirla. Por consiguiente, no nos creamos tan sabios, y cuidémonos de querer investigar lo divino con la razón humana. En cuanto al artículo del Dios Trino, lo único que debe oírse y decirse es la palabra de Dios, lo que él mismo dice con respecto a la Trinidad. En este sentido observa Hilario: “¿Quién puede hablar con más propiedad acerca de Dios que él mismo?”[5].Qué es Dios, y qué no es, nadie lo sabe mejor que él mismo. El que intente presentar definiciones mejores, obscurecerá las cosas o las empeorará, o hará que los demás las entiendan menos aún que antes. Por cierto, no hay hombre en la tierra que sepa decirnos qué quiere Dios, y qué es Dios en su verdadera esencia. Por consiguiente debemos oírlo de él mismo, y expresarlo con sus propias palabras. Mas si queremos saber cómo concuerdan las cosas en Dios, estamos perdidos junto con Eva y todos los herejes. Por eso, cállese la razón, y abra los oídos, y escuche lo que Dios nos dice.
También los eruditos deben sujetarse a las Escrituras.
Los eruditos por su parte, los que tienen que disputar con los herejes, tienen que leer el Evangelio según San Juan y las cartas de Pablo. Allí oirán que hay un solo Dios, y no obstante, un ser divino tal que como Padre, tiene consigo al Hijo y al Espíritu Santo. El Hijo, así como también el Espíritu Santo, es una persona con él, vale decir, en él. No están separados uno del otro como están separados Dios y las criaturas, sino que Padre, Hijo y Espíritu son Dios en sí mismo. Este Dios es el que se dirige a nosotros mediante la palabra[6]; de lo contrario, nadie podría haber tenido noticia acerca de lo que hay en el interior del ser divino. Ahora empero oímos que su esencia es tal que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo es el solo y único Dios, y que no hay otro Dios sino este Uno. Y este Uno tiene tres personas, y no obstante, indivisas en una misma esencia divina[7], sólo que son tres personas distintas, las que, sin embargo, llevan uno y el mismo nombre y hacen una y la misma obra. En Juan 5 (v. 21) leemos: “Como el Padre levanta a los muertos, y les da vida, así también el Hijo a los que quiere da vida”. Estas palabras son una prueba irrefutable de que el Hijo es Dios; pues realiza la obra divina de dar vida a los muertos. Los judíos entendieron correctamente que con esto, Cristo se hacía igual a Dios, razón por la cual procuraban apedrearle (Juan 5:18). Sin duda, el tener vida en sí mismo (Juan 5:26) es una obra que por su naturaleza puede atribuirse exclusivamente a Dios. De la misma manera, también el Espíritu Santo da vida; así lo afirma Pablo (en Romanos 8:11): “El Espíritu que mora en vosotros vivificará vuestros cuerpos mortales”. Satanás puede matar; pero vivificar y crear -esto no lo puede hacer ningún ángel, ni otro ser creado alguno. Muchos otros pasajes semejantes a éstos hallarán los eruditos en las Sagradas Escrituras, pasajes que evidencian que los nombres y las obras de las tres personas de la Santísima Trinidad no admiten división ni separación.
El laico aténgase a lo que dice el Credo.
Pues bien: en lugar de querer penetrar con nuestra mirada en el interior de la Majestad divina, debemos prestar oídos a lo que Dios mismo nos dice. ¡No atendáis a lo que sostienen los que se jactan de iluminaciones directas del Espíritu, al margen de las Escrituras[8]. Esto lo recomiendo encarecidamente a los eruditos a quienes les incumbe defender nuestra fe. También los laicos hacen bien en participar de esta defensa; sin embargo, al común de los cristianos sencillos les basta con decir: Creo en Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Con la misma fe con que crees en el Padre, cree también en el Hijo; y con la misma fe con que crees en el Hijo, cree en el Espíritu Santo. Esto será tu armadura, la más sencilla y a la vez la más fuerte. Contra ella, nadie puede argumentar nada; porque las palabras del Credo expresan con inequívoca claridad que tú crees en el Hijo igualmente como en el Padre. Ningún otro empero puede ser el objeto de nuestra fe sino el Dios único. Toda la Escritura es un elocuente testimonio de que no se debe creer en hombres; ante todo, no debes confiar en ninguno como que pudiera ayudarte a alcanzar la vida eterna. A los hombres hay que amarlos, sobrellevar con paciencia sus debilidades, aunque fueren muchas. Pero la vida eterna y el perdón de los pecados los obtendrás sólo por el hecho de creer en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Esta fe te da todo lo que se nos promete en el Credo. Pues si el Hijo no fuera Dios ni lo fuera el Espíritu Santo, no tendrías perdón de los pecados ni vida eterna. Mas como el dar perdón y vida eterna es una obra que se atribuye a cada una de las personas de la Trinidad, consecuentemente cada una de ellas es Dios. Y como con la misma fe adoras al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, consecuentemente hay “una fe, una vida eterna, un bautismo” (Efesios 4:4-6). Y por eso mismo hay un solo y único Dios; porque este honor de ser el que perdona los pecados y resucita a los muertos, no lo puedes tributar sino al verdadero Dios, puesto que ni un ángel ni tampoco Satanás pueden darte tales cosas. Ni tampoco está escrito que puedas esperar de los hombres lo que el Credo atribuye a Dios.
II. La fe en el Dios Trino está profundamente arraigada en la iglesia. Su perduración en la iglesia es testimonio de su invariable vigencia.
Esto ha sido la confesión unánime de toda la Iglesia por más de 1.500 años; y aunque el papa obscureció el significado del Credo, no obstante Dios hizo que quedaran intactas las palabras del mismo, por amor de los que permanecieron fieles en la fe. Siendo pues que esta confesión perduró en la iglesia por tanto tiempo, y sin que nadie haya podido desacreditarla, ella constituye para ti el fundamento en que puedes basarte sin temor alguno. Arrio se levantó contra ella; todos los reyes, emperadores y príncipes la hicieron objeto de sus ataques. Todos ellos yacen postrados en tierra; pero este artículo de la fe, tan ajado y desprestigiado, permanece aún en pie, y permanecerá para siempre. Sea pues tu fundamento el que puedas decir: “La fe que yo confieso reza así: Creo en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, a causa de la vida eterna y del perdón de los pecados. Todo esto lo espero del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo, pues así es como Dios habla de sí mismo.” De esta manera permaneces en Dios y puedes tratar con él, y además puedes decirte: “Lo que yo confieso ahora, lo viene confesando la cristiandad entera ya durante siglos y siglos, a despecho de la oposición de tanta gente -casi cinco docenas de herejes- y de todos los poderosos y sabios de esta tierra. Por lo tanto, lo que la iglesia cristiana ha conservado con tanto celo, también yo quiero creerlo”[9]
También la fórmula bautismal da testimonio del Dios Trino.
La segunda confirmación para tu fe en el Dios Trino puedes derivarla del bautismo. En este sacramento recibimos de parte de Dios, que se llama Padre, Hijo, Espíritu, el perdón de los pecados. Así lo observáis en el acto del bautismo; todos los niños son bautizados de la siguiente manera: “Yo te bautizo en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo”, y esta práctica, común en toda la cristiandad, se ha conservado en forma invariable; aun hoy, todos son bautizados en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Por lo tanto, di: “Mi bautismo se basa en que me fue aplicado no sólo en el nombre del Padre, ni sólo en el nombre del Padre y del Hijo, sino en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, porque así reza la fórmula bautismal. Y este Padre, Hijo y Espíritu Santo es un solo Dios, un solo Creador, un solo Señor y Rey, y sin embargo, hay tres personas distintas en ese único Ser y Nombre. Si el Hijo y el Espíritu Santo no fuesen Dios, se estaría blasfemando de Dios y se le estaría deshonrando, porque se estaría atribuyendo el nombre .y la obra de Dios a uno que no es Dios. Pues así leemos en el libro de Isaías (42:8): ‘Dios no quiere dejar a otro su gloria y su nombre’; y no obstante, ambos los deja al Hijo y al Espíritu Santo. De esto concluyo: o tiene que haberse equivocado la cristiandad entera, o aquellas tres personas son el Dios único y verdadero, puesto que así como el Padre da vida en el bautismo, la da también el Hijo y el Espíritu Santo.”
Con esto tienes, por lo tanto, dos fuertes armas contra Satanás. Dile sin más ni más: “Primero: no entro en discusión contigo; porque al hacerlo, me inducirías a querer defender el evangelio y la palabra con raciocinios humanos. Antes bien, he sido bautizado en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, y me quedaré con lo que ha perdurado ya tanto tiempo. En segundo lugar: Mi fe que confieso tiene una base firme: Creo en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Mediante esta fe obtengo el perdón de los pecados y la resurrección de entre los muertos; porque esto, perdón y resurrección, no lo puede efectuar nadie sino el solo Dios. Y si bien lo efectúa en mí por los medios del bautismo y de la predicación, no obstante es él, Dios, el que lo efectúa.” Vencer a Satanás y dar la vida eterna son por lo tanto obras divinas. Quien da tales cosas, es Dios. Y ¿quién nos las da? ¡Tú, Padre, Hijo y Espíritu Santo!
No disputes, pues, sino aférrate a la palabra. Y no olvides que tienes dos buenos testigos: primero, el Credo, y segundo, el bautismo. Con esto defiéndete, persevera en ello, y así podrás resistir a Satanás. Y así terminemos la meditación sobre este tema.
Sermón para el Domingo de la Santísima Trinidad. Fecha: 4 de junio de 1531.
Martín Lutero
[1] Arrio, presbítero de Alejandría (m. en 336) sostuvo que Cristo es un ser que fue creado de la nada y elevado por Dios al rango de Hijo a causa de sus sobresalientes cualidades morales. Arrio y los arrianos negaban por lo tanto la divinidad de Cristo. Su doctrina, tras haber causado estragos en la iglesia durante largos años, fue condenada como herética en el Concilio Ecuménico de Nicea, año 325, convocado por Constantino el Grande,
[2] Uno de ellos era Pafnucio, a quien Lutero menciona repetidas veces como modelo del hombre que defiende la verdad aun contra los personajes más poderosos y sabios de esta tierra.
[3] En el uso idiomático de Lutero, turco es sinónimo de mahometano.
[4] Respecto de la doctrina acerca de los sacramentos del bautismo y la santa cena, Latero estaba en oposición no sólo a la teología católica, sino también a lo que enseñaban Zuinglio, los iluminados y los anabaptistas. (Véanse también los datos bibliográficos de la Nota 3 del Sermón 5, página 67).
[5] Hilario, De Trinitate, y 21 (Migne II 117): “A deo discendum est, quid de Deo lntelligendum sit” = lo que se ha de entender en cuanto a Dios, debe aprenderse de Dios mismo.
[6] Juan 1:14
[7] Comp, el Credo Atanasiano: “Y la verdadera fe cristiana es ésta, que veneremos a un solo Dios en la Trinidad, y la Trinidad en la unidad; no confundiendo las personas, ni dividiendo la substancia.”
[8] El término empleado en el original es Schwermeri, latinización del alemár Schwarmer = “fanáticos”, como se traduce a menudo, o mejor: “iluminados”
[9] Esta última oración se encuentra sólo en el Códice Nuremberguense.
DOMINGO DE TRINIDAD
“La Fe en el Dios Trino”
Textos del Día:
Primera Lección: Génesis 1:1-23
Segunda Lección: 2 Corintios 13:11-14
El Evangelio:
Mateo 28:16-20
“16Pero los once discípulos se fueron a Galilea, al monte donde Jesús les había ordenado. 17 Y cuando le vieron, le adoraron; pero algunos dudaban. 18 Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. 19 Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; 20 enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén
Sermón
Creo en Dios Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Y en Jesucristo, su unigénito Hijo, nuestro Señor. Y creo en el Espíritu Santo.
La fiesta de hoy se llama “el Domingo de la Santísima Trinidad”. Fueron razones de mucho peso, y una necesidad muy grande, las que impulsaron a la iglesia a disponer que esta fiesta fuese celebrada, cada año, a fin de que mediante dicha celebración se reconociera y conservara este artículo de nuestra fe. Pues los cristianos creemos que hay un solo Dios, y este único Dios es Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. Y este artículo es lo básico y principal de nuestra fe, como lo ponemos de manifiesto al orar: “Creo en Dios Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra; y en Jesucristo, su Hijo unigénito, nuestro Señor; y en el Espíritu Santo”. Si falta uno solo de estos artículos, está perdido todo.
En tiempos antiguos, en los días de Arrio[1], se suscitó a este respecto una violenta controversia. Todos los considerados santos y poderosos, emperadores, reyes y obispos, se dejaron arrastrar por la herejía. Apenas dos obispos[2] se mantuvieron fieles a la doctrina sana, todos los demás adhirieron a la herejía de Arrio. Pues parece tan natural, y concuerda tan bien con lo que nos dice la razón humana, que haya un Dios único y además, es la pura verdad. Pero lo que la razón no puede concebir es cuando tú dices que hay un solo Dios, y luego añades que este único Dios tiene consigo al Hijo y al Espíritu Santo. Esto -objetan- es hacer de un solo Dios, tres dioses. Y se vienen con pasajes bíblicos como Deuteronomio 6 (v. 4): “Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es”, y recalcan que en las Escrituras se lee por doquier que los profetas advirtieron al pueblo que no levantaran otros dioses sino que se quedaran con el Dios único. Esto le entra a la razón sin ninguna dificultad. Aquel otro artículo empero del Dios Trino no lo puede admitir. Por eso los turcos[3] y los judíos se obstinan contra nosotros y dicen que no hay en la tierra gente más execrable que los cristianos, que predican que hay un solo Dios, y en realidad adoran tres dioses. Ellos en cambio se jactan de ser el verdadero pueblo de Dios, y dicen que lo que nosotros enseñamos acerca de Dios, es tan disparatado como el sostener que en un mismo bogar pueda haber tres jefes. Así se burlan de nosotros los judíos. Algunos hay, si, que se convirtieron, y que se dieron la apariencia de que querían hacerse cristianos, pero al fin siguieron en sus creencias anteriores.
Es por esto que la iglesia ha dispuesto que se celebre esta fiesta para que en el día de hoy se trate este artículo, a fin de que permanezca en vigencia entre los cristianos. En caso contrario, si no se lo trata siempre de nuevo, bien pronto podría ocurrir que los falsos profetas nos seduzcan a abrazar la fe de los turcos. Y ya veréis que algún día, esto volverá a suceder. Si el diablo no logra sofocarnos mediante el papa y por la fuerza de las armas, tratará de introducir en nuestras filas predicadores deshonestos y malvados que atacarán este artículo, como ya lo están haciendo algunos. Antes, cuando la palabra del evangelio estaba proscripta, el diablo no obstaculizó mayormente la predicación de este articulo. Pero ahora, al ver cuánto daño le estamos causando, buscará una forma de incomodarnos de nuevo, si bien la doctrina acerca del Dios Trino ya no será lacerada con tanta saña como en tiempos de Arrio, a la inversa de lo que ocurre con los sacramentos, que también sufrieron ataques ya en el pasado, pero no tan furiosos como los que tiene que sufrir ahora[4]. Sin embargo, en el Apocalipsis se nos asegura que “el Cordero los vencerá” (cap. 17:14).
1. La fe en el Dios Trino se funda exclusivamente en la palabra divina. Las cavilaciones de la razón nos inducirán a la incredulidad.
En primer lugar, lo que urge ante todo es que se excluya a la razón humana, y que se evite tratar de dilucidar con ayuda de ella este artículo. Ahí tenemos a los herejes: ellos quisieron comprender a toda costa cómo es posible que en una sola deidad haya tres personas -y cayeron en el error. Esa es la manera como Satanás le presenta a uno la palabra de Dios, y pregunta: ¿Cómo concuerda aquí lo uno con lo otro? Así lo hizo con Eva al preguntarle: “¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto?” (Génesis 3:1). Y Eva, nuestra madre, en este momento no dio mayor importancia a la palabra de Dios. Entonces, Satanás le abrió los ojos con su pregunta insidiosa: ¿Por qué Dios habría de prohibir que se coma de este árbol? Ahora, Eva se puso a reflexionar acerca de esta cuestión y quiso discutirla con Satanás, y ahí mismo, él logró seducirla. Por consiguiente, no nos creamos tan sabios, y cuidémonos de querer investigar lo divino con la razón humana. En cuanto al artículo del Dios Trino, lo único que debe oírse y decirse es la palabra de Dios, lo que él mismo dice con respecto a la Trinidad. En este sentido observa Hilario: “¿Quién puede hablar con más propiedad acerca de Dios que él mismo?”[5].Qué es Dios, y qué no es, nadie lo sabe mejor que él mismo. El que intente presentar definiciones mejores, obscurecerá las cosas o las empeorará, o hará que los demás las entiendan menos aún que antes. Por cierto, no hay hombre en la tierra que sepa decirnos qué quiere Dios, y qué es Dios en su verdadera esencia. Por consiguiente debemos oírlo de él mismo, y expresarlo con sus propias palabras. Mas si queremos saber cómo concuerdan las cosas en Dios, estamos perdidos junto con Eva y todos los herejes. Por eso, cállese la razón, y abra los oídos, y escuche lo que Dios nos dice.
También los eruditos deben sujetarse a las Escrituras.
Los eruditos por su parte, los que tienen que disputar con los herejes, tienen que leer el Evangelio según San Juan y las cartas de Pablo. Allí oirán que hay un solo Dios, y no obstante, un ser divino tal que como Padre, tiene consigo al Hijo y al Espíritu Santo. El Hijo, así como también el Espíritu Santo, es una persona con él, vale decir, en él. No están separados uno del otro como están separados Dios y las criaturas, sino que Padre, Hijo y Espíritu son Dios en sí mismo. Este Dios es el que se dirige a nosotros mediante la palabra[6]; de lo contrario, nadie podría haber tenido noticia acerca de lo que hay en el interior del ser divino. Ahora empero oímos que su esencia es tal que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo es el solo y único Dios, y que no hay otro Dios sino este Uno. Y este Uno tiene tres personas, y no obstante, indivisas en una misma esencia divina[7], sólo que son tres personas distintas, las que, sin embargo, llevan uno y el mismo nombre y hacen una y la misma obra. En Juan 5 (v. 21) leemos: “Como el Padre levanta a los muertos, y les da vida, así también el Hijo a los que quiere da vida”. Estas palabras son una prueba irrefutable de que el Hijo es Dios; pues realiza la obra divina de dar vida a los muertos. Los judíos entendieron correctamente que con esto, Cristo se hacía igual a Dios, razón por la cual procuraban apedrearle (Juan 5:18). Sin duda, el tener vida en sí mismo (Juan 5:26) es una obra que por su naturaleza puede atribuirse exclusivamente a Dios. De la misma manera, también el Espíritu Santo da vida; así lo afirma Pablo (en Romanos 8:11): “El Espíritu que mora en vosotros vivificará vuestros cuerpos mortales”. Satanás puede matar; pero vivificar y crear -esto no lo puede hacer ningún ángel, ni otro ser creado alguno. Muchos otros pasajes semejantes a éstos hallarán los eruditos en las Sagradas Escrituras, pasajes que evidencian que los nombres y las obras de las tres personas de la Santísima Trinidad no admiten división ni separación.
El laico aténgase a lo que dice el Credo.
Pues bien: en lugar de querer penetrar con nuestra mirada en el interior de la Majestad divina, debemos prestar oídos a lo que Dios mismo nos dice. ¡No atendáis a lo que sostienen los que se jactan de iluminaciones directas del Espíritu, al margen de las Escrituras[8]. Esto lo recomiendo encarecidamente a los eruditos a quienes les incumbe defender nuestra fe. También los laicos hacen bien en participar de esta defensa; sin embargo, al común de los cristianos sencillos les basta con decir: Creo en Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Con la misma fe con que crees en el Padre, cree también en el Hijo; y con la misma fe con que crees en el Hijo, cree en el Espíritu Santo. Esto será tu armadura, la más sencilla y a la vez la más fuerte. Contra ella, nadie puede argumentar nada; porque las palabras del Credo expresan con inequívoca claridad que tú crees en el Hijo igualmente como en el Padre. Ningún otro empero puede ser el objeto de nuestra fe sino el Dios único. Toda la Escritura es un elocuente testimonio de que no se debe creer en hombres; ante todo, no debes confiar en ninguno como que pudiera ayudarte a alcanzar la vida eterna. A los hombres hay que amarlos, sobrellevar con paciencia sus debilidades, aunque fueren muchas. Pero la vida eterna y el perdón de los pecados los obtendrás sólo por el hecho de creer en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Esta fe te da todo lo que se nos promete en el Credo. Pues si el Hijo no fuera Dios ni lo fuera el Espíritu Santo, no tendrías perdón de los pecados ni vida eterna. Mas como el dar perdón y vida eterna es una obra que se atribuye a cada una de las personas de la Trinidad, consecuentemente cada una de ellas es Dios. Y como con la misma fe adoras al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, consecuentemente hay “una fe, una vida eterna, un bautismo” (Efesios 4:4-6). Y por eso mismo hay un solo y único Dios; porque este honor de ser el que perdona los pecados y resucita a los muertos, no lo puedes tributar sino al verdadero Dios, puesto que ni un ángel ni tampoco Satanás pueden darte tales cosas. Ni tampoco está escrito que puedas esperar de los hombres lo que el Credo atribuye a Dios.
II. La fe en el Dios Trino está profundamente arraigada en la iglesia. Su perduración en la iglesia es testimonio de su invariable vigencia.
Esto ha sido la confesión unánime de toda la Iglesia por más de 1.500 años; y aunque el papa obscureció el significado del Credo, no obstante Dios hizo que quedaran intactas las palabras del mismo, por amor de los que permanecieron fieles en la fe. Siendo pues que esta confesión perduró en la iglesia por tanto tiempo, y sin que nadie haya podido desacreditarla, ella constituye para ti el fundamento en que puedes basarte sin temor alguno. Arrio se levantó contra ella; todos los reyes, emperadores y príncipes la hicieron objeto de sus ataques. Todos ellos yacen postrados en tierra; pero este artículo de la fe, tan ajado y desprestigiado, permanece aún en pie, y permanecerá para siempre. Sea pues tu fundamento el que puedas decir: “La fe que yo confieso reza así: Creo en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, a causa de la vida eterna y del perdón de los pecados. Todo esto lo espero del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo, pues así es como Dios habla de sí mismo.” De esta manera permaneces en Dios y puedes tratar con él, y además puedes decirte: “Lo que yo confieso ahora, lo viene confesando la cristiandad entera ya durante siglos y siglos, a despecho de la oposición de tanta gente -casi cinco docenas de herejes- y de todos los poderosos y sabios de esta tierra. Por lo tanto, lo que la iglesia cristiana ha conservado con tanto celo, también yo quiero creerlo”[9]
También la fórmula bautismal da testimonio del Dios Trino.
La segunda confirmación para tu fe en el Dios Trino puedes derivarla del bautismo. En este sacramento recibimos de parte de Dios, que se llama Padre, Hijo, Espíritu, el perdón de los pecados. Así lo observáis en el acto del bautismo; todos los niños son bautizados de la siguiente manera: “Yo te bautizo en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo”, y esta práctica, común en toda la cristiandad, se ha conservado en forma invariable; aun hoy, todos son bautizados en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Por lo tanto, di: “Mi bautismo se basa en que me fue aplicado no sólo en el nombre del Padre, ni sólo en el nombre del Padre y del Hijo, sino en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, porque así reza la fórmula bautismal. Y este Padre, Hijo y Espíritu Santo es un solo Dios, un solo Creador, un solo Señor y Rey, y sin embargo, hay tres personas distintas en ese único Ser y Nombre. Si el Hijo y el Espíritu Santo no fuesen Dios, se estaría blasfemando de Dios y se le estaría deshonrando, porque se estaría atribuyendo el nombre .y la obra de Dios a uno que no es Dios. Pues así leemos en el libro de Isaías (42:8): ‘Dios no quiere dejar a otro su gloria y su nombre’; y no obstante, ambos los deja al Hijo y al Espíritu Santo. De esto concluyo: o tiene que haberse equivocado la cristiandad entera, o aquellas tres personas son el Dios único y verdadero, puesto que así como el Padre da vida en el bautismo, la da también el Hijo y el Espíritu Santo.”
Con esto tienes, por lo tanto, dos fuertes armas contra Satanás. Dile sin más ni más: “Primero: no entro en discusión contigo; porque al hacerlo, me inducirías a querer defender el evangelio y la palabra con raciocinios humanos. Antes bien, he sido bautizado en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, y me quedaré con lo que ha perdurado ya tanto tiempo. En segundo lugar: Mi fe que confieso tiene una base firme: Creo en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Mediante esta fe obtengo el perdón de los pecados y la resurrección de entre los muertos; porque esto, perdón y resurrección, no lo puede efectuar nadie sino el solo Dios. Y si bien lo efectúa en mí por los medios del bautismo y de la predicación, no obstante es él, Dios, el que lo efectúa.” Vencer a Satanás y dar la vida eterna son por lo tanto obras divinas. Quien da tales cosas, es Dios. Y ¿quién nos las da? ¡Tú, Padre, Hijo y Espíritu Santo!
No disputes, pues, sino aférrate a la palabra. Y no olvides que tienes dos buenos testigos: primero, el Credo, y segundo, el bautismo. Con esto defiéndete, persevera en ello, y así podrás resistir a Satanás. Y así terminemos la meditación sobre este tema.
Sermón para el Domingo de la Santísima Trinidad. Fecha: 4 de junio de 1531.
Martín Lutero
[1] Arrio, presbítero de Alejandría (m. en 336) sostuvo que Cristo es un ser que fue creado de la nada y elevado por Dios al rango de Hijo a causa de sus sobresalientes cualidades morales. Arrio y los arrianos negaban por lo tanto la divinidad de Cristo. Su doctrina, tras haber causado estragos en la iglesia durante largos años, fue condenada como herética en el Concilio Ecuménico de Nicea, año 325, convocado por Constantino el Grande,
[2] Uno de ellos era Pafnucio, a quien Lutero menciona repetidas veces como modelo del hombre que defiende la verdad aun contra los personajes más poderosos y sabios de esta tierra.
[3] En el uso idiomático de Lutero, turco es sinónimo de mahometano.
[4] Respecto de la doctrina acerca de los sacramentos del bautismo y la santa cena, Latero estaba en oposición no sólo a la teología católica, sino también a lo que enseñaban Zuinglio, los iluminados y los anabaptistas. (Véanse también los datos bibliográficos de la Nota 3 del Sermón 5, página 67).
[5] Hilario, De Trinitate, y 21 (Migne II 117): “A deo discendum est, quid de Deo lntelligendum sit” = lo que se ha de entender en cuanto a Dios, debe aprenderse de Dios mismo.
[6] Juan 1:14
[7] Comp, el Credo Atanasiano: “Y la verdadera fe cristiana es ésta, que veneremos a un solo Dios en la Trinidad, y la Trinidad en la unidad; no confundiendo las personas, ni dividiendo la substancia.”
[8] El término empleado en el original es Schwermeri, latinización del alemár Schwarmer = “fanáticos”, como se traduce a menudo, o mejor: “iluminados”
[9] Esta última oración se encuentra sólo en el Códice Nuremberguense.
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